No hay ninguna prueba ni ningún estudio serio que demuestre que los políticos de derechas son más o menos sinceros que los de izquierdas ni más ni menos corruptos y lo mismo al revés. Sin embargo, somos tan ingenuos que nos da por confiar más en quien creemos que tiene más afinidad ideológica con nosotros. Es como si yo desconfiara de la gente a la que le gusta la tortilla de patatas sin cebolla como si no tuvieran bastante castigo ya. Pero somos así, y a veces somos incapaces de valorar de forma similar actitudes exactamente iguales si las cometen unos u otros. Por eso hay podemitas que no ven que la traición a sus votantes de Tsipras en 2015 ha sido bastante peor que la de ZP en 2010, peperos que criticaron la subida del IVA de ZP y luego justificaron la de Rajoy y psoeístas (me niego a llamarles socialistas) que hablaban de brotes verdes sin crecimiento y nula creación de empleo y ahora desprecian las actuales cifras macro de las que presumirían seguro si hubieran ocurrido bajo su mandato. Siempre hay quien encuentra excusas para disculpar a los de su cuerda. Supongo que es humano creer que quien piensa de forma similar a la nuestra es mejor que la que no pero lo más curioso es que eso en general suele pasar sólo con los desconocidos. Por ejemplo, dos hermanos de una familia catalana no van a dejar de confiar el uno en el otro por ser uno unionista y otro separatista y sin embargo, lo más probable es que uno tenga más tendencia a confiar en la palabra de Junqueras y otro a hacerlo en la de Rivera.

Hablo de política nacional porque esta semana ha sido noticia la publicación de los últimos resultados del CIS que muestran lo complicada que puede ser la gobernabilidad en España tras las próximas elecciones generales. Hubo un tiempo no hace tanto que se hablaba mucho de una posible coalición de gobierno del PP y del PSOE bien con la excusa del ascenso de Podemos, bien contra los “excesos” de los nacionalismos periféricos. Aunque parecía una idea chirriante, también lo era cuando Merkel gobernó por primera vez en coalición con el SPD y lo hizo, y tras una legislatura en coalición con los liberales, ha vuelto a repetir el experimento con un alto grado de aprobación de los alemanes. La mayor dificultad que yo veía a esa posibilidad en España es la falta de un líder claro respetado por los habituales votantes del otro partido pero parecía tener cierto sentido que aquellos que querían conservar lo básico del sistema nacido tras la transición y que llevan gobernando los últimos decenios se aliaran contra los que lo quieren cambiar. Sin embargo hoy eso, en apariencia, ya no es así: el PSOE ya habla abiertamente de cambiar la constitución, incluso –y a pesar de que en su federación más importante, Andalucía, no lo ven nada claro- hacer de España un estado federal (aunque queda por explicar cuál sería la gran diferencia con la España autonómica) y en las últimas elecciones –las locales- se ha mostrado abierto a pactar no sólo con nacionalistas como habían hecho en el pasado, también con independentistas y con Podemos. Por otra parte, Podemos también cambió su discurso y si antes metía a PP y a PSOE en el mismo “saco de la casta”, hoy parece proclive a apoyar al PSOE si con eso deja de gobernar el PP lo que da a Pedro Sánchez, hasta hace unos meses un jefe muy discutido entre los suyos, muchas posibilidades de llegar a la presidencia del gobierno con un futurible apoyo de Podemos, IU y nacionalistas.

