No somos conscientes de las medidas tan extraordinarias que se están tomando a nivel mundial para prevenir/combatir la crisis económica provocada por el coronavirus, los Estados Unidos imprimieron más dinero en junio que en los dos primeros siglos después de su fundación. En junio de esta año el déficit presupuestario de los Estados Unidos – 864 mil millones de dólares – fue mayor que el total de la deuda incurrida desde 1776 hasta el final de 1979.

Como comentaba Dan Morehead el director general de Pantera Capital

Con ese primer trillón [de dólares impresos] derrotamos a los imperialistas británicos, compramos Alaska y la Compra de Luisiana, derrotamos al fascismo, terminamos con la Gran Depresión, construimos el Sistema de Autopistas Interestatales y fuimos a la Luna».

Pero la cosa no terminó en Junio y el Gobierno y la FED siguieron imprimiendo dinero a una velocidad sin precedentes en la historia reciente de Estados Unidos. Tanto que solo de enero a noviembre de este año la oferta monetaria de Estados Unidos ha crecido casi un 24%. El el volumen de dólares ha pasado de US$15,33 billones a fines de 2019 a US$19,1 billones a finales de noviembre.

1 de cada cuatro dólares que hay en el mundo se ha impreso este año.

¿Y esto en que se traduce?

La consecuencia más visible ha sido la salvación de Wall Street (y los millones de ahorradores que tienen allí su dinero). La FED comenzó comprando bonos del Tesoro a largo plazo (750.000 millones) de tal manera que bajó su rendimiento con la intención de animar a los inversores a buscar rentabilidades en bonos de mayor riesgo, como son los bonos corporativos. Eso, a su vez, reduce el coste de los préstamos para las empresas y mejora sus cuentas. Si eso no fuese poco la FED en Junio decidió directamente comprar esos bonos corporativos dentro de su compromiso de hacer todo lo que esté en sus manos para impulsar la recuperación.

¿Y puede hacer algo más la FED?

Aunque nos pueda parecer una burrada intervenir el mercado de esta manera todavía está lejos de lo que hacen otros bancos centrales como el de Japón que lleva varios años directamente comprando acciones de las empresas japonesas. El problema que tienen allí es que no pueden dejar de comprarlas ya que eso enviaría una señal a los mercados que tirarían por tierra todo el trabajo hecho. En Japón llevan ya demasiados años mantenidos artificialmente por el intervencionismo de su banco central algo de lo que corren peligro el resto de países.

Otro caso peculiar lo encontramos en el Banco Nacional Suizo que ha querido sacar tajada del rally bursátil comprando acciones de las «FAAMG» (Facebook, Amazon, Apple, Microsoft y Google) aunque en este caso por motivos exclusivamente especulativos.