En la zona de comentarios se habla de muchos temas, sobre todo de los más actuales; sin embargo se suele comentar, extrañamente, poco de fútbol. Tampoco en los artículos se apunta apenas nada y eso que el negocio que mueve es un tema muy económico. Ignoro la razón de esto pero hoy voy a romper esa tónica si bien sin entrar en lo deportivo sino en las actitudes de los aficionados. Y es que no por habitual no deja de ser sorprendente lo volubles y radicales que son las opiniones de la mayoría. El año pasado un gol en el minuto 93 de una final llenó de elogios a Ancelotti, un “conciliador”, este año ese epíteto ha cambiado, ahora es “una madre” y por lo ajustado –a pesar de lo larga que resulta con tantos equipos en Primera- de la competición está claro que un gol de más propio que trocara un empate en victoria hubiera podido significar la Liga. Del mismo modo, Tata Martino es, aún hoy, descrito como el entrenador de un equipo sin orden cuando el año pasado en el descanso del último partido el Barcelona era campeón de Liga y a minutos de empezar una prórroga, perdió la final de copa. A mi no me gusta ninguno de los dos entrenadores ni ninguno de los dos equipos –aunque como aficionado al fútbol me encanta verlos jugar-, hablo de ello porque millones de sus aficionados buscan resultados con tal exigencia que no les valen las excusas por no conseguirlos y piropos pasados se convierten en feroces críticas si el presente decepciona. Algo parecido ocurre en el mundo de la inversión.

Cuando alguien cede su dinero a un gestor que se lo administre busca beneficios y no va a disculpar el no obtenerlos y va a criticar al que toma las decisiones salvo quizás en un caso: que haya un crash global y todos pierdan, entonces puede que sea más comprensivo –siguiendo con la metáfora, un culé puede perdonar mejor el fracaso de su equipo si el Madrid ese año también pincha y al revés- pero no hay nada peor que tener pérdidas cuando la mayoría gana. Y los profesionales lo saben muy bien, saben que los inversores –grandes y pequeños- tienen acceso a toda la información y en concreto en los fondos se vigilan los ránkings de rentabilidad y deciden muchas veces por esos datos y eso también supone un mayor o menor salario para el gestor. Esto hace que los mercados tengan un comportamiento similar al de los rebaños, muy pocos se arriesgan a no hacer lo mismo que la mayoría y prefieren pertenecer a la manada que ser arrollados por ella; el riesgo de no estar por ejemplo invertido en bolsa un año de subidas generalizadas puede arruinar el currículo de un trader. Quizás esto explique la aparente irracionalidad de muchos movimientos y más cuando desde hace años es la liquidez –en general fruto de las inyecciones de los bancos centrales y sus bajos tipos de interés que desincentivan el ahorro conservador- el principal motor de todo.

Hay quien sigue creyendo que son la economía y sus expectativas lo que más pesa pero una y otra vez los hechos contradicen esa impresión. Por ejemplo, veamos en estos dos gráficos la comparación entre la tendencia de la tasa de paro y de la bolsa en España e Italia los últimos 5 años:


source: tradingeconomics.com

source: tradingeconomics.com

Se aprecia que Italia va a peor con el paro –con el crecimiento del PIB también- mientras España lleva mejorando ya un tiempo y sin embargo el movimiento de ambas bolsas es similar. No son los datos macro de cada país sino las políticas de BCE las que más influyen. Desde mediados de 2012 los precios de las acciones en la Eurozona han subido bastante gracias a BCE y en todos los países aunque sus datos macro hayan podido empeorar. Y es algo que se puede ver muy claro en este gráfico superpuesto de la tasa de paro en Francia y de su bolsa


source: tradingeconomics.com

Resulta que a mayor paro, más sube la bolsa, justo al contrario que en España lo que implica que el dato del paro, quizás el mejor termómetro de la tendencia de una economía, no es el motor de los precios bursátiles. Y es que demasiados activos tienen comportamientos poco lógicos y eso es algo que pasa en todo el mundo (la bolsa china disparada con un crecimiento a la baja, rentabilidades de la deuda bajando cuando más volumen se emite etc.) pero si algún gestor apuesta a la contra de la dirección que toma toda esa liquidez que es la de la mayoría de inversores y le sale mal, se juega su puesto. Y no será porque no hay factores para enfriar la euforia: una guerra civil en Europa (Ucrania), guerras civiles en el Mediterráneo (Siria y Libia), un grupo terrorista radical cada vez más fortalecido e internacionalizado (el ISIS), recesiones en grandes economías (Rusia, Brasil…), posibles impagos soberanos (Grecia es el más evidente y cercano pero Venezuela tiene un riesgo país similar y el de Argentina es aún mayor), la fragilidad de la recuperación económica eurozonera (deflación, reversabilidad de la bajada del € y del crudo, vulnerabilidad ante los conflictos geopolíticos…), el enfriamiento norteamericano (que gusta a los inversores porque retrasa la subida de tipos de la FED pero que puede reducir los beneficios empresariales), etc.

Si los grandes hedge funds, las mayores fortunas y el sistema financiero en general compran con su dinero activos de renta fija y de renta variable -aunque parezca contraproducente que se apueste a la vez por tipos bajos durante largo tiempo (síntoma de bajo crecimiento y política expansiva de los bancos centrales para frenar la deflación) y subidas sin parar de las cotizaciones bursátiles (descontando mayores beneficios y por lo tanto consumo al alza que aumentará la inflación y frenará y revertirá las actuales políticas de los bancos centrales)- menospreciando los riesgos y los razonamientos más lógicos y prudentes, lo normal es que pase como con la burbuja inmobiliaria española, que todos se apunten al movimiento crean o no en él. ¿El mayor riesgo de todo esto? Que esa manada que hoy lo compra todo entrará conjuntamente en estampida cuando toque darse la vuelta y en su impulso arrase con todo y con todos, como pasó con la burbuja inmobiliaria española…