En la temporada 88-89 el Atlético de Madrid lució publicidad en su camiseta por primera vez en su historia , se trataba de la empresa Mita que pagó 60 millones de pesetas (360.000€) al club por cada año de patrocinio (este año se han pagado 11.000.000€). Esta marca fue comprada en el año 2.000 por Kyocera que posteriormente del 2006 al 2014 patrocinó también al club rojiblanco. Sólo por eso, me cae bien (y a muchos, mal)

Lo cierto es que más allá de este patrocinio, ambas empresas nunca me han despertado demasiado interés, hasta la semana pasada que leí un interesante artículo en el Japan Times.

Kyocera Corporation fue fundada en 1959 por Kazuo Inamori y recientemente durante 5 años consecutivos la revista «Fortune» la seleccionó como una de las 100 compañías mejor dirigidas (sólo 35 empresas a nivel mundial han conseguido este reconocimiento 5 años consecutivos). Así que el bueno de Kazuo, algo debe saber.

¿Y que podemos aprender de este multimillonario de 83 años?.

Lo resume en una frase: Todo eso de centrarse en los accionistas, olvídalo. Dedique su tiempo haciendo feliz a sus empleados. Si quieres huevos, cuida de la gallina. Si acosas o matas a la gallina, dejará de trabajar.

Es una visión que funciona. Las empresas que gestiona inamori tienen un valor de mercado de unos 82.000 millones de dólares. Con 77 años tomo el timón de Japan Airlines, que se encontraba en la quiebra, al año siguiente volvió a los beneficios y dos años después ya cotizaba en la bolsa de Tokio.

El secreto, como dice el propio Inamori, era cambiar la mentalidad de los empleados. Después de ser nombrado presidente de la compañia, sin sueldo, imprimió un pequeño libro que dio a cada empleado en el que contaba su filosofía y explicando la importancia social de su trabajo y con algunos principios budistas de cómo los empleados deben vivir, tales como ser humilde y hacer lo correcto. Esto hizo que elos se sientiesen más orgullosos de la aerolínea y estuviesen dispuestos a trabajar más duro.

Mientras que esta filosofía puede parecer contraproducente para muchos inversores, él no ve ningún conflicto. Si los trabajadores son felices, van a trabajar mejor y los beneficios se incrementarán. Las empresas no deben avergonzarse de obtener beneficios si se persiguen de una manera que beneficie a la sociedad. A veces los directivos de la empresa tienen que decir no a algunas peticiones egoístas de los accionistas.

De todas maneras antes de emocionarnos con las ideas y resultados de esta filosofía hay que entender las peculiaridades del trabajador japonés y como para Inamori el trabajo da la felicidad, pate de la idea budista de shojin que eleva el alma a través de la devoción a una tarea.

Estas medidas serían impensables en occidente en donde estamos inmersos en un círculo vicioso por el que no existe una devoción al trabajo dado que tampoco existe cariño al empleado. Sería bonito que tanto accionistas, como directivos y empleados aprendiesen algo de esta filosofía japonesa y se diesen cuenta de que unas gallinas contentas, ponen más huevos.