Aunque aquí hemos tenido una semana muy marcada por la política, en el resto del mundo la principal cita llega a finales de este mes con la decisión de la FED sobre los tipos de interés. Como viene siendo habitual, no va a haber sorpresas en cuanto al movimiento que hará la Reserva Federal: bajará tipos. Pero Powell no tiene la habilidad comunicativa que sí tenían Yellen y Bernanke, quizás porque las presiones políticas de Trump no le dejan la suficiente autonomía como para ser más claro. Es por eso que el mercado descuenta un recorte de 0.25 puntos pero también hay un porcentaje no desdeñable que espera 0.50. Esto es peligroso porque las bolsas se mueven por expectativas y si bien el convencimiento de la bajada propició un máximo histórico en Wall Street, ahora puede que el que “sólo” sea de 0,25 defraude y genere caídas bursátiles.

Cuando en diciembre pasado la renta variable caía tanto, el cambio de sesgo de la FED ayudó mucho al rebote: dejó de hablar de subir tipos. Tras las caídas de mayo de nuevo la FED animó a las bolsas insinuando bajadas de tipos lo que llevó a Wall Street a máximos históricos y a algunas bolsas europeas a máximos anuales al recoger el guante BCE e insinuar lo mismo. A lo que se añadió la decisión de sustituir a Draghi por Largarde, eliminando con esto el miedo de un cambio de política al cambiar el nombre del gobernador. Como vemos, son los bancos centrales los grandes sostenedores de un mercado que comienza a resentirse por la desaceleración en varias economías y por unos resultados empresariales muy buenos pero que en muchos casos no justifican las altas cotizaciones de algunos valores.

Mi apuesta es que la FED bajará 0,25 y en el discurso anunciará más futuras bajadas porque pienso es lo más inteligente para no defraudar expectativas y¡, a la vez, seguir contando con ellas como apoyo a la renta variable. Pero también es posible que recorte 0,50 que es lo que seguramente Trump le esté pidiendo. Lo más extraño es que no hay motivos objetivos para ningún recorte de tipos, y lo más triste de todo esto es que la política monetaria no debería usarse ni para ayudar a las bolsas ni para asegurar la re-elección a un presidente sino para estar al servicio de la economía. Se supone que se bajan tipos para prevenir una recesión, para acelerar el crecimiento animando el consumo y la inversión, incluso para aumentar la inflación.

No sólo esto no es correcto, es extremadamente peligroso: se olvida el propósito económico, y se hincha una burbuja y se mantiene hinchada con medidas extraordinarias de las que no conocemos sus consecuencias, y además sabiendo como sabemos que tienen un límite. Porque los Estados Unidos tienen aún margen pero Europa ya tiene los tipos negativos y el BCE está comprándolo casi todo. La última de BCE es rebajar el objetivo de inflación como si eso cambiara algo, ¿qué más queda, arriesgarnos a cobrar a la gente que tiene sus ahorros en el banco para empujarla a gastarlo o jugárselo a la bolsa? Ni la bolsa ni la economía están respondiendo en la Eurozona a los últimos estímulos, ¿seguro que la solución es extremarlos más? Y ¿Para qué tanto riesgo, por qué llevar las cosas al límite como si nuestra situación fuera similar a la de 2012 cuando no lo es, no sería mejor guardar alguna bala en la recámara?

En cuanto al mercado, el viernes a última hora Wall Street cayó porque había miedo a un conflicto bélico con Irán el fin de semana. El lunes cundió el miedo entre los inversores sobre la banca española pero el martes Santander presentó buenos resultados (los bancos siguen siendo empresas muy rentables aunque no le hagan ganar dinero a sus propietarios como ya expliqué AQUÍ) y en los EUA llegaron a un acuerdo para renovar el techo de deuda. Además, volvieron los rumores de un acuerdo inminente China/USA sobre comercio. Un euro más débil (mínimos de más de dos años contra el $) ayudó a las bolsas eurozoneras (algunos índices en máximos del año) a recuperar algo de distancia con las norteamericanas -que volvieron a marcar nuevos máximos históricos- aunque ayer, tras una primera reacción eufórica a BCE, los índices eurozoneros cayeron quizás porque esperaban más del discurso de Draghi. Pero aparte de estos vaivenes, lo que cuenta para los mercados es lo que hará la FED la próxima semana. Incluso los resultados empresariales (no muy boyantes) y los datos económicos (más bien malos) están resultando ser anecdóticos. Como imagen, y para cambiar de tema, algo que conviene no olvidar: lo bien que le ha ido a España desde que entró en el Euro en comparación a otros países

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