Si hay un país en el mundo de desmadres ese es China, que como son tantos, todo sale a lo bestia. Un ejemplo es la burbuja inmobiliaria que azota sus ciudades punteras, como Shezhen, el «Sillicon Valley» de allí en donde viven 12 millones de personas que tienen que pagar 7.000€ por cada metro cuadrado de vivienda. Eso hace que se venden apartamentos de 12 metros cuadrados a 117.000€.

Así que si te gastas todo tu sueldo en una casa, lo que te queda para vivir son cero yuanes. Que al tipo de cambio actual equivalen a cero euros. Y pese a que las mejores cosas en la vida son gratis, de vez en cuando uno necesita dinero para, por ejemplo, comerse una hamburguesa.

¿Y cómo te puedes comer una hamburguesa si no tienes nada en el bolsillo? Pues como se hacen las cosas en el siglo XXI, pidiendo un crédito.

Eso es lo que pensó Lexin Fintech, una empresas nacida hace 5 años que ofrece principalmente a los «millennials» chinos la posibilidad de comprar cualquier cosa mediante microcréditos. Por ejemplo, puedes tener un lapiz de labios por 5 céntimos de euros al mes a pagar en tres años.

Al fundador de esta empresa se le ocurrió esta idea cuando trabajaba en una empresa de comercio online y vio la cantidad de gente que tras pasar un buen rato en su web y añadir cosas a la cesta de la compra, finalmente no adquirían nada, porque no tenían dinero. Veía que los usuarios deseaban comprar pero no podían. El consumismo se había impuesto en China. Así que decidió crear esta empresa de microcréditos cuya fortaleza principal es un algoritmo basado en Inteligencia Artificial que puede aprobar el crédito de un nuevo usuario en cuestión de segundos. Porque a la hora de comprar los minutos no nos sirven, tiene que ser todo de inmediato.

Los usuarios de este tipo de productos suelen ser jóvenes con estudios entre 18 y 36 años de edad y que tienden a ser ignorados por los bancos, pero que el algoritmo selecciona y permite cobrar un tipo de interés muy alto (hasta el 36% anual) a unos clientes con una tasa de morosidad muy baja que ven estos productos como algo de primera necesidad.

Esto marca un contraste con las generaciones anteriores de chinos que se resistían a pedir dinero prestado, especialmente para artículos más pequeños, sólo para préstamos para viviendas, automóviles y otras compras similares de gran envergadura.

Así que cuando la vivienda tiene un precio irracional que te deja sin ahorros, uno acaba comprándose las hamburguesas a crédito. Creo que eso no es lo que imáginabamos como progreso…