David Folkerts-Landau nos da una noticia buena y una mala…

El viernes pasado se cumplieron 5 años de la primera cotización en negativo del Euribor cuando bajó hasta el -0.002%, un valor impensable poco tiempo atrás que parece se va a convertir en lo normal durante casi una década. Piénsalo bien, tipos de intereses en negativo, que te paguen por prestarte y que pagues poder dejar el dinero. A mi todavía me cuesta acostumbrarme a ello.

Y todo seguirá igual hasta que deje de serlo, basta algún pequeño terremoto económico para que la balanza se incline hacia un lado o hacia otro y de momento los tenemos de todo tipo.

Si la economía no ha reventado por completo es gracias a los estímulos de los bancos centrales que se han podido permitir inyectar más liquidez en los mercados gracias a que la inflación estaba controlada, a fin de cuentas la misión principal de los Bancos Centrales es esa, mantener los precios.

Echemos un vistazo a la web del BCE para corroborarlo.

El Eurosistema, formado por el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales de los Estados miembros que han adoptado el euro, es la autoridad monetaria de la zona del euro. En el Eurosistema, nuestro objetivo primordial es mantener la estabilidad de precios en aras del bien común. Asimismo, en cuanto que autoridad financiera de primer orden, dirigimos nuestros esfuerzos a salvaguardar la estabilidad financiera y a promover la integración financiera en Europa.

Lo pone bien claro, su objetivo primordial es mantener la estabilidad de los precios. La número uno son los precios, no otra.

David Folkerts-Landau, economista jefe de Deutsche Bank cree que bancos centrales  están generando una especie de espejismo de prosperidad que a medida que se recupere la actividad económica podría provocar un recalentamiento de la economía que llevaría a una inflación mucho más alta que pondrá fin a la fiesta de los mercados.

Según su teoría, cuando las vacunas empiecen a tener su efecto, bajen los contagios y llegue el buen tiempo «Los consumidores estarán ansiosos por regresar a los restaurantes y bares, ir de compras y viajar». Hay mucho consumo esperando a poder ser consumido.

«Los bancos centrales están haciendo su parte al extender aún más sus mandatos y monetizar una deuda pública cada vez más alta para proporcionar liquidez. Esta combinación de políticas funciona como una droga. A medida que se supere la pandemia mundial, probablemente veremos una euforia del mercado similar a la de los locos años veinte (o felices años 20)»

La inflación empieza a convertirse en una de las mayores preocupaciones de los inversores y uno de los mejores indicadores para preverla lo tenemos en el precio del petróleo que ya está por encima de los niveles prepandemia.

Actualmente el dinero inyectado por los bancos centrales no ha llegado a la calle, se ha quedado en los mercados y es cuestión de tiempo que termine en manos de los consumidores lo que provocaría el fin de los tipos bajos. Ahora nos queda esperar para que estos años 20 no terminen como aquellos, con un crack histórico.