Realmente no os voy a contar la historia de un adivino que compraba billetes de lotería y la ganaba, pero casi. Si hay algo que cualquier inversor bursátil busca es esa pista que se adelante a lo que va a hacer el mercado, ese indicador adelantado que te haga ver con garantías si la bolsa va a subir o va a bajar. Muchos se dedican a escribir libros y dar conferencias sobre esto (principalmente con análisis gráfico) y yo me pregunto ¿si tan listos son, por qué no se dedican exclusivamente a invertir? ¿por qué compartir con los demás el secreto de la bolsa, cuando te lo puedes quedar tú y te forras?. Son como los adivinos que en vez de comprar la lotería se dedican a leer el futuro de los demás por unos pocos euros.

Posiblemente solo haya un inversor que haya sido capaz de descubrir esa fórmula secreta, quedársela para él  y llevarla hasta las últimas consecuencias, el otro día publicaron un interesante artículo en Microsiervos sobre James H. Simons

Su historia es una curiosa sucesión de profesiones: primero estudió en el MIT, fue profesor y publicó su doctorado en Berkeley y luego pasó a trabajar en la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) donde la contrataron para romper códigos criptográficos. De allí le echaron a finales de los 60 por estar en contra de la guerra de Vietnam; luego IBM le fichó para que intentara romper la criptografía de Lucifer, un sistema de cifrado precursor del DES.

El momento clave en su vida fue cuando decidió aplicar las matemáticas al mercado de valores. El punto de partida de Simons era que la hipótesis del mercado eficiente era incorrecta. Según esta teoría los sujetos participantes en el mercado y la información disponible tienden a producir un equilibrio y los títulos acaban teniendo «el valor que les corresponde».

Su idea negando estas hipótesis pasaba por encontrar patrones y anomalías, un santo grial que todo economista, broker y matemático ha buscado.

Aquí es donde Simons no revela mucho más excepto que encontró unas cuantas de esas anomalías, que en sí mismas no eran decisivas ni muy notables pero que acumuladas a lo largo del tiempo producían un beneficio. Todo era estadística, algo de probabilidad y aprendizaje automático

Así que fundó un hedge fund, llamado Renaissance Technologies en el que aplicar estas teorías y algunas nuevas, como por ejemplo el trading de alta frecuencia (fue uno de los pioneros) y el arbitraje automático mediante el cual los ordenadores detectan y se aprovechan de diferencias infinitesimales entre precios de los mismos activos.

Se desconoce el patrimonio de James H. Simons aunque se estima que esté por encima de los 10.000 millones de dólares que como no podía ser de otra manera en este hombre, está distribuido alrededor de varios paraísos fiscales que le están dando algunos problemas legales.

Por tanto, la bolsa hoy en día es cosa de matemáticos y científicos y si alguien, por muy mediático que sea te promete grandes rendimientos en sus cursos primero pregúntale como le va a él en sus inversiones (os enlazo al fondo de inversión de uno de los brokers españoles más famosos, que en 15 meses ha reducido el patrimonio de sus clientes a la mitad) y por qué quiere compartir contigo quizás el conocimiento más deseado y valorado por los mercados.