Tengo un conocido libanés que vive allí, y con el que tengo contactos regulares vía whatsapp, que me tiene bien informado de todo lo que ocurre en la zona de forma directa, además de comentarme lo que cuentan los medios árabes, en general ignorados por aquí. Lo conocí hace unos años porque su hermana –que vive en España- se casó con el hermano de un amigo mío y hace unos meses estuvo en Barcelona en un congreso (él es un médico famoso en su país) y tuve oportunidad de conocerle un poco mejor y de charlar sobre la situación de su país. De hecho, él acababa de vender una propiedad en Beirut y estaba deseando traerse el dinero a España porque le daba mucho miedo la situación de su país y quería tener un colchón de reserva “a salvo”. Como para la Hacienda española el Líbano es un paraíso fiscal no era una buena idea y un par de bancos españoles rechazaron el ingreso (esto lo comento para que se vea que alguna cosa hacen bien los bancos de este país) y al final se lo ha llevado a Brasil, donde también tiene familia (hay más libaneses fuera que dentro del Líbano), y no le hicieron ascos al ingreso. Él es cristiano pero, al igual que los musulmanes, está criado en la animadversión hacia los judíos e Israel. De hecho, los españoles no necesitamos un visado para entrar al Líbano pero como en nuestro pasaporte haya algún sello que indique que hemos estado en Israel, no nos dejarán pasar.

El motivo del odio hacia Israel, además de por temas culturales, viene de que este país ha invadido varias veces territorio libanés. Y es que Israel es el país con más libertades de la zona, allí uno puede ser ateo, comunista, homosexual… sin problemas pero el país tiene una política exterior tan agresiva que sus vecinos están hartos. Todos tienen su parte de razón: Israel (que por cierto, esta semana ha cumplido 70 años como país) se siente amenazada por todos y todos se sienten amenazados por Israel. El Líbano es un país con una muy baja autonomía, no tiene capacidad para frenar a las fuerzas de Hezbollah (Irán) que mandan cohetes contra Israel desde su territorio como tampoco para frenar la avalancha de sirios que han llegado los últimos años (se cree que ya son más de la mitad de la población total del país) y su situación financiera es tan desastrosa que se organizanreuniones de donantes internacionales para obtener fondos. Ahora, tras la abierta confrontación entre Israel e Irán utilizando a Siria como campo de batalla, el Líbano queda en medio y los libaneses viven con el miedo a una nueva invasión israelí y los más pudientes están diciendo a sus hijos que estudian en Europa que quizás no sea buena idea que vuelvan a casa este verano.

Ante problemas humanos de este calado los asuntos de la política española parecen nimios pero lógicamente nos afectan más. Creo que en la actualidad hay dos temas: uno es el último CIS que no sólo no pone a C´s primero como otras encuestas, es que marcan, a dos años vista (que en mi opinión será uno), una situación complicadísima con muy pocas diferencias entre los 4 grandes partidos y, lo que es peor para la gobernabilidad, sin que quede claro que la suma de dos de ellos sume 175 diputados. No deja de ser un sondeo pero parece haber puesto muy nervioso a Rivera que, además de mostrarse más crítico con Rajoy y convocar un macro-acto para este domingo (un poco fuera de lugar cuando no estamos ni en campaña ni en pre-campaña electoral), ha pedido que prologue el 155 (algo que no tendría ningún sentido una vez que los parlamentarios salidos de las elecciones del 21D hayan votado por un president)… y con esto enlazo con el otro tema: el nuevo govern catalán.

No entiendo que haya quien se haya sorprendido de la “radicalidad” de Torra. Es evidente que está ahí porque Puigdemont no puede estar y Puigdemont es alguien que intentó hurtar a España casi una quinta parte de lo que ha sido durante siglos y después huyó de la justicia, ¿Cómo no va a ser radical aquel al que ha designado para sustituirlo? Y sus artículos, aparte de empeorar la imagen que del independentismo tenían algunos fuera de España, son como sus discursos: no cambian nada porque mientras no haga nada ilegal, lo que opine o haya opinado no cambia la legalidad de la decisión del Parlament que le ha investido. Lo que está claro es que su actitud beligerante no reducirá la desconfianza y por lo tanto no conseguirá que se acabe el control de Montoro sobre las cuentas que ejemplifica lo que ya anuncié antes del verano: que intentar la independencia de forma unilateral provocaría el efecto contrario y reduciría la autonomía de la Generalitat. El asunto que a mí más me preocupa es si el fin del 155 (que en mi opinión ha sido una oportunidad histórica perdida para haber hecho algo distinto), cuyo único mérito fue frenar la inestabilidad económica vivida en octubre del año pasado, va a tener alguna implicación en inversiones, consumo, empleo etc., sobre todo si se empieza a descontar un panorama de nuevas elecciones en unos meses. Creo que las ideas de unos y de otros están más que claras (incluso las rencillas entre miembros del mismo bando), y también la viabilidad (o no) para llevar esas ideas a cabo pero hay más temas que importan y uno de ellos es conseguir una estabilidad institucional, para beneficio de los ciudadanos, que a día de hoy no parece cercana. ¿Cómo afectará eso a la economía?

Esa es la gran cuestión porque ya sabemos que los mercados son imprevisibles y pueden hacer máximos en bolsa con problemas y riesgos evidentes -como pasó a finales de 2007- y otros extremos menos comprensibles como podemos comprobar en este gráfico que marca que Italia tiene la mayor deuda pública desde 1912 pero paga por ella menos que nunca

pero al final la economía sí se resiente de la inestabilidad. Por eso no deberíamos dejarnos engañar por los últimos movimientos bursátiles: el lío político italiano con una extraña coalición de gobierno plena de polémicas intenciones, los vientos de guerra entre Israel e Irán, la guerra comercial de Trump, la incógnita coreana, el conflicto argentino que también es turco (la lira está en mínimos históricos) etc. al final afectarán a las cotizaciones, que la extrema complacencia no nos engañe. Ya lo estamos viendo con la bolsa italiana que esta semana por fin ha reaccionado a la baja tras comentar aquí hace dos viernes lo extraño que resultaba que fuera la bolsa eurozonera más rentable en 2018. Y a la economía le pasará lo mismo, por más que los “expertos” digan que el bache del primer trimestre en algunas grandes economías como Japón o Alemania (donde se achaca al mal tiempo), se pasará en el segundo. En cuanto a la semana en los mercados, algo de volatilidad (€/$ se acercó a 1,20 aunque ahora está rondando 1,18, el Dow Jones encadenó una racha de 8 subidas consecutivas -explicada por la sobresaliente temporada de resultados empresariales- pero no está claro que acabe la semana en positivo, el CAC francés está fuerte pero el Ibex ha sufrido mal de altura, la moneda argentina marcó nuevos mínimos aunque ahora ha rebotado algo…) aunque de viernes a viernes las cotizaciones de los activos principales no han variado demasiado con la excepción del precio del Brent que está en los 80$ barril y puede disparar los IPCs y con ello aumentar las expectativas de subidas de tipos (el repunte de la rentabilidad de la deuda norteamericana continúa rompiendo máximos de años)

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