A finales del año pasado, Bloomberg desveló que Facebook estaba desarrollando su propia moneda virtual. Es lógico, Telegram lleva trabajando con ello más de un año, el mercado de las criptomonedas está madurando y todos quieren un buen trozo de ese pastel tan apetecible que es el mercado monetario.

El New York Times por su parte ofreció algún detalle más, Facecoin (que era su nombre provisional) sería aparentemente una «stablecoin». En lugar de tener una cantidad fija de divisas que fluctúa en precio, dependiendo de la demanda, Facecoin tendrá un precio fijo y la cantidad de la misma en circulación variará. Así que, a diferencia de Bitcoin, no pretende ser vehículo para la especulación.

Ahora conocemos nuevos datos, como que el proyecto cuenta con el apoyo de empresas como Visa, Mastercard, PayPal, Booking, MercadoLibre y Uber, que formarán parte de un consorcio bautizado «Asociación Libra» (y que actuará como ente supervisor de la criptomoneda). En total ha captado cerca de 1.000 millones de dólares, con lo que al menos la liquidez y estabilidad de esta moneda está garantizada.

¿Y para qué servirá?

Para empezar, proporcionaría una solución tecnológica para el gran y lucrativo mercado de remesas para los pagos entre países, principalmente a la India. Aunque su último objetivo será el de controlar los medios de pago en Internet. Se empieza pagando a un amigo y cuando ves que la cosa funciona, terminas comprando.

Algo similar ya lo han desarrollado los chinos con la solución de pago china WeChat Pay, la mayor solución de pago móvil y por Internet utilizada por «900 millones de usuarios activos«. En Pekín y Shangai «incluso los mendigos tienen códigos QR» que permiten a los transeúntes escanear y dar dinero usando sus teléfonos inteligentes. La integración en el sistema de mensajería de WeChat es lo que dio a WeChat Pay la masa crítica para lograr una amplia aceptación. La integración de Facecoin con WhatsApp y otros servicios de Facebook podría permitir un despegue igualmente rápido.

La moneda de Facebook iría un paso por delante en cuanto a tecnología ya que se basaría en «blockchain»   en lugar de hacerlo con el sistema bancario convencional, lo que le permitiría una mayor seguridad y menores costes.

Pero esto no será un camino de rosas. Si Facebook toma un papel tan importante en los pagos diarios como ya lo ha hecho en las comunicaciones personales y los medios sociales, entonces se convertirá en un objetivo aún mayor para el creciente movimiento antimonopolio que busca dividir a los gigantes de la tecnología. Facebook tendría nuestros datos y nuestro dinero. Y lo segundo es sagrado.