Algo que caracteriza a los inversores de cualquier esquema Ponzi es su fuerte evangelización hacia el sistema en el que están metidos hasta comportarse casi como secta en el que defienden fuertemente lo suyo y atacan al que lo ponen en duda. Lo hacen principalmente porque los sistema piramidales exigen de la entrada de nuevos partícipes para mantenerse en pie.

En el caso de las criptomonedas no me atrevo a decir que se trata de un esquema de este tipo pero el comportamiento de sus inversores sí me que me recuerda mucho al marketing utilizado por los involucrados en sistemas piramidales, vendiéndonos el típico «to the moon» según el cual la criptomoneda en cuestión iba a multiplicar su valor en poco tiempo.

Personalmente el Bitcoin me parece que tiene demasiados puntos para parecerse es un esquema Ponzi:

A esto hay que añadirle que a ningún gobierno le gusta una criptomoneda que no dominen ellos y harán todo lo posible por no perder el monopolio de la impresión de moneda.

Las criptomonedas se basan en una tecnología revolucionaria y el Bitcoin está realmente bien pensado. Y existe la posibilidad de que Bitcoin se convierta en la moneda global de Internet.

El principal problema aquí es que la mayoría de los inversores poco sofisticados ven actualmente a Bitcoin como una inversión. No lo es: es una moneda, un vehículo de comercio, un medio para un fin. La moneda es el aceite que mantiene el motor en funcionamiento, pero no es el motor en sí. La realidad es que la mayoría de los actuales poseedores de Bitcoin se ven a sí mismos como inversores, no como usuarios, y han caído en el sesgo de la inversión, la falacia del coste hundido, la ilusión del dinero, la escalada del compromiso y una serie de otros sesgos cognitivos. No compran algo por lo que vale si no por lo que creen que se va a revalorizar.

Como moneda el bitcoin es algo francamente revolucionario y como esquema Ponzi, también.

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