Mucho revuelo ha causado el informe que presentó ayer el Banco de España en el que concluía que la subida del SMI redujo el empleo en hasta en 174.000 puestos de trabajo, tanto que el diputado de Podemos Rafa Mayoral dijo que «habría que correr a gorrazos al impresentable del gobernador del Banco de España«.

Por tanto ¿Deberíamos correr a gorrazos a Pablo Hernández de Cos? Para responder a esta pregunta lo mejor es leerse el informe, algo que ha hecho muy poca gente y lo tenéis aquí.

El análisis es bastante detallado y la metodología muy elaborada. El comienzo del estudio deja  claro que los autores muestran cierta simpatía hacia el incremento del SMI.

Una de las medidas que más atención ha recibido en este debate ha sido el incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Esta medida presenta dos elementos favorables respecto a otras alternativas: no tiene un impacto fiscal inmediato y es relativamente fácil de decretar por parte de un gobierno. Quizás por estos motivos, en los últimos años, han abogado por incrementos del SMI varios organismos internacionales, como la Organización Internacional del Trabajo, la OCDE, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (véase OIT, 2012). La propia Comisión Europea ha publicado una propuesta de directiva en favor de adecuar la cuantía de los salarios mínimos en los Estados miembros al coste de vida en cada uno de ellos y facilitar un acceso más generalizado de los trabajadores a los mismos. Los gobiernos han sido en general favorables a estas demandas incorporando el salario mínimo a su legislación (como en el caso de Alemania) o incrementando su cuantía en algunos países en los que ya existía (como en el caso de Hungría o en el del Reino Unido para trabajadores mayores de 25 años). Desde 2019, el Gobierno español ha iniciado una senda de aumento gradual del SMI con el objetivo de situarlo en el 60% del salario medio a lo largo de la legislatura.

En general, la evidencia muestra de forma robusta que un incremento del SMI
supone un aumento del coste laboral para los empleadores. Sin embargo, la evidencia acerca del efecto sobre el empleo tiende a ser mixta y diferentes estudios que recopilan el resultado de numerosos trabajos muestran una dispersión grande en el impacto de la subida del SMI, con elasticidades del empleo estimadas positivas, nulas y negativas

El documento pasa a analizar el impacto de la última subida concluyendo lo siguiente.

El trabajo no entra por tanto en la evaluación global del SMI, ya que esta evaluación no se puede ceñir únicamente a la evolución del empleo de la población afectada. En particular, pueden existir argumentos de equidad y mejora en el nivel de vida de algunos trabajadores, que son relevantes a la hora de determinar el nivel del SMI y que no son objeto de análisis de este trabajo. Es evidente que las decisiones de subida del SMI deben reposar en un estudio detallado de muchas otras consideraciones, algunas de ellas complementarias al objeto de este artículo. Por ejemplo, se debería entender el impacto de esta medida en otros mecanismos de ajuste de las empresas que no han podido ser estudiados en el presente artículo por falta de datos, como el impacto en precios y márgenes empresariales, pagos extra-salariales u otros atributos del puesto de trabajo como la formación o la flexibilidad horaria.

Los resultados de otros trabajos que utilizan datos similares para EEUU o Alemania
sugieren que la caída del empleo en España se debe, sobre todo, al hecho de que el menor crecimiento de contratos con salarios por debajo del nuevo SMI no ha sido compensado totalmente por una subida similar de contratos en referencias algo superiores al nuevo SMI.

Sobre esto hay que tener en cuenta que, desde la crisis financiera iniciada en 2008, la creación de empleo en España, en especial de trabajos de poca cualificación, ha estado algo rezagada respecto a los niveles que se observaban pre-crisis y la participación en el mercado laboral de los jóvenes ha estado algo mermada por un alargamiento de su periodo de formación.

Quizás el problema está en que un estudio tan detallado como este debería haberse realizado antes de subir el SMI un 22% de golpe, una subida probablemente necesaria pero que indudablemente iba a tener un coste en el empleo, algo que ahora muchos no quieren oír.