Si hay un sector al que tenemos tirria los ciudadanos es el de la energía ya que nos olemos que algo huele a podrido por ahí. Cuando hablamos de puertas giratorias automáticamente miramos a las de las eléctricas, por ejemplo hace poco más de un mes se nombró al exministro Jordi Sevilla presidente de Red Eléctrica (con un sueldo de 500.000€ anuales) y en la empresa que gestiona el uranio (ENUSA) se quitó de la dirección a un ingeniero para meter a un filosofo socialista que cobrará 210.000€ al año.

Esto es algo que ha ocurrido con todos los gobiernos y me temo que seguirá ocurriendo. De todas maneras sobre el total de la facturación de las eléctricas esos sueldos son una parte ínfima, unos pocos centimillos anuales sobre el total de nuestro recibo. Si eso hiciese que el servicio y el precio fuese mejor creo que todos estaríamos dispuestos a recompensarles por ello con un buen salario.

El problema es que no es así, el pasado 5 de Septiembre la luz alcanzó su máximo anual con cifras no vistas desde Diciembre de 2013 cuando el petróleo cotizaba a 110$ y estabamos inmersos en una ola de frio.

¿Y por qué, en un mes con menor actividad industrial, los pantanos a rebosar, el petróleo a 70$ y una climatología favorable tenemos la electricidad cerca de máximos históricos?

Una pista la tenemos en la multa que puso la  Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) a Iberdrola en 2015 por manipular el precio de la electricidad y ganar con ello 20 milloncejos.

El sistema de fijación del precio de la electricidad en el mercado mayorista funciona como una subasta, en la que cada productor va entrando con un precio determinado y se van cruzando la oferta y la demanda (casación). La última central que participa, la más cara, marca el precio que luego cobran todas. Si se oferta menos energía, por ejemplo porque algunas centrales retiran sus ofertas, el precio se encarece. En ese momento, lo que hizo Iberdrola fue  retirar la producción de las hidráulicas (puesto que había más agua que otros años se había abaratado bastante) y casaron las compras con la energía procedente de las centrales de ciclo combinado, a un precio superior. Las eléctricas tienen la capacidad de ver día a día los precios que va marcando el mercado y actuar en consecuencia.

Esa subasta arrojó un inesperado aumento del 26,5%, que repercutiría en la factura final que paga el consumidor con un incremento del 10,5%. Se producía después de cuatro aumentos anteriores.

No bostante el precio mayorista de la electricidad tiene un peso de solo el 35% sobre el recibo final, alrededor del 40% corresponde a los peajes (primas y subvenciones, transporte de la electricidad…)  y cerca del 25% restante a los impuestos.

El otro día pude ver a un experto en el sector eléctrico que lo resumió perfectamente:

Más del 70% de la generación eléctrica está concentrada en cinco empresas y más del 80% de la compra está concentrada en estas cinco empresas. Se compran y se venden los mismos. En lo que va de año llevamos un 85% más de producción hidroeléctrica que el año anterior y sin embargo nos venden la electricidad más cara. Consecuencia: Moody’s espera que las cuatro mayores eléctricas ganen este año 600 millones de euros más.

Ante este atraco, lo único que podríamos hacer los consumidores sería dejar de consumir electricidad, algo bastante «incómodo» hoy en día así que la alternativa sería abaratar la factura por nuestra cuenta, revisando la potencia contratada, reduciendo el consumo e investigar cuánto te costaría con otra compañía eléctrica. En España hay unas 60 comercializadoras (que no productoras, ojo) de luz que ofrecen más de 500 ofertas de electricidad habiendo una diferencia del 36% entre la opción más barata y la más cara.