Sin embargo Ciudadanos sí podría erigirse como el sustituto ideal a esa idea de un pacto PP-PSOE ya que sería el único candidato no sólo que puede pactar con ambos sino que además podría conseguir, con algo de carambola, apoyo de ambos si ven que es la única opción para que no gane el otro. El PP está vendido con Ciudadanos porque es el único grupo del que podría recibir apoyo a la vez que es su mayor rival electoral y si PP+Ciudadanos sumaran más tras las generales que PSOE+Podemos+IU+nacionalistas, el PSOE podría verse tentado a ofrecer la presidencia a Rivera para que no repitiera Rajoy. Y es que Ciudadanos tiene todas las papeletas para ser el heredero de esa idea de “centro” que llevó al éxito a UCD ya que es la zona ideológica más cómoda para mucha gente. La historia de Ciudadanos es curiosa, yo viví su nacimiento de cerca porque tenía un amigo que militaba en algo que se llamaba INN (Izquierda No Nacionalista) que fue uno de los muchos grupos que se integraron en el nuevo partido que, en general, nació por la desafección que muchos socialistas del PSC mostraban ante el giro nacionalista que imprimió Maragall al partido. Con esto quiero decir que a pesar de que muchos hoy creen que es un PP bis (a pesar de haber sido el que ha dado el poder al PSOE en Andalucía por ejemplo), en su nacimiento era más bien un PSC bis. Su andadura como partido catalán en estos años ha sido más bien decepcionante, muy centrada más en significarse como más nacionalista español que el PP que como una alternativa que ofreciera algo distinto. Ahora parece que tiene propuestas interesantes pero sobre todo ha tenido suerte. Por un lado UPyD abrió el espacio electoral para un partido de centro y por otro, Podemos consiguió romper el miedo de la gente a dejar de votar a PPPSOE y de repente se ha encontrado con posibilidades electorales impensables hace unos meses. También es mérito de su joven líder que no queda nada mal en la comparación con sus rivales y que –quizás gracias a su poca experiencia de poder- puede presumir, como le pasa a Iglesias, de ausencia de corrupción. Su gran problema es el circulo vicioso en el que está metido: si se percibe que no será el más votado, muchos pensarán que votar a C´s es acabar haciéndolo indirectamente por el PP o por el PSOE y eso retrae a muchos que simpatizan con él de votarle y eso precisamente lleva a que no sea el más votado. Es decir, alguien que por ejemplo quiera dejar de votar al PSOE y hacerlo por C´s prefiere seguir votando al PSOE aunque no le convenza porque si lo hace por C´s puede que su voto ayude al PP a gobernar. Y lo mismo pueden pensar posibles exvotantes del PP que no cambian a C´s por si acaba apoyando al PSOE. Curioso dilema.

Gobierne quien gobierne lo que el CIS ha dejado claro es que habrá que pactar y eso no tiene por qué ser malo. Últimamente se ha puesto de moda hablar del riesgo político que supone para España el que las grandes ciudades estén gobernadas por alcaldes atípicos, el más que probable ascenso de la izquierda en las próximas elecciones y, en general, la falta de mayorías claras que podría conducir a un próximo gobierno de España más inestable. Quizás según se acerque la fecha de las generales los mercados, incluso quizás hasta la economía, notarán las dudas pero antes de eso hay una cita que a mi entender se está minusvalorando: la de las elecciones autonómicas catalanas en septiembre. En teoría el resultado entre separatistas y unionistas será muy ajustado, el suficiente como para que Mas, incluso si gana, no caiga en la tentación de proclamar la independencia unilateral pero el riesgo de una escalada en la tensión está ahí. Y tanto el resultado como la reacción de los partidos españolistas a lo que pueda ocurrir el 27 de septiembre puede variar bastante los resultados del CIS.

Esta semana ha sido la primera de agosto tras un Julio que acabó con avances bursátiles por el aparente (y temporal) apaciguamiento del riesgo de Grexit y los buenos, en general, resultados empresariales. Este mes es estadísticamente malo para las bolsas europeas, tiene fama de volátil y empezó con un desplome histórico de la bolsa griega pero de momento se ha iniciado con subidas en las bolsas eurozoneras (no así en Wall Street) y bastante tranquilidad tanto en materias primas –siguen a la baja-, como en forex como en el mercado de deuda. La noticia de estos días -que Puerto Rico incumplió sus pagos- tampoco ha provocado reacciones ni en los mercados ni en la FED que no ha ido a comprarle su deuda ni en otros estados norteamericanos que para nada se han preocupado en rescatarlo puesto que han entendido que es un problema de los contribuyentes puertorriquenses y de sus acreedores. Qué diferencia con la que hemos liado en la Eurozona con Grecia… Y ya que hoy hablamos tanto de España, qué mejor que este gráfico de El País con datos del problema que más preocupa a los españoles, también según el CIS:

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