Una de las consecuencias de nuestro encierro involuntario es sin duda un mayor desarrollo de la inventiva y la imaginación. Como no lo es poco también el poder dedicarnos a aprender cosas nuevas, desde cocina hasta nuevo vocabulario. En este sentido, palabras como “pandemia”, el propio “coronavirus” o una de las estrellas, a nivel económico: el ERTE.

El Expediente Temporal de Regulación de Empleo es una de las soluciones que el Gobierno ha puesto sobre la mesa para intentar suavizar la crisis económica que se avecina tras la crisis sanitaria. Con este mecanismo, el Ejecutivo posibilita los ajustes temporales de empleo para empresas afectadas por el brote del coronavirus (prácticamente todas), tanto para aquellas afectadas por los cierres decretados con el estado de alarma, como para aquellas que estén viendo cómo su producción o su demanda se ven mermadas como consecuencia del frenazo económico derivado de la propagación del coronavirus.

El Expediente Temporal de Regulación de Empleo, a pesar de lo que explicó la Ministra Yolanda Díaz, es una autorización temporal para una compañía mediante la que puede suspender uno o varios contratos de trabajo durante un tiempo determinado. Es decir, es un permiso que se le concede a la empresa para que prescinda durante un periodo de tiempo de sus empleados, quedando exenta de pagarles, con el fin de aliviar sus costes salariales. Así, las personas afectadas por un ERTE continúan vinculadas a la empresa, pero, con carácter general, no cobran, no generan derecho a pagas extra ni vacaciones durante el tiempo que permanecen fuera de su puesto de trabajo.

Adicionalmente, el Gobierno bonificará la cuota empresarial a la Seguridad Social de los trabajadores afectados por el ERTE, de modo que limitará al máximo el coste de sus sueldos.

Y, por otro lado, con el objeto de aliviar también a los trabajadores afectados, el Gobierno ha decretado que mientras dure el ERTE los trabajadores tienen derecho a cobrar el paro, hayan o no cotizado los 360 días que con carácter general se exigen para poder acceder a esta prestación. En este caso la base reguladora de la prestación por desempleo será el promedio de la base de cotización del trabajador en los últimos 180 días.

Por tanto, es una figura pensada para una crisis temporal, tras la cual, los trabajadores volverán a la empresa sin más. Por eso tampoco se contempla ningún tipo de indemnización para los mismos.

Otra cosa bien distinta es cuando pasará la crisis para las empresas. Porque a la enfermedad se le puede doblegar la curva, hacerle doble tirabuzón y por fin erradicarla, pero la vuelta de la actividad productiva será algo que tarde mucho más. Sectores como el turístico deberían firmar ya porque el año que viene sea bueno, porque este va a ser muy triste.

Es por esto que la Ministra, al tiempo que se ríe dando las cifras del paro (es lo que tiene el humor, que te sale sin querer), anuncia que estos ERTES van a contar con la “máxima flexibilidad y sentido común”, pudiendo permitirse que haya empresas que, cuando se levante la alarma, puedan renegociar los expedientes.

En una entrevista con la cadena SER, la ministra recordó que la regulación extraordinaria de los ERTE de fuerza mayor está asociada al compromiso de mantener el empleo durante seis meses. Es decir, que después del estado de alarma (o de la prórroga, si la empresa lo solicitase y se le concediera), los trabajadores se tendrán que a su puesto de trabajo con el compromiso de actividad de seis meses. Tras esos seis meses, veremos las cifras del paro. Mientras tanto, según la Ministra, «mientras dure el estado de alarma», en España no se puede despedir, aunque una vez que se deje atrás esa situación excepcional, se volverá al ordenamiento jurídico anterior.

Mientras tanto, la CEOE ya advierte: la caída del PIB podría llegar al 9%, lo que nos llevaría a un aumento de 900.000 parados más. De hecho, en el mejor de los escenarios, la caída alcanzaría el 5% y el número de parados llegaría al medio millón más. En este sentido, la patronal destaca la oportunidad de las medidas adoptadas por el Gobierno. Sin contar con los mecanismos de despidos temporales, la ocupación caería un 7,3%, con 1,4 millones de personas menos y la tasa de paro se dispararía hasta el 20,7%.

El estudio de la patronal apunta a un déficit público de entre el 7,5% y el 11% del PIB, lo que supondría una horquilla de entre 80.000 y 120.000 millones de euros. Y, en cuanto a la deuda pública, la CEOE calcula que ascendería hasta el entorno de entre el 108% o el 115% del PIB.

Y una vez visto el fondo, pasemos a las formas. La manera de explicar los ERTE de la Ministra, sus declaraciones posteriores, comparándolos con una baja maternal, las risas explicando las cifras del paro sólo tienen dos posibles explicaciones.

La primera, que no quiero creer, es que no está teniendo tiempo para digerir lo que sus asesores le preparan y que se lanza a la rueda de prensa sin capote a intentar fintar las embestidas a base de ingenio y locuacidad. En este caso, sería mejor despedir unos cuantos asesores, para que la información sea menos y contratar a alguien que de clases a la Ministra en oratoria, sofística y perogrulladas bien vestidas.

La segunda opción es mi favorita. Todo forma parte del mismo teatro. Es una gran actuación para que, al igual que en los trucos de magia, la atención del espectador se dirija a detalles intrascendentes mientras el truco ocurre en otro lugar. En este sentido, la puesta en escena ha sido perfecta: los ERTES son la solución, el Gobierno lo está haciendo bien y esta mujer está desbordada, pobrecita, es normal con lo que está pasando.