La utilización de medios y fondos públicos para la banca fue una decisión de los gobiernos pero hubiera sido insuficiente sin el concurso de los bancos centrales, algo lógico puesto que es competencia suya la salud del sistema financiero. La reacción clásica contra las crisis financieras, simplificándolo mucho suele ser: si hay problemas en el sistema, los bancos centrales actúan rebajando los tipos de interés para desincentivar el ahorro de los que tienen capital y muevan el dinero. Si eso no sirve, hay que tomar otras medidas. Como en el caso de los dirigentes políticos, los graves errores en la valoración de la situación económica y financiera antes de la crisis no fueron, como parece razonable, seguidos de una cascada de dimisiones. Bernanke, mano derecha de Greenspan durante años -y por tanto cómplice de su gestión-, fue incapaz de valorar el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y de detectar los riesgos de la industria financiera norteamericana y sin embargo, no fue discutido en 2008 y fue reelegido en 2010 a instancias de Obama,  como antes fue nombrado a instancias de Bush, con un amplio apoyo del mundo financiero. En esos meses, como hizo también en su segundo mandato, se inclinó por una política muy agresiva por lo poco ortodoxa: bajó los tipos de interés al mínimo ya a finales de 2008 y empezó unos programas –denominados QE- por los que la FED compraba activos. El primer programa –como los demás- buscaba inyectar liquidez a los bancos pero centrándose en un primer momento (noviembre 2008) en adquirir aquellos activos de los balances de los bancos que, debido a la crisis, eran más ilíquidos como todos los relacionados con el sector hipotecario; en marzo de 2009 se amplió el volumen del programa incluyendo más deuda bancaria. Fue un rotundo éxito: no sólo ayudó a la salud de la banca más expuesta al riesgo inmobiliario, rebajó la rentabilidad de la deuda, propició el gigantesco rebote bursátil iniciado en marzo de 2009 y seguramente influyó en la salida “oficial” de la crisis económica en los EUA (junio de 2009). Además, el momento económico era tan grave y la situación de los bancos tan delicada, que dicha inyección de liquidez no salió del circuito financiero y por lo tanto no generó inflación. Yo tengo que reconocer que era muy escéptico pero es indudable que, viendo sus resultados, la QE1 fue muy positiva.

Un inciso sobre las QE: que un banco central amplíe la base monetaria inyectando dinero a la economía de la nada sería imprimir dinero pero no es este el caso aunque se le parezca mucho: cuando la FED compra activos a cambio de dinero lo que hace es traer al presente un dinero del futuro puesto que convierte un compromiso de liquidez a futuro (la deuda) en una realidad presente. La FED no financia el gasto gubernamental directamente puesto que éste se financia con deuda y es la banca comercial la que la adquiere y por lo tanto suministra fondos al estado. El que luego la FED compre activos de la banca entre los que está la deuda pública es muy beneficioso para el Tesoro porque rebaja los intereses (por ley de oferta y demanda, al haber más dinero, hay más interés en adquirir activos) pero su influencia es indirecta. Es evidente que las QE animan al riesgo y pueden tener malas consecuencias: los estados saben que pueden emitir más deuda a menor coste, los bancos que pueden comprar más activos (tanto renta fija como variable) con mayor expectativa de beneficio lo que les desincentiva de otorgar créditos y, como es fácil acostumbrarse a esos flujos de liquidez, su fin puede ser traumático, especialmente para los mercados financieros.

El mayor problema de la QE1 fue precisamente su éxito ya que su final tuvo consecuencias negativas (reflejadas por ejemplo en una caída de Wall Street del 20% en 3 meses en 2010) por lo que la FED tuvo que iniciar una segunda que incluía compras de deuda del Tesoro. De nuevo su fin provocó un terremoto en las bolsas, esta vez en el segundo semestre de 2011. Aunque en teoría la FED argumenta que sus decisiones obedecen únicamente a factores económicos y a la salud del sistema financiero, tras el fin de la QE2, Bernanke ofreció a finales de 2011 un nuevo programa que era claramente más una ayuda directa a las cuentas públicas norteamericanas que a los bancos (beneficiados también pero indirectamente al revalorizarse sus carteras de bonos) y que también fue exitoso para ese objetivo. En ese momento el Tesoro estaba emitiendo más deuda que en toda su historia y en agosto la agencia calificadora Standard & Poors había rebajado un escalón el rating soberano perdiendo su máxima calificación de Triple A. Fue la llamada “operación twist” por la que la FED compraba deuda de largo plazo –desde el 6 a los 30 años- y vendía el mismo importe de deuda a corto plazo –inferior a 3 años-, reduciendo con ello los intereses a pagar a mínimos históricos. Esta medida tampoco era inflacionista puesto que, a pesar del desfase de fechas, el dinero comprado y vendido era el mismo. Finalmente, en septiembre de 2012 sin un motivo concreto y convirtiendo en habitual lo que debería haber sido excepcional, la FED “echó el resto” y decidió anunciar compras de deuda mensuales (cuyo volumen aumentó cuando finalizó la operación twist) hasta que la tasa de paro no bajara de cierto nivel, se la denominó QE3 o “QE infinita” si bien este último término resultó ser erróneo ya que a partir de finales de 2013 fueron reduciéndose las compras y ya con Yellen –sucesora de Bernanke- al mando, acabó finalizándose en octubre de 2014.

