El pasado martes falleció la leyenda del rock (esto se dice mucho pero pocos realmente lo son) Eddie Van Halen. Su grupo lanzó el primer álbum «Van Halen» en 1978, que se convirtió en uno de los debuts más exitosos de la historia del rock, vendiendo más de 10 millones de copias, conocidos era sus mastodónticos conciertos, en su momento eran los de mayor despliegue de medios que movían decenas de personal técnico y varios camiones con material.

Como toda banda, Van Halen daba al promotor un contrato que describía las cosas específicas de las que el promotor sería responsable. Este tipo de contratos incluyen requerimientos de sonido e iluminación, instrucciones para el montaje de la zona de bastidores, necesidades de seguridad y peticiones de nutrición para la banda y el equipo. Estos detalles pueden ser tan críticos como el peso exacto de los altavoces o tan triviales como la marca específica de papel higiénico de la banda, aquí a veces hay cosas rarísimas, ya sabemos que las superestrellas son muy maniáticas.

Enterrado entre docenas de puntos en el contrato de Van Halen había una extraña petición y es que tenía que haber M&Ms pero ninguno marrón en bastidores, si la banda se encontraba solamente uno podía cancelar todo el concierto a costa del promotor. Eso significaba que por un diminuto M&M el promotor podía perder millones.

Durante décadas esto fue casi un caso humillante, una banda de rock obligando a alguien a buscar entre los caramelos, quitando hasta el último caramelo marrón, sin razón aparente. Sin embargo,  el cantante David Lee Roth finalmente contó la verdadera razón de la extraña cláusula que  sirve como una valiosa lección para los negocios.

Para asegurarse de que el promotor había leído cada una de las palabras del contrato, la banda creó la cláusula de «no a los M&M’s marrones». Era «un canario en la mina» que le podía alertar de que el promotor podría no haber prestado atención a otras partes más importantes del contrato y que podría haber otros problemas más grandes que un mísero caramelo.

Cuando la banda una encontró una vez M&M’s marrones en un concierto, David Lee Roth enfurecido destrozó el camerino, inmediatamente hicieron un chequeo completo del cableado, inspeccionando cada aspecto del sonido, la iluminación y el montaje del escenario para asegurarse de que era perfecto. David Lee Roth también destrozaba el camerino de la banda para reforzar su reputación e indicar que los M&Ms eran algo muy serio.

Van Halen creó una cláusula aparentemente tonta para asegurarse de que cada pequeño detalle fuera cuidado. Era importante, tanto para la experiencia de los fans como para la integridad de la banda, asegurarse de que los pequeños problemas no creasen problemas mayores.

Cada uno tenemos nuestro «canario en la mina» o manías que nos indican si una empresa o una persona es de fiar, que son pequeño detalles que pueden indicar mucho, desde una dirección de email ¿Contratarías a alguien con un correo del tipo cachondo69@hotmail.com? hasta un tatuaje, pasando por un inocente Tuit o el tipo de letra de una presentación (yo jamás contrataría una empresa que me presentase sus servicios en Comic Sans Seriff). Otro ejemplo muy común son las faltas de ortografía, la más mínima puede desmontar el mejor de los argumentos.

Estos pequeños detalles pueden parecer triviales, pero como demuestra Van Halen, pueden esconder algo mucho más gordo.