Cada vez hay más bancos que se dirigen a clientes hipotecados con otras entidades para mejorarles las condiciones a cambio de asumir sus préstamos, lo que se conoce técnicamente como subrogación. Y una de esas supuestas mejoras, en muchos casos, es la de pasar del tipo variable al fijo para que la cuota se mantenga siempre estable. Dados los bajos intereses fijos que ofrece ahora mismo la banca, el cambio parece beneficioso a priori, pero ¿es realmente así? Según el comparador financiero HelpMyCash.com, dependiendo de las características del préstamo, esta modificación puede salirle más a cuenta al banco que al cliente.

Al banco le sale más a cuenta un tipo fijo

No es ningún secreto que las entidades financieras no suelen ofrecer ventajas al cliente si no esperan obtener algo a cambio. En este caso concreto, según HelpMyCash.com, convertir una hipoteca variable al tipo fijo les permite ganar más dinero a corto plazo con el préstamo, pues el interés aplicado es mayor.

Conviene recordar que, actualmente, el euríbor se sitúa en negativo (-0,147% en julio), así que el interés de las hipotecas variables, cuyos diferenciales suelen rondar el 1%, es muy bajo. En las fijas, en cambio, el tipo aplicado rara vez es inferior al 1,50% (especialmente si el plazo supera los 20 o los 30 años), lo que reporta unos mayores beneficios a los bancos. 

De hecho, no es casualidad que las entidades financieras estén librando una guerra comercial en el sector de los tipos fijos. Y es que pese a haber abaratado notablemente estas hipotecas durante los últimos meses, aún ganan más dinero a corto plazo con estos productos que con préstamos con un interés variable. 

¿Cuándo puede ser conveniente para el cliente?

Lo conveniente para el banco no siempre lo es también para el cliente, pero pasar del tipo variable al fijo sí puede ser interesante en ciertos casos. Según HelpMyCash.com, es una opción a tener en cuenta si el titular del préstamo tiene poca tolerancia al riesgo y aún le quedan muchos años para terminar de devolver el dinero (unos 20 o más), pues le permitiría abonar una cuota constante y olvidarse de los vaivenes del euríbor.  

En caso de aceptar el cambio en vez de tratar de rebajar el diferencial, hay que tener presente que las cuotas serán más caras durante los primeros años, pues la previsión es que el euríbor cotice cerca del 0% durante al menos el próximo lustro. Asimismo, si no experimentara un aumento importante a medio plazo, a la larga también se pagaría más con un tipo fijo.

¿Y si quedan pocos años por pagar?

Y ¿qué ocurre si queda un plazo pendiente relativamente corto (unos 15 años o menos)? En ese caso, desde HelpMyCash.com afirman que pasarse al tipo fijo puede ser un mal negocio. Como comentábamos, las cuotas tras el cambio serán más caras y, como lo más probable es que el euríbor se mantenga bajo unos cinco años más, seguramente también habría que pagar más en intereses a la larga. En ese caso, mejor mantener la hipoteca con el diferencial actual, siempre y cuando sea competitivo, o hacer una subrogación para rebajarlo.

En cualquier caso, ya se quiera aceptar el paso al tipo fijo o se intente obtener una mejora del diferencial, antes de trasladar la hipoteca a otro banco conviene acudir a varias entidades para ver quién ofrece unas condiciones más atractivas. De este modo, las opciones de conseguir un buen interés sin cumplir demasiados requisitos de bonificación (contratar otros productos como seguros, tarjetas, etc.) serán más altas.