¿Alguna vez habéis aceptado un soborno?. Intuyo que la respuesta para la mayoría de los lectores será no.

Principalmente por porque nunca os lo han ofrecido y en el caso de que os lo hayan ofrecido, no ha sido lo suficientemente grande. A fin de cuentas los factores que influyen en el aceptarlo podríamos resumirlos en el daño producido, el tamaño y la recompensa. Los riesgos morales y penales de una adjudicación del sistema de seguridad del AVE llevarían a un soborno mucho más alto que la contratación de un grupo en las fiestas populares de un pueblo. Personalmente, por lo primero jamás me dejaría sobornar  y por lo segundo podría aceptar algún pequeño detalle por facilitar la gestión (salvo alguna excepción).

El problema es que el ser humano está predispuesto a sobornar y ser sobornado y para ello rescato dos noticias de este año.

El 69% de los directivos justifican el soborno y la corrupción para generar beneficios rápidos.

Así, España es el segundo país de la Unión Europea (UE), junto con Grecia, en cuanto a la generalización de la corrupción. En primer lugar se sitúa Portugal, con un 82% y, en el otro extremo, Dinamarca, con un 4%.

Esta noticia, encaja perfectamente con otra.

Rechazar un soborno genera más estrés que aceptarlo

La decisión ante una propuesta de soborno provoca una excitación fisiológica mayor en aquellos que deciden actuar en contra de su propio interés económico y la rechazan, en comparación con aquellos que optan por aceptarla.

Al contrario de lo que se ha tendido a creer, no es la violación o el cumplimiento de una norma ética dada lo que desencadena la actividad emocional, sino más bien la decisión real de actuar contra el propio interés monetario

A fin de cuentas, pese a que seamos un animal social, en nuestro instinto de supervivencia está el interés proopio por encima del de los demás y eso es precisamente lo que entra en juego en un soborno.

Afortunadamente en España, son mayoría los que aguantan el estrés de no aceptar el soborno un ejemplo es que la Guardia Civil y la Policía Nacional siguen siendo las instituciones más valoradas por los españoles y es que cuando las fuerzas de seguridad entran en este juego nos convertimos directamente en una república bananera.

Como comenta el estudio de la segunda noticia que os he puesto, la amenaza de un castigo muestra ser lo suficientemente efectiva para combatir el soborno.

El problema al que nos enfrentamos en nuestro país es precisamente lo poco amenazados que se sienten aquellos que caen en estas tentaciones (y en general a la corrupción), tanto por la parte que soborna como por la sobornada, quizás porque muchos de los que crean las leyes no tienen especial interés en legislar contra sus intereses.