En un día muy helado, un grupo de erizos que se encuentran cerca sienten simultáneamente la necesidad de juntarse para darse calor y no morir congelados.

Cuando se aproximan mucho, sienten el dolor que les causan las púas de los otros erizos, lo que les impulsa a alejarse de nuevo.

Sin embargo, como el hecho de alejarse va acompañado de un frío insoportable, se ven en el dilema de elegir: herirse con la cercanía de los otros o morir. Por ello, van cambiando la distancia que les separa hasta que encuentran una óptima, en la que no se hacen demasiado daño ni mueren de frío.

Esta parábola la planteó en 1851 el filósofo Arthur Schopenhauer y si bien la utilizó para explicar como nos relacionamos las personas creo que puede ilustrar perfectamente el dilema en el que muchas veces nos enfrentamos al tener que elegir entre dos cosas malas. En el caso de este país los erizos somos nosotros, las púas son nuestros bajos salarios y el frío es el paro. Y el dilema es bien sencillo, tenemos que elegir entre buenos salarios o un paro bajo, pero ambas cosas de momento son incompatibles.

La teoría económica nos dice que el salario mínimo provoca desempleo. Nos puede costar creerlo, básicamente porque no nos gusta esta idea, pero según la ley de la oferta y la demanda un salario más alto contrae la demanda de trabajo. Esta es la teoría pero es muy difícil demostrarla porque el salario mínimo no es una cosa que se ponga de la noche a la mañana.

Pero en un país, bastante parecido al nuestro se implantó el salario mínimo de la noche a la mañana, concretamente en Alemania de la noche del 31 de Diciembre de 2014 a la mañana del 1 de Enero del 2015 y ya han pasado los suficientes meses como para sacar conclusiones.

Esto es lo que ha pasado según nos cuenta El Mundo:

La introducción en Alemania del salario mínimo interprofesional, fijado en 8,50 euros la hora, se ha cobrado en su primer año de vida 60.000 puestos de trabajo, según un estudio del Instituto del Mercado Laboral (IAB), el think tank de la Oficina Federal de Empleo.

En El Español, John Müller menciona con más detalle el estudio.

“Aunque esta cifra no corresponde para nada con las más pesimistas proyecciones”, dicen los autores en sus conclusiones, “ella demuestra una pérdida significativa de empleos inducida por el salario mínimo en Alemania (…) Presentamos la primera evidencia causal de que el salario mínimo puede, de hecho, desembocar en un trade-off (sacrificio compensatorio) entre un gran número de trabajadores que se beneficiarán de salarios más altos a costa de sacrificar los empleos de un número más pequeño de empleados”.

Bossler y Gesner reconocen algunas limitaciones de su estudio. No han conseguido medir el mercado negro de empleo. Es posible, sugieren, que la reducción del empleo legal se vea compensada por un aumento del empleo en negro. En segundo lugar, sólo han podido medir el efecto de la medida hasta el 30 de julio de 2015, las consecuencias a largo plazo deben esperar.

Este tipos de estudios no son nuevos aunque nunca hasta ahora se pudieron sacar conclusiones claras.

Después de que a comienzos de la década de 1980 la mayoría de los estudios demostraran que el salario mínimo causaba importantes pérdidas de empleo, el asunto se volvió controvertido cuando el estado de Nueva Jersey incrementó el salario mínimo para sus restaurantes fast food en 1992. Esta decisión permitió a los economistas Card y Krueger realizar un estudio comparando Nueva Jersey con Pennsylvania (que no tenía la misma normativa) y no hallaron efecto significativo alguno en el empleo.

Por tanto, parece que sí ha habido una pérdida de empleo a raiz de la entrada del salario mínimo en principio menor de lo esperado y en el caso de Alemania un % completamente asumible. Mientras tanto, en España estamos como los erizos que o nos morimos de frío o con las heridas de las púas. Menudo dilema…