Hu Bin, es un joven millonario que con 20 años mató a un peatón durante una carrera ilegal de coches en las calles de Hangzhou, como tenía mucha pasta recurrió a lo que en china llaman un Ding Zui, un doble que se presentó al juicio y va a la carcel por el autor real del delito. Sin duda un trabajo que requiere de bastante dedicación.

En Panamá a los Ding Zui los llaman de otra manera, testaferros. El ejemplo más claro es el de Leticia Montolla, una mileurista que figura a cargo de 10.967 empresas y que pone su nombre para ocultar los negocios de dudosa legalidad de sus clientes.

Ser un testaferro no es ilegal, no deja de ser una representacicón de otra persona para unos papeleos y tener una cuenta en Panamá tampoco es ilegal si la declaras a hacienda, así que si asumimos la presunción de inocencia de cualquiera que aparezca en los «Panamá Papers», de todas maneras da que pensar que un españolito tenga que irse tan lejos para dejar sus dineros a salvo. A no ser que los quieras dejar a salvo de hacienda.

El otro día en «Univision» publicaron un interesante gráfico en el que explicaban como funciona una fábrica de sociedades, que a continuación os resumo.

Primero tenemos al cliente, alguien que por alguna razón quiere abrir, sin que se sepa su identidad, una cuenta bancaria en un país con mucha manga ancha para los negocios y los impuestos. Antes estas cosas se hacían en Suiza o Andorra. Ahora ya no sirve de mucho.

Así que la mejor manera de lograrlo es acudir a un profesional de esas cosas, en este caso Mossack Fonseca, una firma de abogados presente en 33 países, 18 de los cuales son considerados paraísos fiscales. Como se dedican casi exclusivamente a esto y los clientes pagan bien y al contado, ofrecen una multitud de servicios. Bastantes más que los que te puede ofrecer la sucursal de tu banco. Tiene una gran cartera de sociedades ya constituidas, algunas con décadas de antigüedad y con un historial impecable, sociedades que vende a sus clientes y no levantan sospechas de la autoridades. Además las vende con directivos incluidos, en este caso personas como Leticia Montolla que se dedican exclusivamente a firmar las actas sin saber quienes son los dueños reales y a qué se dedican. Es lo que se llama una sociedad «offshore». Hay que reconocer que hacer negocios en Panamá es muy sencillo y barato, crear una empresa cuesta menos de 300€. Qué envidia.

El beneficiario abre las cuentas a nombre de las sociedades creadas por Mossack Fonseca según el gusto del cliente. Y el cliente ya tiene una sociedad con la que operar anónimamente y una cuenta bancaria en un país que pregunta poco y cobra menos. Así de fácil. Da igual a lo que te dediques, nadie te lo va a preguntar ni tienes que justificar los ingresos.

Lo más importante es el secreto, que nadie sepa quién está detrás de cada compañía y de donde proceden sus ingresos. Si no hay secreto, no hay paraiso. Y en este mundo conectado, cada vez es más complicado mantener algo oculto como ha sido el caso de Mossack Fonseca en donde presuntamente un hacker ha extraído más de 11 millones de documentos confidenciales. Recordemos que esto no es la primera vez que ocurre, hace años un informático del banco HSBC desveló los secretos de más de 130.000 evasores fiscales (la famosa lista Falciani). Mucho nos queda por saber sobre estas filtraciones pero creo que un tuit del propio Fonseca de hace un año, dice bastante.