La estafa piramidal es un esquema de negocio que se basa en el continuo y cada vez mayor aporte de nuevos socios y nuevos fondos al esquema, ya que las ganancias de los primeros llegados son las aportaciones de los últimos, al no existir una actividad real que sustente el negocio. De este modo, si los nuevos socios y sus aportaciones igualan o superan los pagos que hay que realizar a los socios ya existentes, el sistema funciona. Cuando la población de posibles participantes cae, los beneficios de los participantes originales disminuyen y muchos participantes terminan sin beneficio alguno tras haber financiado las ganancias de los primeros. Es entonces cuando el sistema colapsa y pasa a ocupar las primeras planas de los periódicos.

Uno de los primeros casos de estafa piramidal tuvo lugar en los años 70 del siglo XIX. Su creadora fue Baldomera Larra, hija del escritor y periodista Mariano José de Larra. El engaño comenzó a gestarse cuando su marido se fue a América tras el regreso de Alfonso XII a España y ante su precaria situación comenzó a acudir a prestamistas. Los intereses que tenía que pagar eran tan altos que a cambio prometía el doble de lo que le habían prestado. Sin embargo, el dinero que devolvía procedía de otro cliente al que le había hecho la misma oferta. Su fama de cumplidora se extendió tanto que llegó incluso a crear la Caja de imposiciones, así como una fundación de ayuda a los pobres, que duró hasta que la trama se destapó en 1876.

Carlo Ponzi, de origen italiano pero emigrado a Estados Unidos, hacia 1920 vio un suculento negocio en los cupones de respuesta internacional que la gente enviaba desde Europa a sus familiares. Cuando detectó que el tipo de cambio de estos cupones tenían un valor superior en América del Norte, Ponzi creó su propia compañía: Security Exchange Company, en la que se prometían altos beneficios a los inversores. Todo se vino abajo cuando el diario The Boston Globe descubrió que Ponzi pagaba parte de esos intereses con el dinero de otros inversores hasta crear una inmensa pirámide fraudulenta. Es lo que se conoce como el “esquema de Ponzi”.

Un caso más actual ha sido el de Bernard Madoff. El gestor de carteras estafó alrededor de 50.000 millones de dólares al frente de su compañía, Bernard L. Madoff Investment Securities, apoyándose en el esquema piramidal de Ponzi. En 2009, el que fuera presidente del Nasdaq entre 1991 y 1993, fue condenado a 150 años de cárcel por diversos delitos de estafa.

En España, los casos Afinsa, Forum Filatélico o Sofico fueron famosos en su momento y sus consecuencias aún se dirimen en los juzgados.

Pero ¿cómo es posible que un sistema de pensiones pueda ser considerado como un sistema piramidal?

Sencillamente porque, como en cualquier negocio de este tipo, el dinero que aportan los nuevos entrantes se utiliza para pagar a los que salen. La diferencia está en que, en vez de llamarle estructura piramidal, hablamos de “pacto intergeneracional”. Término más bonito, pero con el mismo significado: pagan los socios nuevos a los antiguos. Hasta que ya no basten los nuevos o haya demasiados antiguos.

Nada que ver con la contratación de cualquier plan de pensiones con una entidad privada, en el que las aportaciones que el cliente realice se invierten para realizar los pagos pactados en el momento de la jubilación, nunca se usan para pagar a los clientes que ya se han jubilado. Así como tampoco están sujetos a limitaciones del tipo de tener que cotizar un mínimo de 15 años para poder optar a una pensión, sin opción de, al menos, poder recuperar lo pagado, aunque no sea en concepto de pensión. O que las pensiones de viudedad sean la mitad.

Pero el sistema se está rompiendo. Las causas son principalmente tres, pero todas relacionadas con el hecho de que no sea un sistema de capitalización. La primera y más clara es la demográfica: la estructura poblacional está dejando de ser una pirámide para parecerse más a un ánfora, y con intenciones de convertirse en una copa. A día de hoy la masa de población comprendida entre 0 y 30 años es menor a la población comprendida en la franja entre los 30 años hasta los 60 años… por lo que, de forma natural, el sistema de pensiones se viene abajo porque el propio esquema poblacional en forma de pirámide que lo sustenta está cambiando.

La segunda causa es el coste medio mensual de las pensiones. En el año 2014, cada mes el Estado se gastó 8.126 millones de euros para pagar las pensiones. En la última década el coste de las pensiones ha subido a un buen ritmo (hasta el 8% en algunos momentos de los años de la burbuja inmobiliaria). Este factor se ha visto frenado por la congelación de facto que ha impulsado el Gobierno al imponer una subida del 0,25%, posiblemente hasta el fin de los tiempos.

El último factor y no por ello menos importante, está en los niveles de desempleo de España. A fin de cuentas, un parado es alguien que no forma parte para mantener el sistema de pensiones, es más, hasta que se le acaba, él también recibe prestaciones. España, con una tasa de desempleo que ronda el 20% y con un paro juvenil de España del 50%, tiene muy complicado generar suficientes recursos, ya no para pagar las pensiones actuales, sino para asegurar las de los actuales cotizantes.

Es por eso que posiblemente, si realmente no se hace algo al respecto, asistamos en unos pocos años al derrumbe de lo que podría ser denominado como la mayor estafa piramidal de la historia, si se llega a producir la augurada quiebra de la caja de la Seguridad Social.