Con las vacunas (y la medicina en general) se pone sobre la mesa un dilema ético y es que sin su patente se salvarían miles de vidas ya que los más desfavorecidos tendrían acceso a más vacunas y más baratos pero por otro lado se estaría quitando el principal incentivo que las empresas privadas tienen para investigarlas con lo que probablemente su desarrollo sería más lento.

Las patentes son un derecho fundamental que protege la innovación pero oponerse a ellas en una pandemia parece razonable aunque probablemente se trate de una solución que a largo plazo tenga consecuencias negativas.

Pero no me voy a meter en eso porque no tengo ni idea de medicinas ni de patentes ni me quiero meter en líos.

Hoy me gustaría hablaros de un invento que ha salvado millones de vidas y cuyo inventor, Nils Bohlin, no recibió ni un euro porque él prefirió tener la conciencia limpia al bolsillo lleno.

En la década de 1950, los pilotos y los pilotos de carreras llevaban arneses, pero cuando estos se instalaban en los coches de calle, adoptaban la forma de un rudimentario sistema de retención de dos puntos en la cintura que muchas veces causaban más daños que no llevarlo puesto.

En 1959 un ingeniero de Volvo, inventó el cinturón de seguridad de tres puntos. Se trata del cinturón que todavía utilizamos más de 50 años después y la razón por la que  está tan extendido es, en realidad, que Volvo abrió la patente para que cualquier fabricante de automóviles pudiera utilizarlo en su diseño. Decidieron que el invento era tan importante que tenía más valor como herramienta gratuita para salvar vidas que como algo de lo que sacar provecho.

Nils Bohlin, inventor del cinturón de seguridad de tres puntos, recibió una medalla de oro de la Real Academia Sueca de Ciencias de la Ingeniería en 1995 y, en 1999, fue incluido en el Salón de la Fama del Automóvil.

Bohlin, antiguo ingeniero de aviación de Saab que trabajaba en asientos eyectables, sabía que un cinturón eficaz debía absorber la fuerza en todo el cuerpo y, al mismo tiempo, ser tan fácil de usar que hasta un niño pudiera abrocharlo. Su ingeniosa solución adoptó la forma de un cinturón de cadera combinado con un cinturón diagonal sobre el pecho. Ancló las correas en la parte baja del asiento, de modo que la geometría de los cinturones formaba una «V» con la punta dirigida al suelo. Ese diseño permitía que el cinturón permaneciera en su sitio y no se desplazara bajo carga.

Según las cifras que se publicaron en el marco de las celebraciones del 50º aniversario de la invención del cinturón de seguridad de tres puntos, éste ha salvado más de un millón de vidas en todo el mundo y ha evitado lesiones aún más graves. Al reducir la posibilidad de sufrir lesiones o morir en al menos un 50% en caso de colisión, sigue siendo la contribución a la seguridad más exitosa de la historia del automovilismo.

Todos los coches que se fabrican hoy en día utilizan cinturones de seguridad de tres puntos… y todo empezó con un Volvo PV544 entregado en un concesionario de la ciudad de Kristianstad (Suecia).