Quiero decirte una palabra. Solamente te diré una palabra.
– Lo escucho señor.
– ¿Estás atento?
– Sí, señor.
– Plásticos.

Este fue el consejo empresarial que recibió Benjamin Braddock (Dustin Hoffman) en «El graduado», película que cumple 50 años. Y realmente, estos 50 años han sido los años del plástico. Echa un vistazo a tu alrededor ¡Hasta tu dinero es de plástico! Te lo digo yo, desde mi teclado de plástico a golpes de click de plástico.

Si la película se rodase ahora, la historia con la señora Robinson seguramente fuese menos chocante y el consejo habría cambiado un poco.

– Quiero decirte una palabra. Solamente te diré una palabra.
– Lo escucho señor.
– ¿Estás atento?
– Sí, señor.
– Robots.

Al menos, esos son los consejos que están dando últimamente los que saben de esto.

Marck Zuckerberg dio hace poco su discurso en la Universidad de Harvard

Nuestra generación tendrá que lidiar con decenas de millones de puestos de trabajo sustituidos por la automatización, como los coches y los camiones autónomos.  Cuando nuestros padres se graduaron, ellos confiaban en su trabajo, su iglesia y su comunidad. Pero hoy, la tecnología y la automatización están eliminando muchos trabajos. Muchas personas se sienten desconectadas y deprimidas, y están intentando llenar ese vacío.

Bill Gates recientemente tuiteó sobre lo mismo (recordando a la peli «El graduado») pero desde un punto de vista más positivo. Si el desplazamiento de la mano de obra por robots es inevitable ¿por qué no unirse a la revolución? ¿por qué no beneficiarnos de ello?

En una reciente entrevista comentó que los robots debían liberar mano de obra «y dar a los graduados la oportunidad de concentrarse en labores que nos permitan hacer un mejor trabajo para llegar a los ancianos o ayudando a los niños con necesidades especiales. Todas esas son cosas en las que la empatía y la comprensión humana son todavía muy, muy únicas «. Hay una manera contra-intuitiva de abordar el surgimiento de los robots.

Sólo en EEUU se espera que la robótica y la inteligencia artificial cree 15 millones de nuevos empleos durante los próximos 10 años. A cambio, destruirá 25 millones de trabajos. Por tanto o estás en el lado de los que se crean o en el de los que se destruyen. Tu eliges.

Por otro lado, hay trabajos a prueba de robots, como compositores y artistas, trabajadores de la salud, especialistas en cuidado de ancianos, trabajadores de cuidado de niños, ingenieros, profesores, psicólogos y ejecutivos de recursos humanos, por poner unos ejemplos. En especial los que corren peligro son aquellos con bajo valor añadido y poco sueldo.

Por tanto la robótica se presenta tanto como una amenaza como una oportunidad y más allá de intentar impedir lo inevitable quizás lo mejor sería asumir que hay ciertos trabajos que tarde o temprano serán sustituidos por máquinas, mientras otros nuevos empleos más valiosos pero que requieren de más formación surgirán.

Para el que no se adapte, el cambio será dramático no solo porque pierda su trabajo para siempre si no porque también perderán parte de su sentido en esta vida.