Cuando nos viene a la mente una condena típica suele ser del tipo «X años y un día». Suena a recochineo que alguien que haya estado 7 años, sea castigado a un día complementario. La razón de esa propina viene dada porque ese día añadido simplemente indica el cambio de tramo de pena en algún delito y marcan, por ejemplo, si el juez decide que vas a ir o no a prisión (tienes más detalles aquí)

Hoy hace 7 años y un día de la caída del Lehman Brothers, la que podría denominarse (por poner nombres y apellidos) la culpable de la crisis. Como los delitos financieros tienen bastante poca condena, si los hermanos Lehman viviesen, hoy saldrían a la calle. Y que mejor que reflexionar un poco sobre lo que le llevó a chirona.

Veamos que lecciones hemos aprendido en esta condena.

La crisis son globales y sus soluciones también. A partir de principios de octubre de 2008, una serie de acciones coordinadas tuvo lugar entre las principales economías mundiales a los que se unieron por primera vez, los mercados emergentes como China, India y Brasil. Los principales bancos centrales coordinaron sus esfuerzos para inyectar liquidez. De nuevo, el plan funcionó a corto plazo ya que la mayoría de los países afectados habían arañado su camino de regreso al crecimiento a finales de 2009.

El sector financiero no es un sector cualquiera. Y por tanto requiere de una supervisión excepcional, ya que la buena marcha de un sistema financiero  es fundamental para el desempeño de todos los demás sectores de la economía. Es cierto que la culpable de la crisis fué la burbuja inmobiliaria pero su magnitud se incrementó gracias a la «innovación financiera», esos productos que movían billones y nadie entendía. Se han hecho algunos avances en el desarrollo de la regulación mundial más eficaz del sector financiero, pero el proceso está sin terminar y su aplicación deja mucho que desear.

Lo que es demasiado grande para caer, debe ser demasiado grande para existir. Cuando las empresas son «demasiado grandes para quebrar» pueden amenazar todo el sistema económico. Esta fue una razón clave por la que ciertos grandes bancos (y también fabricantes de coches) fueron rescatados por los gobiernos en 2008-09. Por desgracia, ha habido poca acción posterior para reducir lo que los economistas llaman «riesgo sistémico» abordando el tamaño total de las empresas.

No hemos arreglado el problema, lo hemos transladado en el tiempo. Desde la caída de Lehman, la deuda global ha aumentado en  57 trillones de dólares, o el 17% del PIB mundial. Hablando en términos domésticos, hemos arreglado una gotera ampliando nuestra hipoteca.

Podríamos sacar muchas lecciones más, como el papel de las agencias de rating, el papel de la banca pública, la necesidad o no del rescate… y todas creo que nos llevarían a la misma conclusión. Hemos aprendido mucho, pero no se ha hecho lo suficiente para que no se repita.