Es un hecho contrastado que el ser humano está explotando de forma desmedida los recursos naturales de la Tierra, poniendo en peligro su supervivencia. Así, la Global Footprint Network y la New Economics Foundation (NEF) demostraron que habiendo solo transcurrido ocho meses del año 2012, la humanidad ya había agotado todos los recursos naturales que el planeta podía proveer de forma sostenible para ese año. Lo que conlleva que los seres humanos, para mantener su nivel de vida, sobreexplotan los recursos naturales del planeta, de modo que éste no logra recuperarse de la explotación de los recursos renovables y, por supuesto, aún menos de los que no lo son.

De esta manera, surge la necesidad de implementar medidas que protejan el medioambiente. Pero a la misma vez deben permitir el desarrollo de las actividades que exige el mundo moderno, como por ejemplo la búsqueda de nuevas fuentes de recursos naturales por fuera de los límites terrestres. Según varios estudios científicos, el espacio cercano a nosotros tiene varios cuerpos celestes que contienen un amplio número de recursos naturales. Específicamente, en el sistema solar la Luna y el planeta Marte cuentan con una gran cantidad de recursos minerales. Así pues, la extracción y explotación de estos en el espacio aparece como una posible respuesta a su sobreexplotación y agotamiento. Por tal motivo, en los últimos años se han incrementado los deseos de enviar misiones al espacio con el fin de cumplir este objetivo.

En este sentido se engloba el último logro de China en su carrera espacial. El hecho de haber logrado alunizar con éxito, más allá del logro a nivel científico que supone, con toda la batería de pruebas de crecimiento de plantas, investigaciones acerca del proceso de formación de nuestro planeta o analizar las reservar de agua congelada, es muy posible que se centre más en investigar, por ejemplo, la presencia de helio, un elemento que escasea en la Tierra y que se espera que sea uno de los combustibles del futuro al ser la base del funcionamiento de la fusión nuclear.

China ha llegado la última al espacio, pero su programa es el más ambicioso actualmente. Tanto es así que, si nada lo remedia, cuando en el 2024 acabe su vida útil la Estación Espacial Internacional sólo China tendrá presencia en el espacio. Sobre todo debido a que los planes chinos contemplan la construcción, a partir del año que viene, de su propia estación espacial. De la relación entre Putin y Trump dependerá de si Rusia se apunta al carro con China o sigue su estrecha colaboración con Estados Unidos.

Con un presupuesto que se cifra en miles de millones de dólares, aunque nadie conoce la cifra exacta, el país asiático se ha propuesto reflejar el poderío económico de China también en sus proyectos espaciales. Pocos podían imaginarse en 1970, cuando Mao Zedong, lanzó el primer satélite chino al espacio, que en el 2016 su país marcaría un récord anual en lanzamientos.

A día de hoy, y tras el éxito preliminar de la misión a la cara oculta de la luna, el siguiente objetivo será conseguir rocas del satélite y transportarlas a la Tierra. Este objetivo, de lograrlo, implicará un avance sin precedentes en los vuelos y cargueros espaciales. Pasos necesarios para su meta a largo plazo: instalar en el 2050 una base lunar operada por robots y a la que viajarán astronautas ocasionalmente.

Pero los sueños del país asiático no acaban aquí, según los planes de la Administración Espacial Nacional China (CNSA), para el 2020 su programa contempla tener una sonda para explotar asteroides. Esto significa que el establecimiento en la luna puede ser una primera fase para la futura explotación minera de esos asteroides. El plan sería localizar el asteroide en cuestión, lanzar la sonda, que contactaría con el mismo y lo remolcaría hasta llevarlo a una órbita lunar. Comenzaría entonces el proceso de explotación y transporte de los minerales, proceso llevado a cabo por plantas robotizadas.

Una plan ambicioso y caro, pero que en el medio-largo plazo puede suponer el suministro de materiales, como podría ser el platino, necesario para reducir los costes de aparatos electrónicos o facilitar la construcción económica de los motores eléctricos. Si tenemos en cuenta que en un asteroide de 500 toneladas podría haber más platino que en toda la superficie de la tierra, los costes del carísimo programa espacial chino podrían verse ampliamente recompensados.

Pero nada se obtiene sin esfuerzo. El progreso de China en el espacio inquieta a otras potencias, especialmente a Estados Unidos, quien mantiene un veto de colaboración entre la NASA y la agencia espacial china, alegando motivos de seguridad. Esta es la razón por la que el país asiático no puede formar parte de la Estación Espacial Internacional (ISS).

Aun así, China colabora con la Agencia Espacial Europa (ESA) en varios proyectos como la formación de astronautas y, negocia desde el 2015 con Rusia la posibilidad de crear una estación espacial conjunta. Ante esto, la reacción de Trump fue a la altura de lo esperado, anunciando la creación de una nueva división en el Ejército que llamaría “fuerza espacial”.