Hasta 270 proyectos de investigación hay en el mundo ahora mismo para encontrar una vacuna eficaz contra la Covid-19. Es la gran carrera para hacerse con el jugoso pastel que todos los países del mundo están dispuestos a pagar para acabar con una pandemia que está asfixiando sus economías. Sólo en Europa ya se han presupuestado 2.150 millones de euros para la adquisición de 900 millones de dosis (el doble de toda la población, que es de 446 millones de personas), cerrando el acuerdo ya con Pfizer-BioNTech (para adquirir 300 millones de dosis), con Moderna (160 millones), con AstraZeneca-Universidad de Oxford (400) y con Janssen Pharma-Johnson&Johnson (otros 400), así como con la alianza franco-británica Sanofi-GSK (300 millones de dosis) y con la alemana Curevac (405 millones). Según la proporcionalidad que rige este proceso, a España le tocaría un 10% de estas dosis.

Entre los proyectos más avanzados figuran los que desarrollan la estadounidense Pfizer con la alemana BioNTech, la vacuna rusa “Gam-COVID-Vac” (o “Sputnik V”), la de la británica AstraZeneca con la Universidad de Oxford y la china Sinovac con el Instituto Butantan de Brasil. Sin olvidar a las vacunas chinas de Sinopharm con el Instituto de Wuhan y con el de Pekín, la también china de CanSino Biologics y las estadounidenses de Moderna, de Novavax y de Janssen Pharma-Johnson&Johnson.

A todo esto, no hay que olvidar que desde que empezó la carrera de las farmacéuticas por encontrar una vacuna contra la Covid-19, la mayor parte de las farmacéuticas ha recibido financiación pública para respaldar sus proyectos, que fundamentalmente ha llegado por una doble vía: donaciones directas para investigación y dinero por adelantado a riesgo, garantizando la reserva de un número de dosis si finalmente la vacuna experimental concluye con éxito.

Así, aunque apenas hay ninguna información oficial al respecto, el precio estimado por dosis que va a pagar Bruselas se situaría aproximadamente entre los tres y los 31 euros, según el laboratorio. Como una gran parte de las vacunas se administra a doble dosis, este precio se duplicaría por cada ciudadano inmunizado. La vacuna de Moderna sería la más cara: entre 27 y 31 euros (54 o 62 euros por persona); mientras que la de Oxford/AstraZeneca sería la más barata: aproximadamente tres euros (seis euros, a doble dosis). Otras vacunas, como de la de Pfizer/BioNTech rondarían los 15,5 euros (31 euros por vacunado); la de la farmacéutica alemana Curevac se situaría en unos diez euros (veinte por persona inmunizada) o la de Johnson & Jonhson costaría aproximadamente 8,5 euros, con la ventaja de administrarse en una única dosis.

Sin embargo, hay un detalle en el que poca gente parece fijarse: todos los laboratorios implicados en la carrera por la vacuna está claro que compiten por hacerse con la mayor parte del pastel en estas vacunaciones masivas que, a nivel global, van a producirse, pero la parte más importante del negocio, posiblemente no esté ahí. Esta enfermedad, según todos los estudios hasta ahora, ha venido para quedarse, por lo que se convertirá en una endémica compañera de viaje del ser humano. Es por eso que el negocio importante estará en los años sucesivos, en los que se calcula que moverá alrededor de 10.000 millones de dólares anuales, y sin que las farmacéuticas estén ya en el ojo del huracán mediático ni tengan una supervisión tan estricta de los gobiernos.

Es por tanto una guerra a largo plazo de la que no conocemos casi ningún detalle y en la que, sin duda, se ven involucrados muchos aspectos económicos y políticos de los que poco conocemos.

Así, por ejemplo, poco se sabe por estos lares de las vacunas chinas, salvo que también andan muy avanzadas y que se están centrando más en países emergentes, como Brasil o México. El porqué de esto bien podría ser que los chinos, que nos engañan como a europeos, sabiendo que a largo plazo el mundo es suyo, prefieren apartarse del foco mediático y dejar a occidente con sus cosas, tan preocupado siempre de sí mismo.

Al fin y al cabo, todo indica que China va a cerrar el año con un crecimiento económico positivo y sin haber entrado en recesión técnica. Es decir, a pesar de que el coronavirus golpeó primero a China hundiendo su PIB en el primer trimestre, las férreas políticas de Pekín para controlar al virus y la expansión de la Covid hacia el resto del mundo han propiciado que éste sea el único país con opciones de lograr un crecimiento del PIB tan fuerte como la caída sufrida en el primer trimestre y cerrar la brecha de producción. Por el contrario, regiones como EEUU o la zona euro sufrirán contracciones del PIB de entre el 5 y el 10% este año, demorando el cierre de esta brecha hasta, al menos, 2022.

Si bien es cierto que el virus surgió en China, también es verdad que eso mismo colocó al país dos o tres meses por delante de las recuperaciones en otros lugares. Si a esto le unimos las políticas de contención que el gobierno chino impuso desde el primer día, tenemos que el país ha producido y exportado todo lo que las economías afectadas no podían generar porque se encontraban en el confinamiento. China ha abastecido al mundo en lo peor de la pandemia y eso ha beneficiado a su economía de forma evidente, al menos, en el corto plazo.

Es por esto que, a pesar de que podamos pensar que la carrera por la vacuna va a tener como ganadores a las empresas occidentales, a largo plazo, que es como los chinos suelen planificar, el reparto del pastel de seguro que va a tener acento cantonés.