Grecia fue el primer afectado por la crisis de la deuda soberana en la Eurozona. Cuando el nuevo gobierno, ganadas las elecciones el 4 de octubre de 2009, confesó que el anterior había engañado en las cifras que proporcionó a la UE de déficit y de deuda respecto al PIB de aquel año, en principio no hubo un gran pánico. A pesar de que en enero de 2010 la Comisión Europa empezó a sospechar de más irregularidades en los datos desde la misma entrada en el € del país y que las agencias de calificación fueron bajando el rating soberano, Grecia siguió emitiendo deuda a largo plazo con buena demanda hasta marzo. En esos meses los cargos financieros y políticos europeos, así como por supuesto el gobierno griego, desmintieron una y otra vez que hubiera algún problema: “no hace falta un rescate”, “la deuda griega es 100% segura” etc. etc. En abril empezaron los problemas para encontrar financiación incluso en el corto plazo y todos los rumores que había se hicieron realidad cuando Eurostat empeoró hasta el 13.6% el déficit del año anterior. El gobierno –en medio de fuertes protestas y huelgas- pidió finalmente ayuda a la UE porque ve que no va a poder pagar los vencimientos de deuda de mayo. En una reunión de emergencia el fin de semana del 8-9 de ese mes, la UE y el FMI aprueban una ayuda de 110 mil millones a 3 años y BCE se compromete a comprar deuda. El día 11 de mayo sucede la mayor subida en una sola sesión en la historia del Ibex (+14.43%), lo que describe muy bien la euforia con la que se recibió esta noticia. En ese momento se pensó que con unos fuertes ajustes del gasto en Grecia los datos mejorarían y que con el apoyo de toda Europa los problemas de solvencia también. ¿Qué le había pasado a Grecia? Por un lado la poca seriedad de sus dirigentes, por otro que había gastos que un país tan pobre no se podía permitir como que las mujeres se jubilaran a los 60 años, por otro que la corrupción era tan grande que afectaba a los ingresos fiscales… pero sobre todo lo que pasó es que creyeron que por pertenecer a la Eurozona podían emitir un gran volumen de deuda pública y siempre encontrarían compradores a precios competitivos. La deuda pública emitida en moneda propia siempre puede pagarse emitiendo dinero pero Grecia no tenía política monetaria autónoma y por eso, al aparecer los problemas de solvencia, necesitó del dinero de los demás para afrontar los pagos. Y ellos pusieron sus condiciones. Al cabo de los años, el rescate hubo de ampliarse en volumen y en tiempo, se rebajaron los tipos de interés, BCE compró su deuda a pesar de que estaba considerada como “bono basura” y aunque Grecia no iba cumpliendo con las condiciones, el rescate continuó. La deuda respecto al PIB no bajaba porque el PIB seguía bajando y al final los acreedores privados tuvieron que aceptar una quita. La deuda pública, el activo más seguro, se había convertido en un activo de riesgo.

Hay quien cree que con eso se salvó a la Eurozona pero creo que quien piensa así se equivoca. A mi juicio, dejar caer a Grecia en 2010 y asumir la quiebra de sus bancos –y el coste que provocaba eso en el sistema financiero del continente- dejando el tema heleno como una excepción hubiera resultado más barato y a la larga, hubiera sido mejor para los griegos. Tras todos estos años el paro, el PIB y la deuda están peor ahora en Grecia que en 2010, es difícil imaginar que con un default y salida del € entonces, hoy podrían estar peor. Pero es indemostrable, lo que sí sabemos es que según pasó el tiempo, el contagio se extendió a otros países con condiciones similares. BCE tuvo que comprar deuda soberana pero tampoco fue suficiente: hubo que rescatar a Irlanda cuyo sistema financiero agonizaba por el estallido de la burbuja inmobiliaria, a Portugal que no podía afrontar los vencimientos de su deuda… y cuando parecía que esos 3 rescates más las acciones de BCE –además de comprar bonos prestó dinero a largo plazo a los bancos- calmaban los ánimos, llegó el descubrimiento del agujero en Bankia que llevó a una tormenta financiera sobre España que fue replicada en Italia. En ese momento, verano del 2012, con la 3ª y la 4ª economías de la Eurozona en riesgo máximo de impago de su deuda, de repente la acción decidida de BCE y un rescate europeo a la banca española en apuros, significó el inicio de la solución del problema. A partir de ahí, BCE –y la acción coordinada de la Eurozona- inspira tal confianza en los inversores y/o tal miedo entre los especuladores, que vuelve a demandarse la deuda periférica, deja de buscarse con desespero el papel alemán como refugio y las bolsas de la Eurozona rebotan con fuerza (el Ibex había marcado mínimos del siglo el 24 de julio de 2012 en 5956). Hubo un penúltimo rescate más ya en 2013 y fue distinto a los anteriores:

