Hasta ahora el año en los mercados me había sorprendido porque suelo fallar en mis predicciones a medio plazo y sin embargo se estaba desarrollando de forma muy similar a como pensaba cuando empezó (y que compartí con vosotros): un primer mal trimestre en las bolsas con mínimos en las materias primas que serían un momento ideal para invertir y quedarse largo subiendo el stop-profit según nos acompañara la tendencia para asegurarnos la ganancia aunque se diera la vuelta. Personalmente llevaba desde octubre deseando que ocurriera algo como lo que pasó en febrero y además pasó justo cuando pensaba que pasaría y cuando estaba preparado con liquidez para empezar una inversión de largo plazo. Difícil que me pudiera salir mejor: todo lo que compré y que recomendé comprar (materias primas y acciones relacionadas con ellas) a quien me preguntó ha dado una gran rentabilidad en menos de 4 meses. Tanta, que me hizo dudar si no era mejor vender y hacer caja que seguir comprado en activos de riesgo que, con la volatilidad actual, pueden girarse violentamente. Los argumentos para seguir invertido, y que valen para todo aquel que esté comprado en bolsa (en general, el Ibex es otra cosa y por eso llevo meses desaconsejando estar en él y resulta que hasta Banco de España está de acuerdo), son básicamente tres:

Y sin embargo, la decisión que tomé cara a mis inversiones, pensadas para el largo plazo, fue la de deshacerlas sin llegar a cumplir los 4 meses, destacando la última que he cerrado: el crudo, que compré por debajo de 30$ cuando los grandes “expertos” del mundo hablaban de que se iba a ir a 15$ y vendí la semana pasada por encima de 50$. Algo malo pasa cuando un activo clave para la economía real del mundo se comporta como un chicharro bursátil que casi dobla su precio en apenas 4 meses. Al final lo único que he mantenido es un fondo que invierte en materias primas agrícolas (que es lo que menos ha subido). ¿Por qué lo hice -para regocijo del Montoro de turno que haya cuando toque presentar el IRPF en 2017- si sigo pensando que a largo plazo el crudo, el aluminio, el cobre etc.(y las acciones de empresas ligadas a ellos) tendrán un precio muy superior al actual? Primero que dejar de ganar es menos malo que perder y segundo porque, como se ha demostrado este año, mi filosofía de estar en liquidez la mayor parte del tiempo e invertir sólo en momentos puntuales ideales (que suelen ser cuando todo el mundo vende y más negativos están los analistas) es mucho más rentable que estar siempre comprado y exige menos tiempo de preocupación. Y es cierto, como dije antes, que la fortaleza de Wall Street es una señal alcista para la bolsa y que el año económico está mejorando según avanza y que si se busca una gran rentabilidad, es difícil encontrar una alternativa a la bolsa… De hecho, mi opinión –que no mi apuesta- es que en diciembre los índices bursátiles estarán más arriba que ahora…

PERO los riesgos están creciendo: ¿qué pasa si gana el Bréxit en el referéndum de la próxima semana y con ello se acelera por efecto contagio la –para mi inevitable- ruptura de la Eurozona, cuán peligroso puede ser el mercado este verano con la volatilidad y bajo volumen que está habiendo convirtiendo una inversión razonada en casi una apuesta a rojo o negro en el casino y, yendo un poco más allá: alguien sabe qué pasará si en noviembre gana las presidenciales norteamericanas un tipo como Trump? Esto en lo referente a lo previsible que luego están los cisnes negros, claro. Si a esto se suma que estando el IPC en negativo en España (y la inestabilidad política parece garantizar que aquí la deflación persistirá), basta con tener el dinero en una cuenta corriente al 0% para no perder poder adquisitivo, y que personalmente pienso que en 2017 se avecina una nueva crisis financiera en la Eurozona (algo que la cotización de los bancos parece empezar a descontar también), pues estoy mucho más tranquilo en liquidez esperando, sin prisas, una nueva oportunidad. Eso no significa que los demás deban hacer lo mismo, ya dije que suelo ser mal profeta en el medio plazo y además, lo que cada uno haga con sus ahorros, que suelen ser fruto de años de trabajo, es una de las decisiones más importantes que puede tomar una persona en su vida y la debe tomar uno mismo y si no se atreve, contratar a un asesor de confianza o bien huir de los activos de riesgo. Por desgracia, la educación financiera brilla por su ausencia en nuestros planes de estudio y la gente sigue fiándose de columnistas de prensa o de expertos nada independientes cuando no lo hacen de anónimos que comentan en foros de bolsa. Yo sólo digo lo que he hecho yo y por qué, nada más.

En el muy corto plazo creo que, aunque sea por un resultado ajustado, al final el Reino Unido se quedará en la UE y eso provocará una alegría bursátil a final de semana, y más tras la fuerte sobreventa de estos días (a pesar del rebote del miércoles). Pero es, como dije antes, una apuesta a rojo o negro. Como también lo es el resultado de las elecciones en España. Mientras, la actual semana, tras las fuertes caídas del viernes pasado, ha seguido tiñendo de rojo el mes de Junio destacando el malísimo comportamiento de Europa en comparación a Wall Street, quizás más tranquilo por el retraso en la subida de tipos de la FED (aunque eso implique que la economía crece menos de lo previsto). Una vez más son los bancos los que más daño hacen a los índices mientras el bono alemán, el oro y la plata resultan los más beneficiados de las caídas en bolsa. Hoy Moody´s revisa el ráting de España pero no se esperan cambios ya que ya nos sitúa por debajo de S&P y Fitch. Y como imagen, un dato que muestra que hace 10 años había más precariedad que ahora en nuestro mercado laboral demostrando que es algo estructural (en Europa la proporción ronda el 15%) y no es consecuencia de las reformas laborales del PSOE y del PP sino de nuestro modelo económico (¿quizás por la importancia antes de la construcción y ahora del turismo?) que, ahí sí que son culpables, ni PP ni PSOE supieron cambiar cuando debieron:

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