Cuando empezó la popularización del ordenador personal en España fue de la mano de internet y  se inició en algunas oficinas. Muchos empezamos a disfrutar de la red en el trabajo porque era raro que tuviéramos un PC en casa y mucho menos que navegáramos porque cada vez que lo intentábamos costaba bastante tiempo y dinero. Y de repente, en pocos años algo que era tan raro se convirtió en lo más normal del mundo y desde que empezaron a usarse los dispositivos móviles para acceder a internet raro es el español que no se conecta a diario o que incluso nunca deja de estarlo. En todo este proceso muchísimas empresas han fracasado siendo lo más famoso la sucesión de quiebras acaecidas a partir del desplome bursátil de las “.com” en el 2000. Aquello ocurrió porque se sobrevaloraron las “visitas” a las páginas cuando, cual si fuera una tienda física con unos grandes escaparates pero que nunca vendiera nada, la gente no estaba preparada para gastar dinero en la red. Yo recuerdo que la primera vez que abrí una cuenta de mail pensé que el servicio sería gratuito para acostumbrarnos a todos a usarlo y luego cobrarnos por ello. Me equivoqué y ahora hay servicios de todo tipo que podemos disfrutar sin pagar por ellos. Sí, nos gastamos más en aparatos y en la factura de nuestra operadora telefónica pero lo que es en contenidos y servicios, podemos no gastar nada y aún así tener mucho. ¿Es un modelo sostenible?

Precisamente el otro día un forero se preguntaba lo mismo, ¿cómo es posible que haya tantas aplicaciones gratuitas y ganen lo suficiente como para gastar en anuncios de TV para ofrecerlas? Y está pasando, desde juegos populares como el Candy Crush a formas de comunicación como el Whatsapp pasando por servicios muy útiles como el Google Maps, detrás hay un gasto en programación y mantenimiento que, aparentemente, no les merece la pena. No es lo mismo que cuando varias webs empezaron a ofrecer cuentas de mail gratuitas hace casi dos décadas, entonces intentaban amarrar a potenciales clientes y la mayoría fracasaron. De aquella época apenas queda(ba) Yahoo. Pero las aplicaciones actuales –con alguna salvedad como las de Google- no suelen ofrecer nada más que un producto gratuito y aunque suelen intentar que nos gastemos dinero en alguna mejora (¿pagar por vidas en algún juego?) dudo que obtengan muchos ingresos de ello. Entonces, ¿Cuál es su base financiera? Bien, hay que distinguir las que viven sobre todo de la publicidad que vemos (Facebook es el mejor ejemplo) y las que viven básicamente de tomar información de nosotros con la que ofrecernos publicidad que en muchas ocasiones ni siquiera somos conscientes que lo es.

¿Quién no ha navegado buscando un billete de avión a un determinado sitio y de repente en los días siguientes todo son banners relacionado con ello? El otro día me enseñaron esta web http://webkay.robinlinus.com/ en la que si entras aprendes lo que cualquiera con unos conocimientos mínimos puede saber de ti sólo por entrar en un link. Ya hay estudios que demuestran que las marcas pueden predecir comportamientos de los consumidores por los videos que miran. Y aparte de lo inquietante que resulta, en mi ignorancia me sigue resultando insuficiente su rentabilidad económica como para que “la red” ofrezca tantos servicios gratuitos. Quizás el efecto de la publicidad dirigida que pueden ofrecer sabiendo tanto de nosotros en millones y millones de personas sí que produzca un beneficio tal como para justificar tanta gratuidad pero lo dudo mucho. Sinceramente desconozco la efectividad de todo esto y me da la impresión que estamos en una burbuja de aplicaciones gratuitas similar a la que había en el 2000 con las webs gratuitas.

Cuando alguien crea alguna aplicación con cierto éxito de público, una gran empresa se la compra pagándosela bien ¿Cuánto durará eso? No lo sé pero sí está claro que el conocernos tanto tiene algún valor y las compañías que mejor rentabilicen ese conocimiento sobrevivirán. Y la banca tradicional tiene miedo a Google y a Facebook (todos deberíamos tenerles un poco) porque conocen muy bien a cientos de millones de personas y además tienen la suficiente solidez financiera como para empezar a ofrecer servicios bancarios a medida de clientes de los que saben casi todo. Y los tipos de interés negativos, la progresiva desaparición del dinero físico y la desconfianza hacia el sistema bancario tradicional animan a ese posible cambio. ¿Es ese el objetivo último de todo esto, quedarse con el negocio de la banca? Podría ser…

En cuanto a la semana en los mercados el lunes empezó muy fuerte por el aparato mediático irresponsable –o interesado- que valoró como buenos los resultados de los stress test a la banca aunque la alegría duró poco y retomaron las ventas agresivas en bancos eurozoneros. Eso, a pesar del rebote del jueves, ha marcado la semana y de momento el mes de agosto: dudas y más dudas sobre la viabilidad del sector financiero europeo contrastando con la fortaleza de las bolsas norteamericanos donde, a pesar de que los bancos tampoco van bien, brillan las grandes tecnológicas –cuyos beneficios vienen en gran parte del resto del mundo- que cada vez tienen más peso en los índices, distorsionando la relación entre Wall Street y la evolución de la economía interna de los EUA. De hecho, el dato del PIB del último trimestre que salió el viernes fue muy decepcionante pero en lugar de afectar negativamente, se tomó como un signo más de que la FED no subirá los tipos pronto y debilitó al $, algo que aún aumenta el positivismo hacia las multinacionales ya que son más competitivas en el exterior.  Mientras, la rentabilidad de la renta fija sigue batiendo récords a la baja por la acción de los bancos centrales y el panorama deflacionista. Por último, la exclusión del CSFB y el Deutche Bank del Eurostoxx50 muestra una vez más lo tramposos que son los índices respecto a la tendencia general: cuando los valores van muy mal, se eliminan y se cambian por otros que van mejor, de este modo ahora se reduce el peso del sector financiero, que es el que más resta en la actualidad, en el índice de los mayores valores de la Eurozona y de este modo se espera que deje de caer. Es otra mala noticia para el Ibex, en el que no es posible a día de hoy excluir a ninguno de sus bancos por mucho que bajen ya que las normas lo impiden mientras sean valores tan negociados. Y como imagen, el mapa de la EPA (más detalles en el último link abajo) que muestra el mal dato global –aunque la tendencia sea positiva- y también las enormes diferencias entre autonomías, lo que arroja dudas sobre los que dicen que el alto paro español es por la regulación laboral ya que es la misma en Vizcaya y en Cádiz:

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