La guerra comercial impulsada por Trump, el Bréxit del Reino Unido, el desafío italiano a la CE, los disturbios en Francia (y Hungría), la crisis de gobierno belga, la renuncia de Merkel que puede dar al traste con la actual coalición de gobierno en Alemania, la debilidad del actual gobierno español, el conflicto catalán (hoy precisamente estará de actualidad)… son asuntos protagonistas del presente y que seguirán coleando en 2019. Lo más positivo de todo esto es que la influencia se ha notado algo en los mercados pero apenas en la economía española. Y como llegan fechas de hacer balance, hoy nos centraremos en cómo ha ido el año en lo económico en nuestro país. ¿Lo peor? Que la desaceleración es global, hay varios países que han tenido una tasa de crecimiento trimestral negativa de su PIB y no hablamos precisamente de emergentes:

Japón

Italia

Alemania

Suiza

¿Habrá sido sólo un nubarrón? En enero sabremos los datos del cuarto trimestre y veremos… Pero mientras tanto el balance en España es positivo. No sólo hemos tenido un buen año (sí, se ha crecido menos que el anterior pero se ha crecido a buen ritmo, por encima del IPC, y se ha seguido creando empleo), es que a pesar de lidiar con un contexto preocupante los últimos meses con una aceleración de las caídas bursátiles y un empeoramiento de nuestros vecinos italianos y franceses, apunta a que este último trimestre será igual o mejor que el tercero, síntoma de fortaleza. Como ya ocurrió en 2016 –uno de los mejores años en lo económico de los últimos tiempos- con dos elecciones generales y problemas para tener un Presupuesto, el lío político de este año apenas ha incidido.

Sin duda la exportación, el turismo (que no ha marcado récord de visitas pero que se compensa por un mayor gasto del turista exterior y un aumento del turismo interno), el aumento de la actividad inmobiliaria y la caída del precio del crudo hacia el final del ejercicio, han sido claves para nuestra economía. Pero amplios nubarrones se acercan: el impacto del bréxit –que sigue empantanado-, el fin de la política de tipos ultrabajos de BCE, el contagio de los problemas italianos y franceses… y la inestabilidad política nacional.

Pero dejemos hoy la política y vayamos a las decisiones económicas que pueden marcar el inicio de 2019 siendo la más llamativa la fuerte subida del salario mínimo que anunciará hoy el Consejo de Ministros. Imposible saber si destruirá empleo y aumentará la economía sumergida o si su efecto en el consumo compensará cualquier consecuencia negativa, lo que es evidente es que el estado debía hacer algo para mejorar los salarios, y prefiero subidas del SMI que a funcionarios (prácticamente sus dos únicas áreas de acción directa) por su mejor saldo social. Parece ser que hoy anunciarán una subida para los funcionarios del 2,25% (ya pactada por Montoro en Marzo ) lo que creo es un error, es preferible un “bonus” los años buenos que una subida salarial que no se podrá revertir cuando vengan los malos. En cuanto al SMI, como ya dije en su momento, creo que la subida debía haber sido escalonada y un salto tan grande debía haber sido bonificado a los empleadores porque para ellos, que en muchos casos son pymes y autónomos, el coste va a ser excesivo. Macron por ejemplo lo que ha hecho es cargar la subida del SMI a las arcas del estado, que no digo que sea el método perfecto pero es menos traumático para los empresarios. Pienso que en la nómina se va demasiado dinero del empleador que no ve el asalariado. No obstante, hay mucha publicidad en la subida anunciada del FMI ya que se aplicará a muy pocos trabajadores puesto que los casi 3 millones que cobran según convenio colectivo referenciado al SMI seguirán basándose en el SMI de 2016 más un 2% cada año desde entonces.

Por lo demás, no parece que la economía española, aunque se descuente una desaceleración para el próximo año (que frenará bastante la creación de empleo aunque se espera siga en positivo) esté tan mal como otras de nuestro entorno. No es el caso del Ibex, y especialmente de sus bancos, cuya evolución se ha desacoplado totalmente de la evolución de la economía nacional y eso que hace un año, si se leen las previsiones de los “expertos” por ejemplo AQUÍ, el primer argumento por el que aseguraban que nuestro selectivo daría una rentabilidad de dos dígitos (la ha dado pero en negativo) era precisamente las buenas perspectivas para la economía española. Al menos esta semana, al igual que la anterior, ha demostrado fortaleza relativa, dentro de su debilidad, comportándose mejor, así como el resto de Europa (quizás gracias a que el gobierno italiano ha cedido lo justo para “aparcar” la discrepancia presupuestaria), que Wall Street, índice que marcó máximos históricos en septiembre y que no ha dejado de caer desde entonces marcando el peor diciembre –hasta el momento- desde ¡1931!. Esta semana esperaba un milagro de la FED que al no llegar lo llevó a un nuevo desplome. Poco más de estas últimas sesiones en los mercados, un año en el que el desempleo global ha tocado mínimos de 40 años y que el PIB del mundo ha marcado máximos históricos… pero está resultando fatídico para las inversiones en renta variable. ¿Qué tan malo es lo que descuentan?

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