Japón es el país más envejecido del mundo con cerca del 30% de su población mayor de 65 años. El número de japoneses con 90 años supera los  2,3 millones de los cuales más de 70.000 son centenarios.

Esto está muy bien porque significa que tienen una esperanza de vida muy alta, la mayor del mundo con 84 años pero conlleva que van a tener un problema muy gordo con las pensiones y para arreglarlo están incentivando a sus ciudadanos para que sigan trabajando sin cobrar la pensión hasta los 75 años.

Su pirámide poblacional da francamente pánico (y más pánico da sus similitudes con las española).

Por mucho que le den al coco, el sistema de pensiones japonés funciona como el español, por un lado tienen un fondo de pensiones que se está agotando y por otro lado son los actuales trabajadores los que pagan a los pensionistas, algo que funciona muy bien cuando la evolución demográfica es positiva pero es inviable cuando es negativo.

Y la única solución para arreglar ahora el problema de las pensiones no pasa por subir el impuesto a los ricos si no por fomentar una evolución demográfica positiva (a largo plazo podría solucionarse con un sistema de capitalización) y eso se hace mediante la inmigración y mediante los nacimientos.

Necesitamos que los jóvenes tengan más hijos.

Y aquí es donde el problema de España es muy distinto al de Japón, aquí los jóvenes no tienen hijos porque no pueden permitírselo, según un estudio de la Confederación Española de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios  el gasto de un hijo desde su nacimiento hasta los 18 años, va desde los 115.489€ y los 354.298€. A uno se le quitan las ganas de engendrar. En Japón no tienen hijos, porque no tienen pareja. Un ejemplo son los Hikikomori, jóvenes que no salen de casa y se estiman que superan el millón de personas. Un millón de personas que por razones obvias no tendrán hijos.

La inteligencia artificial viene al rescate

Como los japoneses son muy avanzados tecnológicamente las autoridades han decidido que el amor tiene que venir de la mano de la inteligencia artificial y para ello están invirtiendo en proyectos de emparejamiento. Buscan habilitar sistemas avanzados que tengan en cuenta factores como las aficiones y los valores personales para encontrar la pareja perfecta, que la cosa llegue a buen puerto, vivan felices, coman perdices y tengan muchos hijos que paguen las pensiones.

Pero al final todo es una cuestión económica

La explosión de los Hikikomori se produjo con la explosión de la «burbuja económica» de los años 80 y el inicio de la recesión de los 90 cuando una generación de japoneses no podía aspirar a puestos de trabajo como los de sus padres convirtiéndose así en una vergüenza para su familia llevándoles a una culpabilización que les hundió psicológicamente con el temor de conocer a gente nueva y salir de casa. Me temo que en España corremos cierto riesgo de que ocurra algo similar, la autoproclamada «generación mejor preparada de la historia» no puede aspirar a las condiciones económicas de sus padres y la edad media de la emancipación es España (32 años) es la más alta de Europa.

Y terminamos con una paradoja…

Existe una paradoja económica que dice que cuanto más acomodada y educada es una población o clase social, menos hijos tiene pero una vez que un país alcanza un cierto nivel de desarrollo humano y prosperidad económica la tasa de fecundidad se estabiliza y entonces se recuperan las tasas de sustitución.