He conocido a un nazi. No a uno joven al que le gusta tatuarse esvásticas, calzarse botas y echar las culpas de todo a los emigrantes para dar el cante sino a uno de verdad, una persona ya anciana, relativamente famosa y que ha sido perseguida judicialmente –ha pasado casi 10 años en la cárcel, sólo la mitad de ellos por actos de cierta violencia en su juventud- en su país, Austria, por publicar libros negando el Holocausto (defiende que las cámaras de gas sólo se usaron para despiojar a los prisioneros porque hubo una plaga) entre otras cosas y que está auto-exiliada en Málaga –ya fue extraditado una vez- desde donde maneja una radio –imagino ilegal- de contenidos nazis por internet manteniendo muy buenas relaciones con otros conocidos nazis españoles como los que fundaron hace décadas la CEDADE lo que le ha llevado a ser detenido en alguna ocasión. El caso es que, como ya he comentado en algún otro artículo, soy un estudioso de la II Guerra Mundial y podría haber intentado discutir con él sus puntos de vista utilizando como argumento principal los múltiples testimonios y pruebas que se presentaron en los juicios de Nuremberg –sobre todo en los destinados a enjuiciar a mandos intermedios- de hace casi 70 años cuando la manipulación digital no existía y los hechos acababan de ocurrir pero entendí que era una batalla perdida intentar convencer a un fanático, más cuando sus ideas están muy influidas por su propia experiencia: él fue un niño cuya familia, ante el hambre de la post-guerra, le envió en tren a España (de ahí su relación con nuestro país) gracias a un programa de ayuda que organizó Franco. Sus recuerdos no entran en lo mal que estaba España en aquellos años sino en lo buena que era la comida (con productos frescos como los plátanos que no había probado en su vida) en comparación a lo que había dejado atrás.

En vez de entrar en una estéril discusión ideológica, alimenté mi curiosidad y le pregunté por la economía: ¿qué haría un gobierno nazi para arreglar los problemas económicos de por ejemplo España? Lo cierto es que le pillé a contrapié porque una vez oídas las críticas al sistema democrático y a los sionistas que dominan el mundo desde la banca norteamericana lo más concreto que me dijo fue algo genérico: que el estado controle los sectores productivos. También quiere expulsar a todos los emigrantes no europeos, algo que lo diferencia bastante de la izquierda política; sin embargo apoya a Syriza en su pulso contra la Eurozona (a la que detesta) y eso a pesar de considerarse alemán. Otra gran diferencia con la izquierda es que no tiene pensado hacer nada para reducir las desigualdades, dice defender el dar un mínimo de alimento a todos los ciudadanos pero cree en la meritocracia al estilo “liberal”, en otras palabras que quien más se lo curre más tenga (algo que en teoría tiene sentido pero que en la práctica nunca pasa ya que hay factores como el lugar de nacimiento, la familia a la que se pertenece o la simple mala suerte que determina muchas veces el destino de alguien más allá de sus propios méritos).

Pero en general en temas económicas hay bastantes similitudes con la izquierda actual ya que la mayoría de ésta tras la caída del muro y salvo excepciones extremas como Corea del Norte o en proceso de cambio como Cuba, ha comprendido la importancia de respetar e incluso alentar la propiedad privada, algo en lo que están de acuerdo los nazis. Sin embargo, hay sutiles diferencias, la izquierda actual quiere banca pública pero en principio no se opone a que haya bancos privados también. Sin embargo, este personaje defiende el monopolio del estado de todo lo que considera realmente importante algo que en la historia del siglo XX español conocemos muy bien puesto que era lo que prácticamente ocurría en el franquismo: había bastante libertad empresarial –e incluso más rapidez administrativa que ahora debido a que se pedían menos requisitos- para crear pequeños negocios pero durante décadas estaba prohibido competir con Iberia o Telefónica y se ponían muchas trabas a aquellos que pretendían desafiar a las grandes industriales estatales como le pasó incluso aBarreiros con Pegaso. Y si bien se consentían entidades financieras privadas (y tras algunos años incluso sucursales extranjeras) el control sobre la política monetaria y la sobre-regulación era tan grande que la libertad de acción de la banca no pública era muy limitado.

Eliminando temas ideológicos, creo que la Historia ha demostrado que la propiedad privada genera más productividad que la titularidad pública, siendo para mi el mejor ejemplo la agricultura china que pasó de ser insuficiente para alimentar a toda la población a generar excesos a partir de conceder títulos de propiedad de las parcelas a los agricultores. En el fondo es triste que las personas trabajemos más por lo nuestro que por lo común pero pasa continuamente: nadie cuida más el parque del barrio que el tiesto de su balcón. Un funcionario podría crear Google pero sin el aliciente de un mayor beneficio económico difícilmente lo hubiera mejorado tanto con los años como sus creadores ya que los seres humanos que huyen de la igualdad y son ambiciosos suelen ser los que cambian el mundo y esa ambición en muchos casos es monetaria. No obstante, eso no quita para que en algunos ámbitos la titularidad pública de algunos medios de producción no pueda ser más adecuada, hasta los más ultraliberales defienden por ejemplo que el ejército y la policía no deban ser privados. Y yo añadiría que hay elementos que no debe preocuparnos que no sean rentables económicamente como la sanidad y la eduación, si bien hay que insistir en que su gestión sea la menos costosa, por supuesto. El caso es que yo veo que tanto nazis como comunistas defienden que la economía debe estar al servicio del estado y que el estado es mejor empresario que un ciudadano que busca su propio beneficio. Repito que a mi juicio la Historia nos ha enseñado que esto no es así pero es una opinión respetable. Lo que me llama la atención es que esa diferencia de opinión no creo implique que ni el nazismo ni el comunismo actual sean anticapitalistas sino más bien una adaptación al capitalismo. Sin embargo, ambos se llenan la boca criticando el capitalismo. Por ejemplo este tuit de IU de hace unas semanas cuando naufragó un barco con inmigrantes camino de Italia:

Dejando a un lado que es un poco absurdo decir que el capitalismo es el culpable de que mueran unas personas que huyen buscando precisamente una sociedad capitalista que consideran mejor (en Asia los refugiados birmanos jamás huyen a Corea del Norte por ejemplo), aquí parecen dejar claro que son anticapitalistas pero si miramos el programa económico de IU, como el de cualquier movimiento comunista medianamente serio de un país democrático occidental –no digamos ya del “socialdemócrata” Podemos-, resulta que se acepta el modelo capitalista y, resumiendo mucho, sólo cambia la propiedad de algunos sectores económicos que pasaría a ser pública y mayores contenidos sociales–quizás la mayor diferencia respecto al nazismo que no al falangismo español, que habla constantemente de la justicia social- a costa de poner más impuestos. Pero de anticapitalismo poco porque nosotros somos los primeros en no ser anticapitalistas, el sistema actual tiene demasiados defectos pero cualquier arreglo no creo cambie su carácter capitalista. Con gobiernos de derecha o de izquierda, en España seguiremos jugando a la lotería buscando acumular capital para gastárnoslo en casas, coches, restaurantes, viajes etc. que procederán del trabajo de otras personas que buscan nuestro dinero y de un proceso productivo en el que habrá diferencias salariales entre el arquitecto y el albañil, el ingeniero y el obrero, el chef y el camarero, el piloto del avión y la azafata… y apreciaremos que haya variedad y sana competencia en los servicios que pagamos premiando al mejor. Y a mi no me parece que eso sea tan malo…