Probablemente el término de moda estos días sea el de «nueva normalidad» aunque nació en la crisis del 2008 y hacía referencia a la economía «post-subprime», por tanto los últimos 12 años hemos vivido una nueva normalidad que francamente se parecía mucho a la antigua.

A raíz de la crisis del coronavirus parece ser que esta vez la nueva-nueva normalidad será bastante distinta a la antigua, al menos durante un tiempo, para muchas cosas peor aunque para otras será la ocasión ideal de hacer un «reset» del sistema.

En ese punto se encuentra una de las ciudades más afectadas por la pandemia, Milán, que va a aprovechar para poner en marcha un plan para tener una ciudad mucho más limpia.

Las ciudades representan los mayores logros de la humanidad pero también os mayores desafíos. Desde la desigualdad hasta la contaminación atmosférica, las ciudades suelen arrastrar algunos errores ya que no estaban diseñadas para acoger a millones de personas. A esto hay que sumarle que se prevé que el 68% de la humanidad vivirá en zonas urbanas en 2050.

El concejal de movilidad de Milán, Marco Granelli, ha presentado el plan Strade Aperte (calles abiertas) que tiene la intención de reducir la contaminación y permitir a los ciclistas y peatones moverse libremente por la ciudad, a menudo asfixiada. El año pasado, el regulador ambiental de Italia nombró a Milán como la sexta ciudad más contaminada del país.

Granelli dice que el cierre de Milán, la capital de Lombardía – la provincia más afectada por la epidemia de COVID-19 de Italia – es una oportunidad para mirar hacia el futuro y planificar una ciudad donde la gente pueda disfrutar de vivir y trabajar sin la contaminación del tráfico. A esto habría que añadir que probablemente el confinamiento haya impulsado algo el teletrabajo.

También cree que el plan ayudará a reiniciar la economía local de la ciudad.

«Trabajamos durante años para reducir el uso del automóvil. Si todo el mundo conduce un coche, no hay espacio para la gente, no hay espacio para moverse, no hay espacio para las actividades comerciales fuera de las tiendas», dijo Granelli al periódico británico Guardian.

«Por supuesto, queremos reabrir la economía, pero creemos que debemos hacerlo de una manera diferente a como lo hacíamos antes. Creemos que tenemos que reimaginar Milán en la nueva situación.

«Tenemos que prepararnos, por eso es tan importante defender incluso una parte de la economía, apoyar a los bares, artesanos y restaurantes. Cuando se acabe, las ciudades que aún tienen este tipo de economía tendrán una ventaja, y Milán quiere estar en esa categoría.»

El plan Strade Aperte consiste en crear 35 kilómetros de nuevas rutas ciclistas a través de la ciudad, ensanchar las aceras para los peatones y reducir los espacios de estacionamiento para disuadir a los conductores de entrar en el centro de la ciudad.

La principal calle comercial de la ciudad, Corso Buenos Aires, está destinada a ser la primera en recibir las nuevas medidas de reducción del tráfico, y las obras comenzarán a principios de este mes. También han anunciado planes para hacer que el sistema de metro de la ciudad sea adecuado para el distanciamiento social, marcando los espacios en los vagones de metro y las estaciones que deben dejarse vacíos, incluso en la hora punta.

Considerada como la capital económica de Italia, el centro de Milán es una ciudad compacta de 1,4 millones de habitantes. Antes del cierre del coronavirus un número casi igual (1,37 millones) usaba el metro de la ciudad todos los días, aunque esa cifra incluía a los viajeros de fuera de la ciudad.