Hace unos meses el futbolista Piqué, cada día más empresario, produjo un documental en el que otro futbolista, Griezmann, debatía consigo mismo los pros y los contras de fichar por el FCB o quedarse en el ATM. Todos sabemos cómo acabó esa reflexión y es evidente que Piqué se enteró antes de que el documental se emitiera pero, por lo visto, no se lo comunicó a su presidente. Más allá del tema deportivo, ese es un dilema de difícil resolución: ¿debía Piqué, por amor a su club, comunicar cuanto antes a la directiva la decisión de Griezmann (y que intentaran una contraoferta o buscaran un sustituto lo más rápido posible) y arriesgarse a que la noticia se filtrara y el documental donde había invertido su dinero perdiera todo interés para la audiencia? Yo no lo sé, pero estoy harto de ver personas que se significan mucho políticamente y a la vez, en cuestión de negocios, no tienen ningún problema en financiar actividades que van en contra de lo que creen. ¿Es eso profesionalidad, es incoherencia, es falsedad…? No juzgo, sólo constato que es un hecho obvio que, por ejemplo, Antena3 y la Sexta tienen los mismos dueños pero mantienen dos líneas editoriales muy diferentes porque así abarcan más telespectadores. No hace mucho en la Sexta –cadena propodemita- emitieron un “publirreportaje” sobre los 20 años del periódico La Razón (probablemente el medio más propepero) ya que comparten accionistas. Parecería que la ideología, o simplemente las simpatías hacia unos u otros, importan poco cuando se trata de dinero.

Es un poco lo que comentaba en mi último artículo sobre superar el tema derecha/izquierda y ser más prácticos y sobre todo imaginativos, no ya para conseguir más dinero como en los ejemplos del párrafo anterior sino para conseguir mejores recursos para las finanzas públicas, sin entrar en debates ideológicos. Por ejemplo, como hemos visto con Montoro y ahora con Montero, todos los ministr@s de Hacienda quieren aumentar la recaudación y para ello luchar contra el dinero negro debe ser una prioridad. Pues en Taiwán para combatir a la economía sumergida han inventado que en cada factura que se emite se incluya un número de lotería con lo que anima a los consumidores a pedir siempre factura de cada servicio. Una buena idea que no tiene ideología.

La actualidad tampoco tiene mucho que ver con ideologías, hay británicos a favor y en contra del Bréxit tanto de izquierdas como de derechas y un gobierno conservador dirigido por alguien que hizo campaña por el No, va a acabar firmando el acuerdo para el Sí en medio de una tormenta política que también supera los límites de su propio partido ya que entre los británicos es más una batalla generacional, de población urbana y rural y de unas regiones y otras. Tampoco hay tema de derechas e izquierdas en el desafío del gobierno italiano (fruto de una coalición de un partido transversal y otro considerado ultraderechista y que siempre había sido aliado de Berlusconi) a una UE donde mandan los conservadores. Esto es una batalla más de la guerra que existe desde que nació la UE y sobre todo desde que se fundó la Eurozona: la de la soberanía nacional contra las necesarias normas comunes entre los miembros que componen una Unión económica y monetaria.

El mal trimestre económico alemán (su PIB bajó el 0,2%) puede tener consecuencias políticas allí y seguramente esté relacionado con la dimisión anunciada de Merkel (y puede que ayude a precipitar la ruptura del actual acuerdo de gobierno, de nuevo una mezcla entre derecha y socialdemocracia) pero no parece que vaya a repetirse en el actual y tras unos años con un fuerte crecimiento, un bache no debería ser magnificado. Casi toda la Eurozona ha tenido un mal verano. Y finalmente, el otro tema de mayor relevancia –a mi juicio el más importante para la economía real- aunque está relacionado en alguna medida con la política de los países productores, no tiene connotaciones ideológicas: la caída del precio del crudo que ha alcanzado el 25% desde máximos. Hay quien quiere leer en ello una amenaza al crecimiento económico global, como si se adelantaran a una recesión en la que se consumiría menos petróleo pero yo descartaría una conclusión así. La fuerte subida anterior (recordemos que en febrero de 2016 llegó a cotizar el barril por debajo de los 30$) se está corrigiendo debido a que la producción supera al consumo y poco más. Medidas como la anunciada esta semana por el gobierno de eliminar los coches por combustión en unas décadas no dejan de ser el síntoma de un cambio energético que anticipa una mayor volatilidad en el precio de los combustibles.

En cuanto a los mercados, una sesión con fuertes ventas en Wall Street el lunes, en parte por el recorte de Apple y en parte por la caída de los valores petrolíferos amenazaba tormenta pero el principio de acuerdo (queda aún mucho que negociar) el martes entre el gobierno británico y la UE para un Bréxit medianamente ordenado, ayudó a las bolsas europeas que se han mantenido más fuertes toda la semana. Un €/$ en mínimos del año debido tanto a las anunciadas nuevas subidas de tipos de la FED como a la debilidad política eurozonera debido al conflicto italiano y el mal dato de PIB alemán del último trimestre, apoyarían un mejor comportamiento bursátil eurozonero que de Wall Street, más cuando sus precios son mucho más bajos cara a un posible rally fin de año (que necesitaría como primera medida borrar todas las pérdidas de octubre, algo aún no conseguido). Y como imagen, la evolución de la deuda/PIB de los países europeos más endeudados y donde se puede comprobar que este ratio no baja ni en recuperación económica como la de estos años. Toda una amenaza al estado del bienestar europeo:

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