En Junio de 2012 el presidente comunista de Chipre solicitó un rescate financiero a la UE que no se llegó a concretar entre otras cosas por las acusaciones de blanquear dinero ruso vertidas por el Eurogrupo contra Chipre. En febrero de 2013 gana las elecciones el candidato conservador y un mes después los ministros de finanzas de la Eurozona se comprometieron a llevarlo a cabo y la denominada “troika” (Unión Europea, Fondo Monetario Internacional y Banco Central Europeo) envió una misión de expertos. El mayor problema era la necesidad de capital de la banca chipriota muy tocada por la crisis de deuda griega iniciada en 2010 pero además las cuentas públicas tampoco estaban muy bien, con un alto déficit y una gran cantidad de deuda pública y aún mayor de deuda privada. No obstante, Chipre suponía el 0.2% del PIB de la €zona por lo que en principio no parecía un tema muy importante para la estabilidad de nuestra zona económica. El viernes 15 de marzo a última hora se hacen públicas las condiciones del rescate a Chipre que difieren totalmente de todos los programas de ayuda financiera anteriores: antes de aportar el préstamo de 10 mil millones de € se obliga a establecer un impuesto sobre todos los depósitos bancarios –con un volumen casi 4 veces superior al PIB del país- por el que los que tienen menos de 100 mil € pagarían un 6.75% sobre el capital y a partir de 100 mil € un 9.9%. En ese momento en la banca chipriota 27.000 millones (el 40% de todos los ahorros) eran de extranjeros, en su mayoría rusos y la idea era que Chipre recaudara 5.800 millones de €. Piensan que es un fin de semana ideal ya que el lunes es festivo en el país y dará tiempo al gobierno chipriota a establecer medidas para que el martes no haya una salida excesiva de dinero. Aquellas condiciones, aprobadas por todos –y aceptadas por Chipre-, son criticadas con dureza sobre todo por ser aplicada a los que tienen menos de 100 mil € depositados en el banco ya que contrasta con la medida que la UE tomó tras la quiebra de Lehman Brothers de garantizar hasta esa cantidad para evitar el pánico financiero que generaría una retirada masiva de fondos por temor a quiebras bancarias. De repente, ahorrar es un riesgo. La primera reacción de la población es acudir en masa a los cajeros que pronto se colapsan. Los mercados financieros el lunes sufren por todo esto y quizás es lo que mueve a los dirigentes europeos a cambiar de opinión y volver a negociar a lo que se suma el voto en contra del Parlamento chipriota motivado por un radical cambio de opinión del partido en el gobierno ante las fuertes protestas populares. Tras días de bancos cerrados y nervios BCE establece un ultimátum: o se toman ya las medidas o corta la liquidez a la banca chipriota. Y por supuesto se llega a un acuerdo el 25 de marzo que, en lo que se refiere a la quita en los depósitos, sólo afecta a los que poseen más de 100 mil € (el 47.5%, porcentaje que no se concreta hasta el 29 de julio). Con eso y diversos recortes Chipre deberá aportar 7 mil millones y la Troika 10 mil (9 mil Europa, mil el FMI) al 2.5% con una carencia de pago de 10 años. Posteriormente también Rusia prometió ayudas. También se decide que la gente no podrá sacar más de 3.000 euros en efectivo fuera del país, todas las operaciones con tarjeta tendrán un límite de 5.000 euros al mes, la retirada de dinero en los bancos estará limitada a 300 euros por día, los clientes de bancos podrán pagar con cheques pero no podrán canjearlos por dinero, no podrán acceder al dinero que esté en depósitos a plazo fijo antes del vencimiento de los mismos… Otro hecho inaudito: ¡un corralito dentro de la Eurozona! Sin embargo, dado el pequeño tamaño del país, y a pesar del peligroso precedente, su influencia negativa fue muy limitada.

