David Bowie nos dejó hace más de cuatro años y como no podía ser de otra manera le dedicamos un artículo por aquí. Bowie era un crack en tanto en lo musical como en lo financiero, esto es lo que destacábamos entonces.

Si hoy hablamos de él aquí es por su faceta como maestro de las finanzas ya que fué el pionero de los “Celebrity Bonds“. Un tipo de bonos mediante el cual se transfieren los derechos de cobro sobre la propiedad intelectual. David Bowie se convirtió en 1997 en el primer músico cuya imagen respaldaba una emisión de deuda por los ingresos futuros de sus discos y de los derechos de autor. En el caso de Bowie, el banquero David Pullman, (que fue quien realmente ideó la titulación de los derechos de propiedad intelectual, en el que Bowie fue su primer caso) consiguió 55 millones de dólares a cuenta de los rendimientos de 25 discos suyos. Él fue capaz de hacer esto porque, a diferencia de la mayoría de los artistas, poseía los derechos de sus canciones.

Se comercializaron con un interés del 7,9% y una vida de 10 años aunque su valor  comenzó a disminuir a medida que la industria musical entró en crisis y la venta de CDs cayó en picado, además su disco “Hours” fue un fracaso comercial. Esto dio lugar a una rebaja a bono basura en 2004 y el final de la historia es fácil de imaginársela.

Hay veces en que un cantante que posee los derechos de autor de una canción prefiere cederlos un tiempo para tener algo de dinero en ese momento porque ya sabemos que los cantantes suelen ser muy gastadores.

Por otro lado, tenemos a los ahorradores que tienen dinero y les gusta tener algún activo que les ofrezca un rendimiento todos los años.

Y si juntas a los artistas y los ahorradores, te sale un mercado de lo más curioso, The Royalty Exchange, que se ha convertido el mercado número uno para la compra y venta de royalties. La compañía fue fundada en 2011, y tienen subastas e incluso ofertas públicas iniciales en catálogos de música como el Eminem de antes de 2013. Actualmente han movido más de 75 millones de dólares.

El propietario de los derechos de autor pone su trabajo en subasta, con una oferta mínima que aceptará. A veces estas subastadas son creadas por un colaborador de la canción, o por alguien que ha heredado los derechos y prefiere obtener liquidez olvidándose de lo demás.

Por ejemplo, recientemente se ha vendido en esa plataforma los derechos durante 10 años de la canción «Don´t stop the music» de Rhianna por 203.000$ lo que supondría un rendimiento de un 18,77%

Como cualquier inversión no está exenta de riesgos y rendimientos pasados no garantiza rendimientos futuros, las ganancias por royalties pueden subir porque una canción se ha usado para una banda sonora o un anuncio o porque uno de los artistas murió. Se trata de una inversión que no está correlacionada con el mercado de valores, lo que es un gran atractivo para los inversores.