Ayer fue el día de los enamorados y me acordé de la canción «I´m not in love» del grupo 10cc un tema cuanto menos curioso ya que como su título indica, se trata de un tipo que no está enamorado, algo a lo que no se le suele cantar mucho. Realmente a los 10cc se les recuerda por esa canción y porque cuando uno iba a comprar discos, estaban siempre los primeros. O ellos o los Abba y es que algo tan tonto como la primera letra de un nombre, puede marcar la vida de un grupo, una empresa o una persona. Y si no que se lo digan a ZZ Top, que estaban siempre los últimos y lo sabían.

El abecedario influye en nuestras vidas más de lo que pensamos. Es absurdo e injusto, pero lo hace y el otro día en Bloomberg escribieron un interesante artículo al respecto.

Por un lado comentan un estudio en el que se descubrió que los que tenían apellidos con letras muy avanzadas en el alfabeto rendían menos en la escuela secundaria y en la universidad, y en el mercado de trabajo al comienzo de sus carreras. Las conclusiones sugieren que los docentes prestan menos atención a los alumnos que figuran más abajo en las listas de sus clases. En promedio, los alumnos del secundario en el conjunto de datos tenían una probabilidad de 11.3% de ser designados como estudiante “sobresaliente” en su curso de graduación.

¿Y en las inversiones?

Dos estudios publicados el año pasado en «Review of finance» encontraron que las acciones con nombres más cercanos al comienzo del alfabeto tienen más movimientos bursátiles que las que están cerca del final. Estas empresas además tienen unas valoraciones más altas. Los autores descubrieron el mismo efecto en los fondos de inversión: Aquellos más cercanos a la «A» atrajeron más dinero que los cercanos a la «Z».

Puede parecer ilógico elegir una inversión basada en su nombre. Pero eso no es exactamente lo que está sucediendo. Muchos inversores no tienen tiempo para revisar todas las acciones, por lo que toman un atajo. Los investigadores Jennifer Itzkowitz de la Universidad de Seton Hall, Jesse Itzkowitz de la Universidad de Yeshiva, y Scott Rothbort de la Universidad de Seton Hall concluyeron que : «Cuando se enfrentan a un gran número de opciones, las personas a menudo eligen la primera opción aceptable, en lugar de la mejor opción posible».

Y es lo que nos ocurre muchas veces, tenemos tanto donde escoger en tantas cosas que muchas veces el factor diferenciador es algo tan absurdo como que su nombre esté arriba en el abecedario perdiendo grandes oportunidades por no esforzarnos en llegar hasta la Z.