Este fin de semana se cumple un año de la última y polémica (más de un millar de policías tuvieron que rodear el Congreso por temor a los manifestantes) investidura de Rajoy, que será recordada como la que se forjó gracias a la abstención de 68 de los 85 diputados del PSOE, semanas después de un golpe de mano dentro de este partido para quitar a Pedro Sánchez por un lado y evitar unas terceras elecciones -que apuntaban a debacle para los socialistas- por otro. Y es que Rajoy estuvo 315 días ejerciendo en funciones. Se podía esperar que tras acabar ese periodo la actividad de su gobierno se aceleraría pero el balance de estos 12 meses es bastante discreto en cuanto a su labor si bien los resultados económicos de España bajo su gobierno han continuado con la misma inercia positiva de los últimos años (de hecho, ha sido muy positiva la EPA publicada ayer).

En su discurso de investidura anunció un pacto por la educación, una revisión del sistema impositivo y una reforma tanto del sistema de financiación autonómica como del de las pensiones. La realidad es que, para contentar a la oposición, suspendió la reválida para entrar a la Universidad y eso es todo en cuanto a Educación; su ministro Montoro –a pesar de pedir la ayuda de un grupo de expertos- lo único que hizo fue subir el tipo de sociedades para poder ajustar el desfase del déficit público, y eso es todo en cuanto a política fiscal; encargó a otros expertos un informe sobre financiación de las CC.AA. que lleva hecho desde hace casi 4 meses y se supone guardado en algún cajón; y las pensiones se están pagando con más deuda –el año pasado la Seguridad Social tuvo el mayor déficit de su historia- porque quizás le dio vergüenza vaciar el Fondo de Reserva que, no obstante, existe precisamente para eso. También pactó un acuerdo con el PNV sobre el cupo vasco pero como éste ya no le asegura el apoyo a los PGE de 2018 (otra actividad en la que se supone trabajó mucho pero que de momento es un fracaso lo que implica que vacía de contenido sus promesas de subidas salariales a los funcionarios el próximo año por ejemplo), también sigue “hibernando”. Y bastante obligado, firmó una reforma de la estiba. Poco más que recordar. Ah, y debido a la crisis catalana, ahora Rajoy parece dispuesto a cambiar la Constitución junto a Sánchez el próximo año.

Su actitud ante el desafío del Parlament y del Govern es quizás el mejor ejemplo de la falta de eficacia de Rajoy durante su primer año de esta legislatura. A pesar de la rebeldía de Puigdemont y de su desacato a las órdenes del Tribunal Constitucional, Rajoy fue incapaz de evitar el, más que previsible desde hace meses, 1-O y además, perdió la batalla propagandística cayendo en la trampa de usar fuerzas de seguridad contra urnas. Con todo el apoyo legal, internacional y económico, dejó que la situación empeorara más y más y se limitó a pactar una aplicación del artículo 155 tras darle varias oportunidades a Puigdemont sobre si había declarado o no la independencia, dando a entender que eso era lo único grave que había hecho. Al final, parece que lo aplicará pero, en lugar de aprovechar esta oportunidad histórica para hacer algo diferente y cambiar la deriva de la autonomía catalana, se va a limitar a cesar a algunos altos cargos y convocar elecciones lo más pronto que puedan, elecciones que no sólo no resolverán nada (las encuestas lo dejan todo igual con la salvedad de un mayor número de diputados de izquierdas), es que mantienen la incertidumbre durante varios meses más (aparte de que los que gobiernen volverán a colocar a altos cargos de su cuerda allí donde se quitaron). Y si vuelve a salir una mayoría de escaños a favor de la independencia en unas elecciones convocadas bajo el 155 (peor aún si la mayoría es en votos), será muy complicado argumentar desde el gobierno que no son mayoría. Y aunque a mi personalmente me parezca insuficiente para cambiar un status quo de siglos, es evidente que dará más potencia a la reclamación independentista.

Así pues, se le podría disculpar a Rajoy la falta de actividad de su primer año debido a que la economía no le necesita para ir avanzando (hasta el déficit mejora gracias a los mayores ingresos por mayor actividad económica) y a que al no tener mayoría en el Parlamento, prefiere no legislar sin tener los suficientes apoyos pero en el tema catalán no merece perdón. El “España se rompe” con que tantas veces amenazó su partido no ha estado nunca más cerca que cuando él lleva 6 años gobernando, 4 de los cuales con mayoría absoluta. Ya no hay excusa con la herencia recibida y aunque es cierto que es muy difícil luchar contra quien se sale de la Constitución y que va de patriota catalán a la vez que monta un lío a sabiendas que hunde social y económicamente a toda Cataluña -ya veremos por cuánto tiempo- a pesar de no haber tenido nunca la más mínima posibilidad de éxito, lo cierto es que Rajoy, como máxima autoridad ejecutiva del país, es responsable de no haberlo evitado. Y por eso le suspendo este año ya que las perspectivas con las que lo cierra son mucho peores que las que había cuando inició esta legislatura: este último trimestre se reducirá el crecimiento y por tanto la creación de empleo (si es que no aumenta el número de parados) y la incertidumbre provocada por la tibieza y lentitud de sus decisiones arrojan una expectativa negativa para los próximos meses. Su dimisión o al menos el anuncio de que no se volverá a presentar sumado a una convocatoria adelantada de elecciones generales, mejoraría mi voto para el próximo año.

En cuanto a los mercados, Octubre ha seguido la tónica de los últimos meses: Wall Street con pequeños pasos va marcando máximo tras máximo, Europa aunque tarde se va sumando a los avances, las bolsas del resto del mundo también suben con fuerza y el Ibex sin embargo lleva desde el verano comportándose peor que el resto. Tras el anuncio del primer repliegue de estímulos en 6 años anunciado por BCE pero para nada inminente, las bolsas se han alegrado, el crudo ha subido, el euro ha bajado y el mercado de deuda se ha mantenido calmado. Esta tranquilidad dará aún más importancia a lo que pase en Cataluña porque cualquier excusa puede hacer rebotar la bajísima volatilidad actual. Y por desgracia, y llevo advirtiendo mucho tiempo de la gravedad de este tema con acierto aunque espero empezar a equivocarme ahora, una declaración de independencia por un lado y una aplicación del artículo 155 por otro, difícilmente no va a derivar en violencia y más y más incertidumbre para el futuro de toda España.

Como imagen, el destacable comportamiento de Wall Street desde que empezó la crisis, al principio siendo el activo menos rentable pero que con los años ha acabado sobresaliendo entre todos

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