Dicen que el que tropieza y no cae avanza dos pasos… pero se lleva un buen susto. Y de momento el Banco de Santander no ha caído, pero está tropezando demasiado y sus accionistas ya no aguantan más sustos, basta con ver su cotización bursátil para entender el drama de aquellos que tengan sus ahorros allí. En septiembre de 2014, fecha en la que Patricia Botín fue nombrada presidenta, el valor del Santander era de 7,65€ por acción. Ahora están por debajo de 1.6€. Veamos su gráfica bursátil en forma de pista de esquí de Garmisch-Partenkirchen

Reconozco que esta gráfica tiene trampa porque no incluye los dividendos, que han sido bastantes pero aún así, en lo que llevamos de año, la acción ha caído un 57%. Si hubieses invertido 10.000€ el 1 de Enero, ahora tendrías 4.300€ más un dividendo de unos 25€. Creo que no compensa.

Actualmente la única excusa que puede tener uno para no salir huyendo de una inversión como esta es la asumir el error y reconocer las pérdidas y esperar a recuperar algo vía dividendos, aunque para ello tengas que esperar muchos años.

Y aquí llega el problema ¿Cómo puede una empresa dar dividendo a sus accionistas si no tiene dinero para hacerlo?

Pues muy sencillo, se lo pides prestado a tus accionistas, un plan maestro.

Suena raro ¿verdad? pues es así. Santander emitirá acciones por un valor máximo de 1.800 millones de euros para pagar el dividendo.

Banco Santander hará una ampliación de capital de un máximo de 1.761 millones de euros para pagar el dividendo complementario de 2019 de 0,10 euros por acción y pagadero en nuevas acciones que anunció en julio. La entidad que preside Ana Botín propondrá el reparto del citado dividendo a la junta de accionistas que celebrará el próximo 27 de octubre.

El problema es que además de ser una tomadura de pelo, no tiene ningún sentido financiero para el accionista ya que ese dividendo tributará por el IRPF (mínimo un 19%). Es como darte dinero a ti mismo, para convencerte de que este año has tenido ingresos y que tengas que pagar a hacienda por ese préstamo.

No deja de ser una operación de marketing y una huida hacia delante dirigida al inversor conservador típico de este tipo de empresas, en este artículo desmontan la falacia del dividendo.

Lo primero que hay que tener claro es que el dividendo distribuido se descuenta del precio de cotización, por lo tanto, a priori ni ganamos ni perdemos cuando se reparte un dividendo. Si una empresa cotiza a 100 euros y reparte un dividendo de 5, instantáneamente pasaría a valer en Bolsa 95 euros. El 5% que ganamos por el reparto de dividendos lo perdemos por la depreciación que sufre la cotización del activo en el que hemos invertido.

Sin embargo, fiscalmente tenemos que tributar inmediatamente por los 5 euros cobrados (un 20% si ganamos anualmente menos de 6000 euros procedentes de la inversión y el ahorro) lo cual significa que tributamos por la cantidad de 1 euro, por lo que realmente recibimos 4 netos. El cobro de dividendos de un 5% nos genera una pérdida automática de un 1% de la inversión. Además, es una cantidad de dinero que Hacienda no nos devolverá en el futuro si nuestra inversión acaba siendo perdedora.

Así que en el Santander tenían esta opción (la elegida por los actuales directivos) o la de anular dividendo y presentar un plan estratégico a varios años para sanear el negocio y adaptarse a la era de tipos bajos que nos esperan, pero esto último igual es demasiado difícil aunque probablemente habría sido la opción elegida por Emilio Botín.