El otro día decía un análisis de Bloomberg Economics: «Estimamos que aproximadamente la mitad del daño a la economía global de la guerra comercial se debe a la elevada incertidumbre, más que al efecto directo de los aranceles entre Estados Unidos y China.» y continuaba: «Incluso si los aranceles no se reducen, Alemania y otros se beneficiarán de la disminución de la incertidumbre. Esperamos que esto ponga un piso bajo la recesión en la economía alemana y que el impulso se acelere gradualmente en 2020».

Esto encaja con mi visión, que ya comenté hace algunas semanas: el daño a la economía europea este año procede básicamente de la caída del sector industrial alemán y esto ha venido por un problema político y unas excesivamente negativas expectativas sobre su resolución pero el sector servicios, el principal, especialmente para España, apenas se ha visto contagiado. Parece evidente que en 2020 el mundo crecerá menos que en 2019 ¿y qué? Por supuesto mejor sería que creciéramos el doble que este año pero todo crecimiento es positivo y una reducción de éste no tiene por qué ser una tragedia, especialmente en países donde apenas hay crecimiento poblacional.

Alguno se estará preguntando por qué del título de este artículo, ¿cuándo fue el primero? Pues justo hace un año cuando también se hablaba de que el año venidero –el que estamos a punto de terminar- iba a ser de crisis y entre otras cosas (como que la bajada bursátil que entonces se producía no tenía por qué ser un predictor de una recesión ni mucho menos) decía:

¿Hay motivos para ser pesimistas en 2019? A día de hoy hay indicios de un crecimiento menor pero no hay nada que avise de una nueva crisis. Otra cosa son las opiniones de cada uno pero datos actuales que justifiquen tanto pesimismo no hay, ni siquiera en la Eurozona, Japón y China, que son las áreas económicas donde se ha visto mayor debilidad el último trimestre. Lo que sí hay en la Eurozona es una gran preocupación por una posible subida de tipos, o más concretamente por una reducción de la liquidez en el sistema por la finalización de las medidas expansivas de BCE.”

Justo este año no sólo no han subido los tipos en la Eurozona, es que se han relajado y además se han aprobado nuevas inyecciones de liquidez que se supone Lagarde mantendrá durante todo 2020. Es cierto que hasta De Guindos reconoce que se avecinan tiempos de crecimientos mínimos en nuestro continente pero eso no significa que venga una crisis. Y menos en España donde parece que creceremos medio punto menos que este año, algo que ya ha pasado este año respecto al anterior. Riesgos hay muchos, como todos los años, pero que nos inunde el pesimismo no los va a eliminar e incluso puede que ayude a que alguno se materialice.

Por un lado se montan conferencias internacionales criticando lo mucho que contaminamos los humanos pero por otro cunde el desánimo si fabricamos o consumimos no menos este año que el anterior, que no es el caso, sino si el crecimiento de esa facturación y posterior venta es inferior. Personalmente prefiero confiar en la tecnología y el cambio de hábitos como método para ser más ecológicos antes que en una crisis económica severa pero veo cierta contradicción en querer que nuestra huella ecológica sea menor y a la vez asustarnos por crecer unas décimas menos ya que no es realista –en el corto plazo- crecer más y contaminar menos. Creo es una demostración más de lo que nos encanta (o les encanta a los medios y gente que vive del miedo) encontrar problemas con los que asustarnos

No olvidemos que llevamos años con lo de que China es un peligro porque cada vez crece menos y meses con el cuento de la llegada de una recesión en la primera economía del mundo con el argumento de una inversión de la curva de tipos (anacrónico razonamiento que ignora que en estos tiempos las medidas de los bancos centrales distorsionan cualquier estadística) que además ya no se produce. La realidad es que China sigue creciendo a un ritmo superior al global y que la actual, aunque a un ritmo inferior a la media, es la expansión económica más larga en la historia de los Estados Unidos: 125 meses que serán 126 contando diciembre (y tras 110 meses consecutivos de creación de emplo consecutivos -récord absoluto- la tasa de paro está en mínimos de medio siglo)

Y tendemos a pensar que por ser tan largo este periodo, su fin está más cerca. Tiene sentido, y es normal temer por el futuro pero predecirlo es mucho más complicado. A mi también me preocupan economías tan alejadas de la nuestra como la japonesa porque sé que al final todo está relacionado y todo nos acaba salpicando a los de abajo pero ¿de qué sirve asustarnos? Por otra parte, todos ya hemos aprendido en esta crisis lo que debemos hacer para estar preparados por si la economía se tuerce (y de hecho la mayoría lo ha hecho): reducir deudas, ahorrar lo que se pueda, invertir sólo el dinero que no se va a necesitar en el corto plazo, desconfiar de políticos y bancos… Y si queremos consumir estas navidades, consumamos en función de cómo estén nuestras cuentas sin tener en cuenta el optimismo o el pesimismo que otros quieran vendernos. Poco más podemos hacer… lo que no es poco.