Una de las parábolas que más éxito tiene para explicar las burbujas es esta:

Un señor con mucho dinero fue un día a un pueblo y ofreció, a quien le vendiera su burro, un precio algo mayor de lo que realmente valía, pongamos que si el burro valía 200 €, este señor ofreció 250. Muchos vendieron sus burros.
A la semana, el señor volvió ofreciendo en este caso 300 €. Otros muchos, que anteriormente no vendieron, sí lo hicieron en esa ocasión.
A los pocos días volvió el señor ofreciendo 350€. Como es normal, todos los que quedaban vendieron sus burros, quedándose ya el pueblo sin ninguno, y éste señor se fue con todos pero con la promesa de que volvería y, como no quedaban, a quien le vendiera más le llegaría a ofrecer ¡600 €!

Al cabo de unos días apareció otro señor, desconocido en el pueblo, que vendía burros a un precio de 450 €. Claro, era mucho más del valor inicial pero muy por debajo de lo que había prometido el comprador, así que los habitantes del pueblo se endeudaron para poder comprar estos burros a 450, con la esperanza de venderlos muy por encima.

Ya os imagináis cómo acaba la historia, el comprador no volvió –quizás hasta fue el mismo que vendió los animales a 450€- y el pueblo acabó con unos activos –en este caso burros- pagados a un precio desorbitado con un dinero que no tenían que tuvieron que pedir prestado. Es decir, acabaron endeudados sin obtener ningún beneficio de ello. Quizás lo que más atrae de la historia es que exculpa al pueblo del problema ya que establece el origen en un estafador que les engañó y a todos nos gusta echar las culpas lejos de nosotros olvidando que sin la codicia nada de esto hubiera pasado.

Llevamos años con la discusión acerca del grado de culpabilidad del pueblo llano en la burbuja inmobiliaria y yo sigo pensando que es mínima porque sí, hubo codicia, pero cuando las autoridades alientan un comportamiento irresponsable a una población sin formación financiera por culpa de unos planes de estudios decididos por esas mismas autoridades, es evidente que no están en un mismo plano de responsabilidad, por ejemplo, aquel que pidió una hipoteca puente y el gobernador de banco de España o el ministro de economía. Tampoco creo que esta crisis fuera planificada por alguien buscando un pelotazo, hubo quien la previó y hubo quien reaccionó ante ella con agilidad e inteligencia pero al final, su desarrollo ha sido imprevisible y el pánico de 2008 en el mundo y en 2010 y 2012 en la Eurozona fue real incluso para los millonarios y financieros mejor informados. Lo que sí es cierto es que en la burbuja inmobiliaria fue necesaria la participación ciudadana y sin embargo, de la burbuja actual de montañas de deuda emitida a tipos de interés ultrabajos todos somos ajenos. Muchos se benefician del Euribor bajo, otros son perjudicados porque sus ahorros en el banco no tienen apenas rentabilidad y ya está. El día que esta situación irreal estalle de la forma que sea nadie podrá echarnos las culpas.

Incluso cuando nos digan que somos responsables por votar a uno o a otro, es falso porque todos defienden lo mismo. Es curioso el consenso mundial de todos los gobiernos: “gastad, consumid, endeudaos y si no conseguís endeudaros, daré todo el apoyo a la banca posible para que pueda concederos créditos. Y si eso no es posible, entonces endeudaré al país en vuestro nombre aprovechando que el banco central de turno, presionado por mí, ha bajado los tipos de interés a niveles irreales y ha comprado toda clase de activos para que haya liquidez de sobra en el sistema”. Pero es que las oposiciones a esos gobiernos defienden lo mismo si no más, porque algunos defienden incluso una política de BCE aún más agresiva, es decir, seguir hinchando la burbuja porque es de ingenuos pensar que algún gobierno vaya a reducir la deuda pública mientras pueda emitirla casi gratis y así pueda evitar tener que recortar gastos o aumentar ingresos, siempre algo más laborioso y que suele restar votos. Antes de 2008 muchas voces proponían medidas para evitar que se siguiera hinchando la burbuja y otras muchas la negaban –curiosamente también de todas las ideologías- pero había un cierto debate, en la actualidad todos parecen coincidir con lo excepcional de la situación a la vez que la ven como inevitable, como si no hubiera otra forma de salir de esta que el constante uso y abuso de la política monetaria extrema. Y quizás a estas alturas sea algo completamente cierto, quizás sea demasiado tarde para cambiar y sólo quede confiar en nuestras autoridades ya que nada podemos hacer pero a mí al menos me cuesta horrores tener esa fe.

Los mercados financieros sí parecen confiados, quizás no en los políticos pero sí en los bancos centrales aunque la semana ha ido de más a menos. El lunes una sesión alcista destacando de nuevo las bolsas eurozoneras gracias a la fortaleza del $ que debilita al € y con un Ibex que parece decidido a borrar las pérdidas anuales (ya eliminadas si tenemos en cuenta dividendos) con la excusa de la formación de gobierno… y el resto de sesiones menos optimistas, con el crudo menos motivado a subir y con el Ibex dándose cuenta que un gobierno débil con un Parlamento en contra puede generar más inestabilidad que uno en funciones (que por cierto, cierra con un muy buen dato de la EPA). En cualquier caso la estacionalidad favorable y la sobreventa del sector financiero parecen argumentos convincentes para apostar por un Octubre en verde. Aparte estos días las dos noticias de mayor calado en los mercados vinieron de los EUA: la fusión AT&T y Warner y el inquietante pico que parece haber alcanzado Apple tanto en ingresos como en ventas (aunque sigue ganando dinero a espuertas). Como imagen, el IPC español desde 1950; nada mejor que la perspectiva temporal para comprobar lo excepcional de la actual situación que, no lo olvidemos, tiene todo el aspecto de cambio de tendencia debido al rebote del precio de las materias primas:

 

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