El programa Made in China 2025, presentado en mayo de 2015, es la estrategia del gobierno chino con el objetivo de transformar el país en una poderosa potencia tecnológica. A través de este plan, el gigante asiático impulsa la reestructuración y el desarrollo de su sector industrial para alcanzar una mayor calidad y eficiencia en la producción. Sus objetivos se plantean no solo hacia 2025 sino también hacia el año 2049 en el que se cumplirán el 100 aniversario de la fundación de la República Popular China. Quieren pasar de ser la fábrica a ser el cerebro del mundo.

Entre sus prioridades para el 2025 están la de mejorar la innovación en la fabricación de productos, integrar la tecnología y la industria, fortalecer la base industrial, fomentar las marcas chinas y promover los avances en sectores clave. Prácticamente ningún sector se escapa de este plan aunque las nuevas tecnologías de la información tienen una presencia clave en él.

Una parte clave de la estrategia es comprar empresas occidentales. En un informe de 2019, la Agencia de Investigación de Defensa de Suecia encontró que las adquisiciones chinas de empresas suecas se aceleraron preocupantemente desde 2014.

El norte de Europa -donde se encuentran muchas empresas pequeñas con gran capacidad de innovación- es actualmente el principal objetivo de inversión de China en Europa. En cambio, los chinos casi no compran empresas en Europa central y oriental, aparentemente porque esos países no tienen suficientes empresas de vanguardia en los sectores preferidos de China.

En los Estados Unidos, el Gobierno se ha dado cuenta de las consecuencias para la seguridad nacional de la pérdida de capacidades sensibles en favor de China; el Comité de Inversiones Extranjeras en los Estados Unidos (CFIUS) desempeña ahora un papel muy activo en el examen de posibles adquisiciones por motivos de seguridad nacional. (El año pasado, forzó a una compañía china a revertir su adquisición de la aplicación de citas gay Grindr.)

La UE carece de una institución de este tipo y cada país va por libre. A principios de este mes, el gobierno alemán introdujo un nuevo proyecto de ley que permite a los reguladores escrutar las inversiones que puedan afectar a la seguridad del país. El Reino Unido examina las adquisiciones en los sectores militar, de doble uso, de hardware informático y de tecnología cuántica. En España, en pleno desplome bursátil el Gobierno blindó a las grandes del Ibex 35 para evitar opas extranjeras.

Muchos gobiernos occidentales ya han aprobado paquetes de ayuda empresarial para asegurarse de que las empresas no se hundan. Pero eso no es suficiente. También tendrán que examinar a los asaltantes chinos que se aprovechan del coronavirus. El problema es que no van solo a grandes empresas fácilmente controlables si no tambiuén a  pequeñas compañías de alto potencial que pueden ser incluso más relevantes para su objetivo.

En cuanto a la UE, Sven-Christer Nilsson, ex director general del gigante sueco de las telecomunicaciones Ericsson (una de las más punteras del viejo continente), dijo recientemente que «es absolutamente necesario establecer un CFIUS, al igual que los Estados miembros individuales». No podemos esperar, o veremos las ofertas de los chinos que las empresas no podrán rechazar«.

Quizás sea el momento de replantearse lo que constituye la seguridad nacional y la actual alerta sanitaria nos ha hecho ver que nuestras carencias a la hora de fabricar material sanitario ha provocado un daño en vidas no visto desde la segunda guerra mundial.