El 30 de marzo de 1982 una gran manifestación bajo el lema «Paz, Pan y Trabajo» (y que acaba con un muerto y decenas de heridos) exhibe el descontento de la población argentina contra el régimen militar en Buenos Aires. La frase más coreada fue: “se va a acabar, se va a acabar… la dictadura militar”.

El 2 de abril Argentina invade las Malvinas –antigua reclamación territorial contra sus “ocupantes” británicos- iniciando la Guerra del mismo nombre.

El 11 de abril una gigantesca manifestación en Buenos Aires, entre los que estaban muchos de los que días atrás habían protagonizado otra criticándolos, apoya a la Junta Militar encabezada por Galtieri.

La guerra duró unas semanas, el tiempo que tardó la flota naval del Reino Unido en llegar allí y recuperarlas. En Junio, tras la derrota, se reanudaron las manifestaciones contra el gobierno de nuevo, acusándolos de la derrota militar y empujando a Galtieri a dimitir. El militar que lo sustituyó fue preparando al país para la vuelta a la democracia al año siguiente.

Estos sucesos suponen un recuerdo de mi niñez ya que fue la primera guerra en “presente” de la que tengo memoria, así como la polémica que despertó en España, que se inclinaba por apoyar al país hermano, influida además la opinión pública por el caso de Gibraltar, pero con un gobierno que estaba en el trámite de entrar en la OTAN (lo hizo el 30 de Mayo) y no quería molestar con ninguna postura oficial beligerante (en octubre de ese año el PSOE ganó por mayoría absoluta y la UCD –hasta entonces el partido del gobierno- sufrió un desplome electoral tan grande que de hecho se estudia –como mal ejemplo- en universidades de todo el mundo). Y no puedo evitar relacionar aquellos hechos con la actual situación de Venezuela.

Y no lo puedo evitar porque creo que Maduro es incapaz de reconducir la situación económica de su país que está sufriendo una auténtica crisis humanitaria, y le veo como una persona incapaz de rectificar. Históricamente ante una situación así, en Latinoamérica hace meses que hubiera habido un golpe de estado militar pero por el momento parece que el ejército está del lado de Maduro. ¿Qué puede hacer alguien como él para calmar el descontento popular en una situación tan desesperada como la actual? Y ojalá me equivoque por supuesto pero la opción de utilizar cualquier excusa para atacar –por ejemplo- a su vecino Colombia (años después se supo que los militares argentinos tenían previsto también atacar a Chile) y así intentar manipular con sentimientos patrióticos a la población tal como hizo en su día Galtieri, sube enteros. Una vez más los riesgos económicos y geopolíticos se mezclan…. O se mezclarían si mi miedo se hiciera realidad…

Pero aparte de que es imposible conocer el futuro, lo más habitual es que cuando pensemos en él utilicemos una lógica que es muy probable que en la realidad no exista por más que en nuestro cerebro tenga sentido. ¡Qué poderosa y qué errónea es la tentación de intentar predecir el futuro! Algo que no por común no deja de ser una labor vana. El otro día vi un documental sobre cómo fábricas norteamericanas construyeron techos falsos de cartón piedra para hacer aparentar que sus factorías eran bloques de apartamentos… tal era el miedo –claramente infundado- a los bombardeos japoneses (curiosamente el único japonés que tiró una bomba sobre suelo continental norteamericano tiene una historia curiosísima, os la recomiendo leer por ejemplo AQUÍ). Ni los maestros de la ciencia ficción consiguieron predecir la importancia de los móviles o de las redes sociales o de Google (recuerdo que Assimov pensaba que la información que pudieran proporcionar los ordenadores sería algo muy caro al alcance de muy pocos) y sin embargo se excedieron en mucho respecto a los avances de la carrera espacial. Pero no aprendemos y en economía, y sobre todo en los mercados financieros, no podemos evitar intentar conocer el futuro. ¡Qué error decir que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra! Tropieza muchísimas veces más.

La semana pasada acabó con el S&P500 al borde de marcar nuevos máximos históricos, con los mercados emergentes en tendencia bajista oficial y las bolsas europeas deprimidas… a pesar de la gran noticia del fin del rescate a Grecia. Y efectivamente, el martes los marcó por lo que ya hay una nueva racha alcista (3453 días) del S&P500 que es la más larga de su historia y una de las más rentables, ante lo que las bolsas europeas han rebotado algo con la ayuda también de un debilitamiento del $ que ha aliviado la presión sobre los emergentes (y disparado el €/$, ha llegado a estar por encima de 1,16 tras tocar la semana pasada mínimos anuales en 1,13) aunque también ha ayudado a un fuerte rebote del crudo. Sin embargo, las nuevas implicaciones judiciales de Trump parecen haber frenado algo el optimismo en las bolsas norteamericanas si bien es otra prueba más de la complacencia general ya que en otras circunstancias, un lío político así seguro hubiera provocado ventas agresivas y ahora apenas algo de apatía. Quizás la noticia que más interese a los lectores es que parece que por fin podemos afirmar que hemos dejado atrás los mínimos del Euribor y ahora toca una escalada muy lenta que se irá acelerando según el periodo de año vaya venciendo hacia finales de 2019 (es decir, a finales de este año) porque allí es cuando se esperan las primera subidas de tipos. Nada que deba preocupar de momento y que no deja de ser lógico y previsible, aunque fastidie, tras más de dos años de Euribor negativo. De todos modos, como se puede ver en esta imagen del balance del BCE y sus proyecciones, aunque ya esté pasando el momento de máxima política intervencionista de nuestro banco central –principal motivo de los tipos de interés tan bajos y de la inmensa liquidez en el sistema- aún le quedan muchos más años de influencia.

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