Una de las peculiaridades del trabajo en la planta nuclear de Springfield es que si un trabajador pesa más de 300 libras (136 kg) queda incapacitado y puede trabajar desde su casa, algo que aprovechó Homer para engordar un poco y  así poderse quedar en el sofá.

Su trabajo era muy sencillo ya que solo consistía en presionar una tecla cada cierto tiempo. Sin embargo, un día decide dejar un «reemplazo», que se trataba de un pájaro bebedor (que le regaló su medio hermano Herb Powell) que con su pico presionaba la tecla. Un día decidió dejarle «trabajando» y se fue al cine.

Cuando llegó a la casa, descubrió que su «reemplazo» se había caído, por lo que el sistema se había dañado y habría una inminente explosión en la Planta Nuclear que destruiría toda la ciudad.

Esto ocurrió en el episodio 135 de Los Simpsons emitido el 5 de noviembre de 1995 y mostraba las debilidades del trabajo en casa.

Afortunadamente han pasado más de 25 años y la tecnología ha mejorado con lo que el incidente de la central nuclear se habría evitado ya que se habrían dado cuenta de que Homer no estaba frente a su ordenador.

Lo que pasa es que la tecnología ha mejorado demasiado y se está volviendo incluso peligrosa.

Los programas informáticos de seguimiento de los trabajadores online, que experimentaron un boom al comienzo de la pandemia, pueden seguir cada segundo de la jornada laboral de una persona frente al ordenador. Las empresas de reparto pueden utilizar sensores de movimiento para seguir todos los movimientos de sus conductores, medir los segundos extra y penalizar a los conductores que se queden cortos.

En los últimos años, Amazon se ha convertido en el ejemplo corporativo de la automatización en nombre de la eficiencia, a menudo a expensas de los trabajadores. Ha habido innumerables informes sobre condiciones y expectativas insostenibles en los centros de distribución de Amazon. Sus conductores tienen que dar su consentimiento para ser vigilados por la inteligencia artificial, y los trabajadores del almacén que no se mueven lo suficientemente rápido pueden ser despedidos.

Las exigencias son tan elevadas que incluso en EEUU algunas personas han tenido que orinar en botellas para no tomarse un descanso. Los robots no sólo vigilan, sino que también hacen parte del trabajo. A veces, es para mejor, pero en otros casos, en realidad pueden estar haciendo que el trabajo sea más peligroso, ya que una mayor automatización conduce a una mayor presión sobre los trabajadores. Un informe reveló que las lesiones de los trabajadores eran más frecuentes en los almacenes de Amazon con robots que en los almacenes sin ellos.

El año pasado en The Verge, publicaron un artículo titulado «¿Cómo de duro nos harán trabajar los robots?» en el que se describía las diversas formas en que la inteligencia artificial, el software y las máquinas están gestionando a los trabajadores en lugares como centros de llamadas, almacenes y talleres de desarrollo de software. Mostraban el ejemplo de un ingeniero remoto en Bangladesh que era vigilado por un programa que le tomaba tres fotos cada 10 minutos para asegurarse de que estaba en su ordenador, y a un trabajador de un centro de llamadas que aprendió a decir mucho «lo siento» a los clientes para cumplir con un monitor de empatía basado en la inteligencia artificial. Un entramado de tecnologías ha permitido gestionar cada minuto de la jornada laboral.

Una encuesta de Gartner de 2018 encontró que la mitad de las grandes empresas ya estaban utilizando algún tipo de técnicas no tradicionales para vigilar a sus trabajadores, incluyendo el análisis de sus comunicaciones, la recopilación de datos biométricos y el examen de cómo los trabajadores están utilizando su espacio de trabajo. Prevén que para 2020, el 80% de las grandes empresas utilizarán estos métodos. En medio de la pandemia, la tendencia se aceleró a medida que las empresas buscaban más formas de vigilar a las nuevas oleadas de trabajadores que trabajan desde casa.

En estas circunstancias, los robots no están quitando puestos de trabajo, sino que los están empeorando. Las empresas están automatizando la autonomía y poniendo en marcha estrategias de maximización de beneficios, convirtiendo el trabajo en un espacio con menos zanahorias y más palos.

No es fácil enfrentarse a los avances tecnológicos y a la forma en que cambian la vida de las personas, incluso en el trabajo. Aunque la revolución de los robots no se está llevando los trabajos de todo el mundo, la automatización sí se está llevando algunos de ellos, especialmente en áreas como la fabricación. Y está haciendo que el trabajo sea diferente: Puede que una máquina no elimine un puesto por completo, pero puede convertir un trabajo de cualificación media en uno de baja cualificación, lo que conlleva un salario más bajo.