Mi sobrino Martín tiene 8 años y como cualquier niño es un tipo feliz. Se lo pasa pipa viendo las películas de este año, como «Los Cazafantasmas», «Las tortuga Ninja» o la última de «La guerra de las galaxias» aunque a él lo que realmente le gusta es jugar con el Lego… Vamos, exactamente lo mismo que yo cuando tenía 8 años (aunque las películas de mi época eran mejores).

Lo que más me preocupa de mi sobrino es que desde que nació siempre ha vivido en crisis económica. Se puede debatir si seguimos o no en ella, pero creo que todos coincidimos en que no vivimos un momento especialmente esperanzador en cuanto a lo económico y el recuerdo que tendrá cualquier chaval nacido este siglo es que en su niñez los padres no hacían más que hablar de crisis. Vale que algunos tienen móviles, que otros puedan ser marquistas, muchos consumistas pero todos se han impregnado de ese raro y pesimista ambiente económico que de alguna manera les va a hacer diferentes a nosotros, los que de todo hacíamos una pelota y jugábamos en la calle, los que reparábamos los juguetes, los que jugábamos a médicos, bomberos o policías, convencidos que algún día podríamos ser médicos, bomberos o policías.

Esta nueva generación no consumen en el sentido tradicional y eso supone grandes desafíos para el crecimiento y la prosperidad futura de cualquier país y negocio. En este artículo comentan los hábitos de consumo de los jóvenes.

Por ejemplo, para ellos ahora lo que supone un cambio frente a los demás, lo que marca quienes son, no son los mismos elementos que se usaban hasta ahora. Los consumidores anteriores empleaban su casa o su coche para decir quiénes eran. Los millennials viven de alquiler y solo compran coches cuando son necesarios (y lo hacen desde un punto de vista pragmático), por lo que en realidad confían en las experiencias de consumo como marca de estatus.

Como leí en otro artículo (quizás exagerando) «prefieren un Selfie a un coche» y esto, a la fuerza hace que negocios tradicionales y sectores que sustentan un país se vean en la necesidad de regenerarse o morir. Imaginemos por un momento que lo de «preferir un selfie a un coche» fuese literal y que empresas como Uber, Cabify o Blablacar sustituyesen al coche para los viajes largos y que las bicicleta lo hiciesen para los viajes cortos. En este supuesto, España se tendría que despedir del 8.7% del PIB nacional y el 9% del empleo. Vale, es exagerado pero asusta y la amenaza está ahí.

Afortunadamente el consumo no desaparecería, se sustituiría y es que el «selfie» para que valga, hay que hacérselo con algo y alguien, por ejemplo en un bar o restaurante, de ahí que el año pasado creciese un 3,6% el número de bares. El informe de Nielsen presenta conclusiones interesantes.

Y es que el bar debe ser más eBar que nunca, estar en la red para saber no solo qué dicen, sino para llegar a nuevos consumidores, sobre todo los millennials, que merecen un capítulo aparte. Son asiduos a las cadenas de restauración, adictos a las ofertas (los cubos de cerveza, cañas a 50 céntimos, etc.) e hipersensibles al precio, no en vano tienen dificultades de renta y se incorporan de forma tardía al mercado laboral (lo que les convierte en viejennials cuando empiezan a trabajar).

Incluso las empresas que mejor se identifican con los jóvenes tienen problemas para entenderlos y satisfacerles, por ejemplo Mac Donalds está perdiendo la batalla de las hamburguesas viendo como sus clientes se están yendo hacia experiencias más «gourmet».

Respecto a su actitud frente a la compra de vivienda, el topicazo dice que prefieren el alquiler frente a la compra y si nos basamos en los datos es así pero desgraciadamente lo es porque no tienen otra alternativa, en Fotocasa hicieron un estudio al respecto (comentado en El Confidencial)

Muchos de los que viven de alquiler no han elegido esta opción frente a lapropiedad porque sean firmes convencidos del alquiler, sino porque no pueden comprar. Si pudieran comprar, comprarían, si bien no lo harían ahora mismo, ya que la mayoría de los encuestados piensa que con el nivel actual de los precios de la vivienda sale más a cuenta alquilar que comprar.

Y aquí tenemos a otro sector que podría verse afectado por las nuevas tendencias de consumo, el de la construcción, el que nos trajo esta crisis al pasar del 11,6% del PIB en 2005 al 5.5% diez años después.

Si a todos estos retos le añadimos una pirámide poblacional invertida y un entorno de tipos de interés negativos (que irán acercándose al cero) los retos para cualquier país (y negocio) son enormes. Lo que está claro es que esto no se arregla construyendo radiales y casas.