El Banco de Inglaterra copió el sistema de las QE (que a su vez la FED había copiado del Banco de Japón que lo puso en práctica 2 décadas atrás) a partir de 2009 si bien no bajó los tipos hasta casi 0, los dejó en el 0.50%. La gran diferencia entre el QE británico y el norteamericano –ambos balances de sus bancos centrales se multiplicaron por 5 desde 2007 hasta 2014- fue la consecuencia que tuvo en el IPC: mientras en los EUA la media desde 2008 estuvo por debajo del objetivo del 2%, la de Reino Unido superó ese dígito. No a un nivel preocupante pero me sirve para explicar una de las razones de por qué tanta inyección de dinero tuvo tan poco efecto en el IPC de los EUA mientras sí lo tuvo en Reino Unido y es que al ser el $ la principal moneda de intercambio comercial en el mundo, el aumento de su circulación empujó al exterior (especialmente a las economías emergentes, receptoras de flujos) esa inflación, algo que pasó en mucha menor medida con la libra. El otro gran motivo es que la velocidad del dinero en los EUA está en mínimos, a pesar de que hay tanta liquidez a disposición del sistema financiero y de algunas grandes multinacionales, el dinero no sale del circuito financiero y no llega a la economía real. Es por esto por lo que dudo mucho que las QE hayan tenido tanta influencia en la rebaja de la tasa de paro como afirman sus defensores, si las QE hubieran propiciado un mayor consumo, ¿cómo es que no provocaron inflación? De hecho, el riesgo actual es la deflación. Si las QE hubieran sido tan efectivas para la economía –y repito que la primera fue un acierto-, esto sería impensable. También hay que plantearse de qué modo lo que sí favorecieron las QE a la economía norteamericana no perjudicó a las demás. Por ejemplo, las QE influyeron en depreciar el valor del $ lo que hizo más competitivas las exportaciones y eso influyó positivamente en los EUA pero perjudicó a otros países exportadores como Japón que sufrió mucho por la fortaleza de su divisa hasta al menos finales de 2012.

Japón no empezó su programa QE hasta 2010 si bien fue discreto en comparación al que inició en abril de 2013 –y ampliado en octubre de 2014- denominado “Abenomics” por ser el primer ministro Abe su impulsor. Esta política tiene 3 componentes: relajación monetaria en gran escala (las QE, algo para lo que utilizó al Bank of Japan), política fiscal expansionista (es decir, más gasto público a corto plazo) y estrategia de crecimiento a largo plazo (diversos cambios económicos estructurales). Tuvo una gran reacción los primeros meses, tanto en los datos macro como sobre todo en el Nikkei japonés pero la apreciación de la divisa y la reducción de la competitividad de las exportaciones rebajaron la euforia y los resultados a día de hoy resultan discretos. El caso de Japón es muy curioso ya que el 85% de toda la deuda pública emitida (la mayor del mundo, ronda el 200% respecto al PIB) la compran los mismos japoneses que además están dispuestos a hacerlo a pesar de unas rentabilidades escasas. Esto ha permitido que un país en crisis desde hace más de dos décadas disfrute de una alta calidad de vida con un “estado del bienestar” envidiable costeado con esa deuda que no deja de subir. La tranquilidad que ofrece al gobierno el que sean los ciudadanos los que con sus ahorros financien un año tras otro el desajuste presupuestario, permite cierto blindaje ante las rebajas de rating por ejemplo. No es este el sitio para analizar los enormes problemas de la economía japonesa, muy ligados también a su envejecimiento demográfico pero el tamaño de su deuda es sin duda uno de los mayores riesgos globales.

Esa injerencia política directa que hemos visto en Japón en el que un primer ministro determina qué política monetaria debe aplicar el banco central no es habitual en Occidente aunque sí lo es en China. China ha vivido la crisis de forma diferente al resto manteniendo grandes crecimientos en lo peor de la crisis (2008 y 2009) con la ayuda de estímulos económicos de gran calado. Su política monetaria no ha sido tan heterodoxa como las de los demás, de hecho su participación en la guerra de divisas (de la que se le acusaba antes de la crisis por mantener artificialmente bajo el valor del yuan) global ha sido escasa durante la crisis ya que hasta agosto de 2015 no hizo nada para evitar la revalorización del yuan. La mayor arma monetaria china es su inmensa cartera de deuda del tesoro norteamericana (aproximadamente el 7% de toda la emitida) y, en general, sus inversiones en el exterior en las que coloca el enorme excedente de divisas extranjeras que posee por sus años de gran exportador y  no tan gran importador (superávit comercial). Tampoco pretendo analizar la compleja economía china aquí, a mi juicio abrazar el capitalismo y la globalización ha producido un gran crecimiento del PIB pero también ha adquirido en el camino muchos de sus defectos: el sistema financiero es inestable, hay una posible burbuja inmobiliaria, la desigualdad crece (incluso geográficamente las diferencias entre las ciudades costeras del este y las regiones del interior son enormes)… y su población es tan grande que necesita mucho crecimiento para que éste sea percibido por la población. Por desgracia, gran parte de ese incremento del PIB está influido por un gasto público en infraestructuras de dudosa rentabilidad. El gobierno chino está predispuesto a cambiar el modelo económico primando el consumo interno sobre el actual modelo exportador. Veremos si puede.

PD – Los lunes de julio y agosto publicaré fragmentos de mi libro Especulando con la crisis