Parece que fue hace mucho cuando se celebró la cumbre del clima de Chile… en Madrid, por entonces teníamos a Greta hasta en la sopa y el principal problema de la civilización parecía que era el cambio climático. Pero algo pasó y las prioridades cambiaron.

No obstante, algunos sectores siguen trabajando en ello, algunos que en principio parece que no tienen nada que ver, como es el financiero.

En diciembre 2017, ocho bancos centrales establecieron La ‘Central Banks and Supervisors Network for Greening the Financial System’ (NGFS). El objetivo de esta red es contribuir al análisis y manejo de los riesgos relacionados al clima (y medio ambiente) en el sector financiero y así movilizar apoyo para la transición a una economía sostenible.

Entre los miembros de este grupo está  el Departamento de Servicios Financieros de Nueva York (NYDFS) que envió recientemente una carta a todas las instituciones financieras en la que tocaba un punto especialmente curioso, el de la relación del bitcoin con el cambio climático. Tendemos a pensar que la digitalización de las cosas contribuye al medio ambiente, por ejemplo las monedas virtuales ayudarían a que no se necesitasen imprimir billetes y eso son unos cuantos árboles pero con los datos actuales es justo al revés.

La carta anteriormente mencionada señala a la minería de Bitcoins como un factor de riesgo para el cambio climático

Por ejemplo, si bien el consumo exacto de energía para la extracción de bitcoins depende de la ubicación exacta de las actividades mineras, que son difíciles de identificar, se estima de que el consumo anual de energía de la red de bitcoins representa una huella de carbono equivalente a la de Nueva Zelandia, y es equivalente al consumo de electricidad de Venezuela.

Las empresas de moneda virtual deberían considerar la posibilidad de aumentar la transparencia de la ubicación y el equipo utilizado en la extracción de bitcoins para ayudar a aliviar estas preocupaciones. También se ha informado de que el costo de la energía para la minería de monedas virtuales es considerable en comparación con el valor de las monedas virtuales.

Las empresas de moneda virtual con una elevada huella de carbono podrían enfrentarse a una pérdida de oportunidades de inversión y comercio, lo que podría tener un impacto negativo en sus resultados financieros. Hay datos que sugieren que algunos cripto-mineros están avanzando hacia la utilización de métodos alternativos y sostenibles para la producción de energía con el fin de mitigar este riesgo.

Hace dos años, Nature Climate Change advirtió que la minería de Bitcoin por sí sola podría empujar el calentamiento global por encima del catastrófico umbral de 2ºC en sólo 14 años si los índices de adopción coinciden con los de otras tecnologías ampliamente utilizadas.

Por necesidad, las redes criptográficas más seguras, como las del bitcoin , son también las que más energía consumen, ya que dependen de un gran consumo de recursos para defender sus redes de los atacantes malintencionados. Dependen de la minería para asegurar sus cadenas de bloques y requieren que el poder de computación continúe incluso después de que cada moneda haya sido extraída. Las redes de menor consumo de recursos no emplean procesos tan rigurosos y, por consiguiente, es casi seguro que sean menos seguras. Resumiendo, si queremos una criptomoneda segura (porque si es insegura no la queremos) su tecnología tiene que consumir mucha electricidad.

Y ahora la pregunta del millón: ¿cuánta energía chupa la minería bitcoin cada año?

Los datos disponibles varían bastante dependiendo de a quién se le pregunte, aunque parece que existe un consenso que lo sitúa entrono a los 100 TWh, esto es un 0,6% del consumo global de electricidad en 2019, energía que se desconoce su origen y bien podría ser renovable (lo más probable) como procedente del combustibles fósiles.