Hace unos meses hablábamos en el artículo «El millonario que viaja a Marte, su copiloto y los pisos en Ibiza» sobre la paradoja de la riqueza.

Atrapados en un cohete construido a medida, los motores se encienden y el viaje al espacio comienza. El copiloto también lleva años soñando con con este viaje. Ha trabajado en el ejército como piloto de caza toda su vida por salarios de clase media, y tiene unos ahorros que son una pequeña fracción que los del más ilustre de los pasajeros. ¿Cómo será cuando llegue a Marte? ¿La gran disparidad de riqueza causará problemas porque el copiloto y el millonario de turno esperarán un nivel de vida diferente? Es fácil ver en este escenario que no las habrá. Una vez que dejen el planeta Tierra, sus diferencias de ingresos y riqueza acumulada no tendrán sentido. Todos en Marte serán económicamente iguales por la sencilla razón de que no habrá bienes o servicios para comprar.

El problema es que hay muchos Martes en la tierra, sitios en los que las disparidades de riqueza se han vuelto extremas y resulta problemático proporcionar servicios básicos. En España tenemos el ejemplo de Ibiza y nivel mundial quizás el más significativo sea el de San Francisco.

Veamos unos datos.

En El País hablaban del problema de San Francisco la semana pasada: Cuando ganar 250.000 euros al año no es suficiente para llegar a fin de mes

Quiso ser Florencia y ahora corre el riesgo de convertirse en Detroit. Silicon Valley se muere. No es la suya una muerte muy divulgada, pero la prensa lleva ya meses hablando de ella sin tapujos. Incluso The New York Times, que ya le ha dedicado una serie de artículos de marcado sabor necrológico.Algunas de las principales compañías tecnológicas mantienen su sede allí, al sur de la bahía de San Francisco, al pie de la sierra de Santa Cruz, en el valle de Santa Clara. Pero lo que ha muerto es la utopía tecnológica de finales del siglo XX que quiso ver en Silicon Valley una concentración de talento y capacidad de innovación sin precedentes al servicio de una nueva economía capitalista y de un mundo mejor.

La pregunta no es cuánto dinero tienes, sino cuánto necesitas para vivir dignamente en un lugar así. 

Poco a poco se está expulsando de la ciudad a aquellos que ganen menos de 150.000$ anuales. Así que una de dos, o los que prestan servicios básicos lo ganan o se quedan sin servicios básicos.