El otro día en el «Boston Globe» publicaron un artículo muy interesante sobre la casa de un entrenador de esgrima. Pocas cosas se me ocurren más aburridas sobre las que escribir pero su historia da mucho que pensar.

Peter Brand es un legendario entrenador de esgrima de la Universidad de Harvard que puso a la venta su casa, estaba sin reformar desde hace décadas y no era nada del otro mundo, aunque tenía un valor de tasación de 550.000 dólares.

Sorprendentemente la vendió por 1.000.000 de dólares. Su comprador, un empresario de éxito que la vendió 17 meses después por 324.500$.

¿Cómo puede un hombre de negocios hacer un trato tan nefasto?

El comprador, resulta que era el padre de un estudiante de secundaria al que querían matricular en Harvard y si no eres un chico 10 la única opción de entrar es a través de una beca deportiva, de un deporte que puedas aprender con un buen entrenador, como por ejemplo el esgrima. Y si además, es de la propia universidad y de los que evalúan… pues mejor.

Este caso, no es el único que se ha producido en EEUU, actualmente hay cargos contra 50 padres, entrenadores y consultores por realizar este tipo de prácticas y ha puesto al descubierto lo que los padres ricos harán lo que sea y cueste lo que cueste, para llevar a sus hijos a escuelas de élite.

El caso más mediático es el de Felicity Huffman (actriz de «mujeres desesperadas») que recientemente se declaró culpable.

Rick Singer, quien dirigía un negocio de preparación para la universidad, ideó lo que los fiscales llamaron el esquema de trampas de admisión a la universidad más grande jamás procesado en Estados Unidos.

Singer ayudó a los padres adinerados a hacer trampas en las pruebas estandarizadas para sus hijos, y sobornó a los entrenadores universitarios para que designaran falsamente a los niños como atletas reclutados, allanando su camino hacia la admisión.

El esquema ayudó a los estudiantes a ingresar en universidades altamente selectivas como Yale, Stanford, la Universidad del Sur de California (USC) y UCLA.

Más allá de lo anecdótico que pueden resultar estos casos de corrupción y lo bien elaborados que están, en EEUU tienen un serio problema con las universidades y es algo de lo que afortunadamente en Europa ni nos lo imaginamos pero que puede suponer incluso un problema para la economía americana.

Así es como lo titulaba El Confidencial hace un mes. La deuda estudiantil en EEUU: una bomba de tiempo para la economía.

El sueño es hermoso, la apuesta alta, y las consecuencias, muchas veces, funestas. La deuda estudiantil en Estados Unidos suma casi 1,5 billones de dólares, más del doble que hace una década. Un peso para millones de bolsillos; dinamita potencial para la economía.

En Estados Unidos hay actualmente unos 44 millones de personas con deuda estudiantil. La media de esta deuda ronda los 37.000 dólares por cabeza. Lo normal en un país donde la matrícula universitaria privada cuesta casi 35.000 dólares al año; más de 40.000 si es un máster.

Si a esto le sumamos la escalada en el precio de la vivienda, lo que tenemos son jóvenes universitarios, viviendo en la calle e hipotecados por sus estudios.

En la Universidad Estatal de California, uno de cada cinco estudiantes son ‘homeless’; es decir, personas sin hogar. Son unos 50.000. Viven en coches y furgonetas a las afueras, en el bosque, o en aparcamientos, y se duchan en los vestuarios de un gimnasio, como demuestra este mini-documental de NowThis. En el caso de California, el desmesurado precio de la vivienda se une al de la matrícula.

En total 2,7 millones americanos que deben más de 100.000 dólares por haber ido a la universidad. Para que os hagáis una idea, la deuda total de los universitarios es mayor que el PIB de España.