El pasado mes se cumplieron 90 años del famoso crash bursátil de 1929 que se considera inició la mayor depresión económica de la era moderna y el mayor ciclo bajista de Wall Street. Para que nos hagamos una idea de esto último, en 1929 hubo 45 cierres en máximos históricos (este año llevamos algo más de 20) y no volvió a haber un nuevo máximo de Wall Street… hasta 1954. Es decir, que aunque sigue habiendo mucha gente empeñada en que a largo la bolsa siempre sube, lo cierto es que el que compró en 1929 tardó 25 años en recuperar su inversión… si invirtió en el índice porque es muy posible que lo hiciera en alguna de las muchas compañías que quebraron en aquel ciclo y por tanto perdiera todo su dinero.

Por suerte para los norteamericanos, solo había 1.5 millones de personas invertidas en acciones en 1929 o un poco más del 1% de la población de los Estados Unidos. De hecho, lo de que la gente se tiraba por las ventanas porque se desplomaba el Dow Jones es una falsedad, la gente no empezó a pasarlo realmente mal hasta que no empezaron a quebrar bancos. La quiebra de Lehman Brothers en 2008 sirvió para recordárselo a los que lo desconocían o habían olvidado ese hecho, y a partir de ese momento los gobiernos y autoridades financieras se conjuraron en que no volviera a pasar algo así. Pero eso no pasó entonces lo que agravó mucho la depresión de 1929, al igual que la falta de colchones de seguridad y políticas sociales que pudieran mitigar la crisis.

Más allá de la Historia por todos conocida, a mi me llama la atención que, al contrario de lo que ocurre hoy donde todo el mundo habla de crisis, en octubre de 1929 pocos tenían miedo a un parón económico, mucho menos a una recesión tan grave. Hizo falta un crash bursátil para que la gente comprendiera la ficción en la que habían vivido la mayor parte de los “felices 20”. Si algo que apenas era importante para el 1% de los norteamericanos provocó lo que provocó, ahora que el porcentaje –de adultos- invertido supera el 50%, es fácil imaginar lo vital que puede ser para las autoridades políticas y económicas la estabilidad bursátil. Veamos el caso español: me ha sido imposible obtener datos fiables de cuántos españoles invierten en bolsa, sea directamente o a través de fondos pero hay datos parciales que pueden darnos pistas y mis cálculos me llevan a calcular que de los algo más de 18 millones de hogares que hay en España, al menos en un 30% hay accionistas. La diferencia entre España y los EUA es tan grande, aparte de por tradición inversora, por los seguros privados, mucho más habituales allí y, sobre todo, por los planes de pensiones.

Mientras en España tenemos una pensión pública, allí –como ocurre en muchos países- las pensiones no dependen de lo que aportan los trabajadores actuales como pasa en España, sino que tienen esquemas de participación privada y empresarial (a favor de los empleados) que, para vencer a la inflación, suelen invertir en bolsa durante la vida laboral del que luego será pensionista. Esto hace que no sólo haya muchos más norteamericanos accionistas, también que el interés porque la bolsa suba sea mucho más importante que aquí, donde muchos invierten ahorros no esenciales pero para nada se juegan el cobro de la pensión. En resumen, que hay un interés político y económico muy claro en conseguir que la bolsa suba y no creo sea casualidad que el país más envejecido del planeta –Japón- sea el que más ha presionado a su banco central para comprar acciones y así mejorar la rentabilidad de los japoneses en un mundo de intereses negativos. También es un tema del que se está hablando en Europa y parece que Lagarde podría estar abierta a esa idea, si ya se ha cruzado la línea de comprar deuda pública y deuda privada, ¿por qué no?

Seguro que hablaremos de ello en más ocasiones, ahora lo que me pregunto es si tanto interés político en que la bolsa suba va a acabar provocando un crash bursátil como el de 1929 si las cotizaciones no reflejan la realidad económica sino sólo el exceso de liquidez (burbuja) como parece, o si esto hace que el crash –que ya de por sí es estadísticamente muy raro ya que ocurren muy pocos que duren años- sea aún más improbable. Por otra parte, la desconexión con la economía sigue aumentando: este año va a ser un año de desaceleración económica y de alegría bursátil global y eso tiene algo positivo: que a la inversa tampoco la economía se va a desplomar porque caiga la bolsa, si es que tiene que caer.

De todos modos, hoy no creo que esto os inquiete mucho ya que seguro que lo que estáis queriendo comentar es lo contentos que estáis todos por los clarificadores resultados de las urnas de ayer que dejan a España en disposición de hacer grandes y positivas reformas estructurales y congratularos porque estáis convencidos que todos los parlamentarios elegidos buscarán lo mejor para el país y trabajarán sin descanso por ese objetivo, ¿A que sí?