Uno de los pocos efectos secundarios buenos de la pandemia (porque eso que «de esta saldremos más fuertes» no me lo creo) será el de una mayor implantación del teletrabajo, probablemente hayamos avanzado en este sentido lo que sin pandemia habríamos hecho en una década y esto es bueno tanto para el planeta como para nosotros a nivel personal.

Pero el teletrabajo también daña muchos negocios, empresas de transporte, oficinas, mantenimiento, hostelería… todo un ecosistema que vive gracias al trabajo presencial.

Para equilibar un poco la balanza, los economistas del Deutsche Bank sugieren un impuesto del 5% al salario de los trabajadores que trabajen desde casa, el impuesto sería pagado por las empresas y los ingresos fiscales se utilizarían para un propósito muy específico: dar subvenciones a los millones de trabajadores que no pueden hacer su trabajo desde casa y que ganan menos de 30.000 dólares al año.

Argumentan que esto es justo, ya que los que trabajan desde casa ahorran dinero y no aportan al sistema tanto como los que salen a trabajar.

Millones de personas han pasado a trabajar desde sus casas cuando las empresas cerraron las oficinas para contener la propagación del Covid-19. Muchas grandes empresas han dicho que permitirán que algunos empleados trabajen permanentemente desde sus casas, ya sea a tiempo completo o parcial, una vez que la pandemia haya terminado.

Sin embargo, hay millones más que no pueden trabajar desde casa, como enfermeras y trabajadores de fábrica por ejemplo, y el impuesto debería ayudar a apoyar estos papeles, argumenta el Deutsche Bank.

«El virus ha beneficiado a quienes pueden hacer su trabajo de forma virtual, como los analistas bancarios, y ha amenazado los medios de vida o la salud de quienes no pueden», añaden.

También sostienen que los trabajadores de zonas remotas están contribuyendo menos a la infraestructura de la economía «mientras que siguen recibiendo sus beneficios».

Al trabajar desde casa, la gente no paga el transporte público ni come en restaurantes cercanos a sus lugares de trabajo, mientras que las oficinas costosas permanecen prácticamente vacías.

En definitiva, los que trabajan desde casa contribuyen menos a la infraestructura de la economía a la vez que reciben sus beneficios

La tasa impositiva del 5% «no los dejará en peores condiciones que si hubieran elegido ir a la oficina».

Investigaciones del Deutsche Bank muestran que un tercio de la gente quiere seguir trabajando dos días a la semana desde su casa una vez que la pandemia haya terminado.

¿Y cómo funcionaría el impuesto?

El impuesto sería pagado directamente por el empresario que decida dejar que los empleados trabajen en casa, pero no se aplicaría a «los trabajadores autónomos y los de bajos ingresos». Tampoco se aplicaría cuando se le pida a la gente que se quede en casa por una emergencia de salud pública u otras razones médicas.

El Deutsche Bank dice que su investigación está diseñada para provocar el debate en torno a una serie de temas importantes.

«A mucha gente no le impresiona la idea de otro impuesto, sin embargo, algunos lo han visto como una política interesante que los gobiernos pueden utilizar para redistribuir algunas de las ganancias de la pandemia que han sido acumuladas inesperadamente por algunas personas mientras que otras han salido perdiendo».