Y el último rescate llegó en 2015. El tercero a Grecia. Tras ganar Syriza las elecciones de finales de 2014 pronto se hace palpable el choque entre el nuevo gobierno y todos los gobiernos del resto de la Eurozona lo que paraliza la economía griega y dispara la fuga de capitales. La economía, que en 2014 había conseguido acabar con la recesión, se deteriora muy rápidamente mientras los bancos se vacían y las negociaciones se eternizan. La tensión se hace tan fuerte que el gobierno griego se levanta de la mesa de negociación y convoca un referéndum para rechazar las propuestas del Eurogrupo. Eso obliga a establecer el segundo corralito en dos años en la Eurozona, esta vez limitando a 60€ la extracción diaria de dinero, y a cerrar la bolsa de Atenas por más de un mes. Pero al final Tsipras cede y, con un fuerte apoyo de la oposición y algo de oposición de sus propias filas, acepta un acuerdo con la Eurozona bastante más humillante y con condiciones mucho más duras que el que hubiera podido conseguir varios meses antes. Además, el empeoramiento de las cifras obliga a aumentar el volumen del rescate y hasta el FMI reconoce que hará falta una nueva quita de la deuda (que, al revés que la anterior, supondría pérdidas públicas). Quizás lo más llamativo de este pulso entre el gobierno griego y el resto de gobiernos de la Eurozona es que muchos políticos por fin hablaron abiertamente de la posibilidad de la salida de un miembro de la Eurozona lo que debilita la idea tantas veces repetida de la irreversibilidad del Euro.

No quiero extenderme mucho más con la Eurozona, haría falta mucho espacio para analizar las peculiaridades de cada país y los numerosos errores políticos que se cometieron. Cómo se obligó a Berlusconi a dejar el poder en Italia, cómo Irlanda, con una política de bajos impuestos a las empresas, se recuperó mucho más rápido que los periféricos latinos, cómo Bélgica estuvo a punto de ser un periférico y tras el verano de 2012 en pocos meses pasó a pertenecer al “núcleo duro”… lo que me gustaría dejar claro es que las actuales medidas que se están tomando desde la Eurozona y sobre todo desde BCE para intentar resolver los problemas de los periféricos, son exactamente las mismas que originaron su crisis. Si tienen éxito provocarán exactamente las mismas consecuencias que provocó su entrada en el €. Cierto que en la mayoría de los casos fueron años felices pero ya sabemos dónde conducirán. En lugar de hacer autocrítica y darse cuenta que la Eurozona para sobrevivir necesita una profunda reforma, en lugar de transformar el sistema financiero, se vuelve a promover el flujo de dinero del núcleo a la periferia, se incentiva que en estos países aumente la deuda privada y no se hace nada para que se reduzca la pública a la par que se está creando una nueva burbuja financiera. Por ejemplo, los balances de los bancos están llenos de bonos a tipos históricamente muy bajos, si la economía vuelve a crecer, vuelve la inflación y BCE actúa subiendo los tipos de interés todas esas inversiones entrarán en pérdidas. Si por el contrario, la economía sigue muy mal durante muchos años, la morosidad aumentará y probablemente será la bolsa la que sufrirá un crash lo que también provocará pérdidas en el sector financiero.

PD – Los lunes de julio y agosto publicaré fragmentos de mi libro Especulando con la crisis, cuya Tercera edición en papel saldrá en septiembre