La Semana Santa se anuncia interesante en política, más de uno pensará en el calvario y buena parte de los políticos esperará la resurrección en las urnas. Y mientras las encuestas auguran una subida del PSOE, lo cierto es que ninguna se atreve a dar un claro ganador, dando como resultado más probable un empate técnico que podría desembocar en un largo periodo de pactos y contraofertas hasta hacer viable una investidura. La elección de esta fecha es claramente una estrategia para aprovechar dos circunstancias de sus adversarios: por la derecha, la foto de Rivera con Casado u Abascal va a ser más que explotada, por otro, el cisma de Podemos en Madrid, que abre un periodo de incertidumbre para los morados.

Pero sea quien sea el que al final logre hacerse con el ansiado sillón, lo cierto es que tendrá que enfrentarse a una herencia que, no por corto el periodo de gobierno de Sánchez, deja de tener varios regalos envenenados.

Sánchez dejará al final de su Gobierno en este periodo (ya veremos si renueva) una economía en clara desaceleración y con una importante desviación del déficit que habrá que corregir en la recta final del año, principalmente logrando una aprobación del Presupuesto. Además, la creación de empleo está cada vez más sustentada en la Administración.

Los ocho meses de duración han sido demasiado intensos en medidas y demasiado corto para valorar el efecto de las mismas. La tónica de crecimiento se mantiene, aunque cada vez a menor ritmo, agudizado además con el adormecimiento del comercio internacional, lo que sugiere un agotamiento de ciclo de crecimiento económico a nivel mundial que, en nuestro país, puede ser más pronunciado.

La prueba de este decrecimiento de la actividad económica se aprecia en las previsiones de crecimiento versus crecimiento real alcanzado: hace 8 meses, la Comisión Europea preveía un crecimiento del 2,9% para 2018 y un 2,4% en 2019. Ahora, Bruselas calcula que la economía española apenas avanzó un 2,5% el año pasado y prevé un 2,1% para este año.

Esta pérdida de dinamismo quizás se deba a factores externos, como la caída del turismo extranjero por la recuperación de Turquía y Egipto, o a la ralentización de la demanda internacional y, por tanto, de las exportaciones, o quizás a que el consumo nacional también está perdiendo fuerza. El caso es que el crecimiento está cayendo y sólo el grifo del gasto público ha enjugado un poco estas cifras, al tiempo que sirve como medida preelectoral.

Esto, no obstante, tiene un coste. Ya la ministra de Hacienda, Mª Jesús Montero ha avisado que el déficit se podría desviar hasta el 2,4%. Esto es, 13.800 millones más de lo pactado con Bruselas. Esta cifra se debe a que algunas medidas de gasto de los Presupuestos ya se han puesto en marcha (la subida de las pensiones o el alza salarial para los funcionarios), mientras que los nuevos impuestos se han quedado pendientes, a falta de aprobar un Presupuesto. Por no hablar de los 8.000 millones de euros de maquillaje contable que el propio gobierno de Sánchez se encontró a su llegada a la Moncloa.

Así, la legislatura de Pedro Sánchez termina con una subida de la deuda pública, que se incrementó en 26.536 millones a lo largo de 2018. Con esto se alcanza un montante total de 1.170 billones de euros, el 97% del PIB, según los datos publicados por el Banco de España. Esto supone una décima más que la previsión del Gobierno recogida en los Presupuestos (situada en el 96,9%). Esto sólo significa una cosa, sea el que sea el que gobierne, le tocará comenzar con los ajustes, a saber, recortes de gastos y subidas de impuestos. Lo que tendrá un efecto directo sobre el empleo.

Pero no solamente esto es lo que va a afectar al empleo. En este último año ya hemos visto una destrucción de empleo en la industria (en el último cuatrimestre), debido sobre todo a los cierres y despidos que numerosas empresas ha realizado, véase Cemex o Vestas. Sin embargo, sustentando los todavía buenos datos del empleo ha estado todo el sector público, que ha acaparado la creación de uno de cada cinco puestos de trabajo. Y a todo esto, falta por ver el efecto que puede tener sobre la economía la subida del salario mínimo interprofesional, efecto que los más alarmistas cifran en la destrucción de hasta 125.000 puestos de trabajo.

El caso es que se avecinan tiempos extraños para la política y la economía en España. Ya no solo es el periodo de campaña y un tiempo prudencial hasta que el nuevo Gobierno le coja el pulso a su cometido, el problema es que no va a haber mayorías absolutas (salvo sorpresa mayúscula). De hecho, el proceso de formación de Gobierno vendrá condicionado seguramente por las elecciones municipales y autonómicas de un mes más tarde, de modo que los pactos, acuerdos y hasta posiblemente las gobernabilidades de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas se hallen sobre la mesa de cara a conseguir un Gobierno estable.